El otro día mantuve con mi amigo Pepe Alcalde, este interesante, en mi opinión, intercambio “epistolar”.
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Buenos días, Emilio
Me permitirás que te tutee aunque no hayamos tenido ocasión de coincidir personalmente en no más de una ocasión y por breves instantes. Privilegios de hermano en la montaña me atrevo a decir.
Recibí con curiosidad el inicio de tu andadura en la red con la apertura del espacio de debate que bautizaste con el nombre de Pensamientos de un escéptico apasionado, tomando prestada una expresión de Bertrand Russell. No me sorprendió que una persona con tu trayectoria quisiera dar su opinión acerca de lo que sucede hoy en día a partir de su experiencia y saber hacer, trasmitiéndonos sabiduría destilada en tantas aventuras. De niño aprendí más de las historias escuchadas alrededor de un brasero en casa de mis abuelos que en las clases de la escuela unitaria a las que asistía (y te aseguro que no era mal alumno).
Sin embargo tus entradas Muy Desanimado y La Transición y las Élites me llenaron de preocupación. Me he atrevido, por tanto, a enviarte este correo a modo de reflexión, obviando el mecanismo de los comentarios por su falta de discreción. Siempre desde el respeto, el cariño (si me permites la expresión y la cordialidad).
Emilio te muestras muy dolido por las referencias de la señora Colau acerca de las élites y su relación con la transición y la Constitución del 78. Y seguramente con razón. No voy a entrar a debatir con ella pero no debemos huir de nuestras responsabilidades. La calidad intelectual, ética y académica de los integrantes de aquellos primeros Congresos de los Diputados nos honran como sociedad y como nación y a ti particularmente como parte de aquella bancada. La de los últimos nos descalifican como país moderno, avanzado y democrático. Con todas las excepciones que quieras en los dos casos, Emilio. Esta situación hace que algunos, como la señora Colau, retrotraigan las culpas al origen y nacimiento del sistema. No estoy de acuerdo en absoluto con su planteamiento, pero esto me da pie para el siguiente razonamiento.
La primera obligación de un ejecutivo responsable y de nivel en una organización compleja, es la de diseñar el proceso de su propia sustitución de forma clara y sin que afecte, en forma sustancial, a la supervivencia de la empresa y su rentabilidad. Si algo pudisteis hacer mejor fue aseguraros que el inmenso caudal político que dejabais no fuese malbaratado y dilapidado en menos de una generación. Y no voy a entrar en calificativos porque se me calienta la mano y no paro. Sólo te recordaré la infausta fecha del 12 de mayo de 2010, en el que un gobernante socialista abdico de su programa y no puso su cargo a disposición de la ciudadanía como tocaba. Os costo vuestra juventud y madurez (y a algunos la vida y la hacienda) conseguir el retorno de un sistema democrático, de libertades y justicia social y no se supo asegurar su supervivencia. En un articulo que seguro que conoces de Ignacio Sánchez-Cuenca (El contrato social se ha rot
http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/11/05/el_contrato_social_roto_23526_1023.html se analiza en profundidad el porque. Yo espero y deseo que los progresistas podamos recuperar la esperanza y la confianza en una nueva élite. Pero siempre respetando el principio del quid pro quo. La confianza que antes se concedía, ahora habrá que ganársela.
No te amargues demasiado. España no ha sabido ser generosa con sus grandes hombres (sobre todo con los de la izquierda) y no ha les reconocido hasta que no han sido más que un recuerdo sus esfuerzos, dignidad y trabajo. Y hablo de la gente a la que tú conociste y no a aquella que ahora se atrinchera en consejos de administración perversamente pagados. Recibe el modesto testimonio de mi agradecimiento que, aunque poca cosa, es sincero por que al menos tienes la decencia de cabrearte e indignarte. Y mientras hay sangre hay vida, querido Emilio. Sobre todo para disfrutar de nuestras queridas montañas y tus nietas de nombre más bellos aún.
Animo i p'alante.
