Leyendo a G.E. Moore

Leyendo a G.E. Moore
Ca'n Pastilla 27 Marzo 2016
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jueves, 23 de junio de 2016

A PROPÓSITO DE LOS REFERENDOS

El otro día en El País, John Carlin nos recordaba algunas cosas, que me parece importante no olvidar.
Jo Cox, joven diputada laborista, que ha sido retratada por casi todo el mundo político, como una gran mujer, se había posicionado claramente a favor de votar NO, en el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El que la asesinó, Thomas Mair, es un tipo solitario, cuyos trastornados procesos mentales, le habían llevado a identificarse con la ultra derecha. Y cuando un juez le pidió que diera su nombre contestó: “Me llamo muerte a los traidores, libertad para Gran Bretaña”. El llamado ya “factor Cox”, demuestra con una alarmante nitidez, me parece, las limitaciones y los peligros de nuestros sistemas democráticos. Los resultados de un referéndum, dependen tanto o más de las percepciones, de las emociones, que de las frías evaluaciones de los hechos, de la realidad que nos circunda. Y más si de lo que se trata, es de una cuestión tan endiabladamente compleja, como si la permanencia o salida del marco político en que vivimos, es algo bueno o malo para los ciudadanos. Sólo un minúsculo porcentaje de la población maneja, con cierta soltura, los conocimientos necesarios para tomar una decisión informada.
Jo Cox
Por eso la decisión de David Cameron “premier” británico, de celebrar un referéndum, fue un acto de singular irresponsabilidad (como la de tantos otros políticos que, para zafarse de una compleja decisión, traspasan su responsabilidad a los ciudadanos). Obedeció Cameron, no a las necesidades de la nación, sino al imperativo de solucionar un problema interno de los “torys”, del Partido Conservador, en el que un sector militante del mismo, detesta el vínculo británico con la U.E. Como casi siempre, la convocatoria de un referéndum, obedece a motivos electorales, no a un clamor mayoritario de los ciudadanos.
La democracia participativa, parlamentaria, a la que me siento tan unido, en la que los ciudadanos cedemos el poder de decisión sobre las cuestiones de Estado, a un grupo, mayor o menor, de representantes políticos, sigue siendo, como decía Churchill, el sistema menos malo que se ha inventado. Y una de las muchas ventajas de este sistema, en circunstancias normales, es que si el electorado se equivoca, tiene la oportunidad de rectificar cuatro o cinco años más tarde.
Los referendos son otra cosa. Pues como bien dijo Cameron: “no hay punto de retorno”. O lo hay a largo plazo y pagando severos costos. Por eso los políticos, a mi entender, no deben sacudirse su responsabilidad, cargándola sobre nuestros hombros de simples ciudadanos. Los Parlamentos, las Cortes, deben hacer su labor, debatir hasta la extenuación y tomar una decisión. Y sólo después acaso, como hicimos nosotros con la Constitución, consultar a la ciudadanía, acerca de la decisión ya tomada por el poder legislativo.
Así lo veo yo.

Palma. Ca’n Pastilla a 23 de Junio del 2016.