Cuando la tribulación me alcanza; cuando la angustia está a punto de derrotar, a mí cada día más acendrado escepticismo; vuelven luminosas a mi mente, las palabras que el
Emperador Adriano, vía la extraordinaria pluma de
Marguerite Yourcenar, escribió en el ocaso de su vida:
“Me repetía que era vano esperar para
Atenas y para
Roma esa eternidad que no ha sido acordada a lo hombre ni a las cosas, y que los más sabios de entre nosotros niegan incluso a los dioses. Esas formas sapientes y complicadas de la vida, esas civilizaciones satisfechas de sus refinamientos del arte y la felicidad, esa libertad espiritual que se informa y que juzga, dependen de probabilidades tan innumerables como raras, de condiciones casi imposibles de reunir y cuya duración no cabe esperar. Destruiríamos a Simeón;
Arriano sabría proteger a
Armenia de las invasiones alanas. Pero otras hordas vendrían después, y otros falsos profetas… Cansado de nosotros el mundo se buscaría otros amos; lo que nos había parecido sensato resultaría insípido, y abominable lo que considerábamos hermoso… Veía volver los códigos salvajes, los dioses implacables, el despotismo incontestado de los príncipes bárbaros, el mundo fragmentado en naciones enemigas, eternamente inseguras…
Nuestra época, cuyas insuficiencias y taras conocía quizá mejor que nadie,
llegaría a ser considerada por contraste como una de las edades de oro de la humanidad…
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| El Emperador hispano-romano, Adriano |
La vida es atroz, y lo sabemos. Pero precisamente porque espero poco de la condición humana, los periodos de felicidad, los progresos parciales, los esfuerzos de reanudación y de continuidad me parecen otros tantos prodigios, que casi compensan la inmensa acumulación de males, fracasos, incuria y error. Vendrán las catástrofes y las ruinas, el desorden triunfará, pero también, de tiempo en tiempo, el orden. La paz reinará otra vez entre dos periodos de guerra; las palabras libertad, humanidad y justicia recobrarán aquí y allá el sentido que hemos tratado de darles. No todos nuestros libros perecerán, nuestras estatuas mutiladas será rehechas, y otras cúpulas y frontones nacerán de nuestros frontones y nuestras cúpulas; algunos hombres pensarán, trabajarán y sentirán como nosotros… Si los bárbaros terminan por apoderarse del imperio del mundo, se verán obligados a adoptar algunos de nuestros métodos y terminarán por parecerse a nosotros… Si por desgracia llega ese día heredarán nuestros palacios y nuestros archivos;
no serán tan diferentes de nosotros como podría suponerse”.
Palma. Ca’n Pastilla a 26 de Abril del 2016.