Hola Pepe:
Me parece muy propio de un hombre culto, inteligente y educado como tú, que plantees eso del tuteo. Yo soy un antiguo respecto a eso de las formas en las relaciones humanas, y me temo que en muchas más cosas. Cedo el paso a las damas y a las personas mayores ¿queda alguna ya mayor que yo?, me levanto cuando se acercan a saludarme, no utilizo palabras mal sonantes al hablar, y trato de usted a las personas de mayor edad, si no las conozco o no tengo confianza con ellas. Hace no mucho estaba escribiendo en el bar, mientras me tomaba mi café mañanero, con El País junto al cuaderno de notas, cuando se acercó un joven y me soltó: Hola tío ¿puedo coger el periódico? Y le dije: No por dos razones, primera porque es mío, no de la casa; pero segunda porque no eres mi sobrino y me tuteas sin permiso. Pero dicho eso, he de añadir que con todos mis buenos amigos, entre los que te incluyo, nos tuteamos siempre ¡¡faltaría más!!
Siempre he creído que para tener autoridad para criticar a los demás o a sus ideas, hay que comenzar por hacer autocrítica, admitir los errores de la actuación o de los planteamientos de uno mismo. Creo haberlo hecho personalmente, y también lo han hecho, públicamente, los dirigentes actuales del PSOE. Pero es cierto que la situación ha llegado a un grado tal de deterioro, que las palabras ya no bastan, hay que corroborarlas con hechos radicales ya.
En el PSOE tenemos una gran responsabilidad por todo lo que hoy está pasando. No supimos, cuando aún teníamos autoridad para ello, transmitir un mensaje claro de lo importante que era la honestidad acrisolada en la esfera pública. Al contrario emitimos mensajes increíbles, como aquel de Solchaga cuando era ministro, de lo fácil que era en España enriquecerse, presentando ese hecho como algo positivo. Tampoco supimos reformar nuestra estructura a tiempo, haciéndola más transparente y democrática, lo cual quizás, hubiera impedido que llegaran a niveles dirigentes o cargos públicos, personajillos de muy dudosa honestidad. En el estrecho margen que existe hoy para una política económica nacional, nos dejamos arrastrar por la ola del neoliberalismo, sin reflexionarlo y, sobre todo, sin advertir a los votantes y ciudadanos, del despropósito de tales políticas. Y podría seguir y seguir con el rosario de errores cometidos.
Cuando Rodríguez Zapatero incluyó el Artículo ¿135? en la Constitución, referente al déficit público, yo ya no estaba en la política activa, pero sí en el PSOE, por lo cual no estoy libre de culpa. De lo que más me arrepiento, es de no haber hechas públicas entonces, mis ideas al respecto. Porque en mi entorno manifesté mi opinión, de que para adoptar tal medida, antes había que plantear un referéndum sobre la misma (aunque yo no sea un forofo de los plebiscitos, que no me parecen el instrumento más democrático, para decidir sobre los problemas complejos). O en todo caso, que Zapatero tenía que dimitir, informando de las presiones europeas para tal decisión, de que no estaba de acuerdo con ella, de que así no podíamos cumplir nuestro programa (como tú muy bien apuntas) y convocar elecciones. Un error más, y éste de calado.
Entiendo perfectamente, después de todos los errores cometidos, y de la corrupción que también ha anidado en nosotros, que los ciudadanos prefieran votar democráticamente, a nuevas opciones políticas emergentes. No existe la máquina del tiempo de Wells, que me permita, nos permita, volver atrás y caminar por el sendero correcto. Y tampoco soy creyente, por lo que no dispongo del recurso de la confesión, para aliviar mi conciencia y seguir adelante como si nada. Pero sí creo que lo que podemos hacer, es cambiar radicalmente nuestra forma de actuar, y esperar, sin variar el nuevo rumbo, a que la ciudadanía vuelva a confiar en nosotros, en los de la nueva generación y en sus distintos planteamientos.
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Y una vez admitidos mis errores, si creo que me asiste el derecho de advertir, aunque el papel de Casandra no me satisface demasiado, sobre los errores que, a mi parecer, figuran en los planteamientos y programas de las nuevas alternativas políticas, que se presentan como vírgenes, y el bálsamo quijotesco de fierabrás. Creo que hay que cambiar en profundidad un montón de cosas, pero sin derribar en su totalidad la Constitución de 1978, que nos ha dado un periodo de libertad y avances sociales, desconocidos en nuestra historia. Una Constitución, la primera en España, que no se redactó por los vencedores, excluyendo a los perdedores. Y en la que hemos cabido todos ¡¡incluso los corruptos!!
Muchas gracias Pepe, por tus magníficas líneas. Por lo que me dices en ellas, estoy seguro que, en lo esencial, estamos perfectamente de acuerdo.
Un abrazo muy especial,