Leyendo a G.E. Moore

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Ca'n Pastilla 27 Marzo 2016
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lunes, 31 de julio de 2017

KARL-OTTO APEL Y LA RAZÓN DIALÓGICA

Por culpa de las angustias políticas que no cesan y no me dejan en paz, se me había olvidado que el pasado Mayo murió Karl-Otto Apel, uno de los filósofos a los que llegué vía Habermas, especialmente a su obra “La transformación de la filosofía” (Taurus).
La persona y la obra de Apel resultan inseparables de la Escuela de Fráncfort. Él y Jürgen Habermas, forman parte de la segunda generación de la misma. Sucesores o continuadores, como es sabido, de Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Max Horkheimer, Erich Fromm y, algo más tarde y desde la distancia, Walter Benjamin. La llegada del nazismo supuso la dispersión de la Escuela. Y la mayoría de sus integrantes recalaron en Estados Unidos, donde su pensamiento, de raíz hegeliano-marxista, pasó a ser denominado “teoría crítica”, posiblemente ante los problemas del término marxista en ese país.
Tras la Segunda Guerra Mundial la Escuela recuperó su vitalidad, con Habermas y Apel. Ambos trabajaron en la “ética del discurso” o “acción comunicativa”, pretendiendo dejar claro que la democracia comienza en el leguaje. Es la igualdad comunicativa lo que facilita la igualdad en la capacidad de decisión, es decir, la participación en una ética colectiva, de aspiración universalista. Es cierto que ambos coinciden mucho, pero no siempre, como muestra el curioso volumen de Apel titulado “Pensar con Habermas contra Habermas” (Siglo XXI, 1994).
Apel nació el 15 de marzo de 1922 en Düsseldorf, estudió filosofía en Bonn y se integró en la docencia, primero en la Universidad de Maguncia, luego en la de Kiel y, finalmente, en Fráncfort. En el inicio sus trabajos mostraban una clara influencia de la hermenéutica heideggeriana, pero también de la obra de Ernst Cassirer. Ambos caminos le llevaron a sus dos preocupaciones principales: el lenguaje y la ética. Y la relación entre ambas.
Karl-Otto Apel
Hay – sostiene Apel - una afinidad interna entre la tradición del pensamiento europeo y su universalismo, que se expresa en lo que él y Habermas llamaban la ética del discurso. Tras revisar las críticas a una posible ética universal, de autores como Foucault o Lyotard, Apel defiende que el presente tiende a una ética pluralista y axiológicamente universal. El papel de la comunicación resulta crucial. La capacidad de decisión del hombre, se produce en la medida que reconoce al otro como libre e igual, y acepta debatir con él desde la racionalidad. Al final se vota, sí, pero antes es imprescindible el debate, el reconocimiento de que el lenguaje es un lugar de encuentro, confrontación y acuerdo.
Apel y Habermas iniciaron el reencuentro del marxismo con Kant, oscurecido durante años por Hegel. En Kant, Apel encuentra un camino libre a una ética de voluntad universal. O, cuando menos, a la posibilidad de superar el mero subjetivismo. Y no fue tarea fácil, no, porque, recordemos, su obra coincidió en el tiempo, con el espíritu relativista defendido por los posmodernos y, también, con la crítica encabezada por Foucault. Ya Descartes intuyó que una ética universal era problemática, y aceptó regirse por una moral provisional, pero no renunció a la posibilidad de una moral válida para todos. Es decir, no renunció a la idea del bien y a la del mal. Y en eso anduvo Apel.
Con motivo del fallecimiento de Apel, Adela Cortina ha escrito que su biografía intelectual, está jalonada por la elaboración de una propuesta filosófica, que tiene por hilo conductor la atención al lenguaje, como el lugar desde el que los seres humanos hacen ciencia y ética, desde el que son posibles la comprensión y la acción. Apel se adentró en los caminos de la hermenéutica de Dilthey, Heidegger y Gadamer, en el pragmatismo de Peirce, en la filosofía del lenguaje de Humboldt, Wittgenstein, Searle o Austin. Y en diálogo con ellos, y muy especialmente con Kant, elaboró la propuesta que apareció en su mencionada “La transformación de la filosofía” (1973).
Casado con Judith, una mujer extraordinaria, tenía tres hijas, a las que adoraba; disfrutaba compartiendo el tiempo con sus amigos; se enfurecía cuando perdía la selección alemana y le gustaba el vino tiento; pero sobre todo podía pasar horas enteras, discutiendo apasionadamente de filosofía, porque creía en su importancia, para la vida de las personas y de los pueblos. Como su colega y gran amigo Jürgen Habermas, experimentaba la necesidad de evitar recaer en situaciones como la del nacionalsocialismo, que surgió, entre otras cosas, del rechazo al pensamiento, a la argumentación y a la crítica. De ahí que Apel se haya esforzado por recordar, junto a Habermas, que los seres humanos nos hacemos desde el diálogo, y no desde el monólogo impositivo; que es preciso argumentar, y no sólo sentir, para descubrir cooperativamente, que es lo más verdadero y lo más justo.
Jürgen Habermas
Como por casualidad, Josep Ramoneda nos ha recordado hace poco, que no hay democracia sin conflicto. Que la democracia es más freudiana que marxista, en el sentido de que, a partir del reconocimiento del conflicto, de lo que se trata no es de superarlo, sino de encontrar los equilibrios compensatorios, que permitan seguir avanzando. Que los problemas no se resuelven, se transforman. Que la pretensión de situarse por encima del conflicto, de representar un interés de todos, es siempre la imposición de unos intereses determinados, sobre los demás. Lo decía Claude Lefort: La democracia siempre está abierta a la incertidumbre. Y si la incertidumbre desaparece, también la democracia. Por eso la tentación carismática, la pretensión de sustituir la confrontación de intereses, por un supuesto interés general, marca siempre una deriva hacia el autoritarismo.
En el PSOE no debemos jamás olvidar, que dentro de la organización necesitamos conservar una democracia incluyente, en la que el debate y la confrontación política, no supongan la marginación, descalificación y exclusión de nadie. Hoy ya no se decapitan reyes, se construyen hegemonías. O lo que es lo mismo, los que consigan determinar el sentido de las palabras, imponer dialécticamente su relato, ganan.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 21 de Julio del 2017.


lunes, 12 de junio de 2017

PSOE (II). EL RELATO

Pasaron las primarias. En toda elección, al menos en las más, se vota futuro. La campaña de Susana Díaz estuvo lastrada por el pasado. En muchos momentos me recordaba a Bono en el 2000: sólo ofrecía una salida autoritaria y aparatera a la crisis del partido. Algo que, debiera haber pensado, no lo iban a votar los militantes. Así que ahora toca pensar en el próximo futuro: el 39 Congreso. Y como escribí un par de veces, estas Primarias han tenido mucho de “proceso constituyente”. Y de esta forma, me parece, deberíamos afrontar el próximo Congreso. De él debería nacer, algo así como una nueva Constitución del PSOE.
Estamos asistiendo, no sólo en España, a una rebelión frente a visiones de la política, en clave de “lo que hay que hacer”. Vivimos días de eso que algún freudiano llamaría “el retorno de lo reprimido”, lo soterrado, lo pasional, que se está cobrando su venganza después de tanta despolitización tecnocrática, moderación y “consenso de centro”. Hoy, para bien o para mal - como escribe Fernando Vallespín - ya imperan otras lógicas mucho más discursivas, preformativas, y de apelación a los afectos. Pedro Sánchez ha sabido marcar el campo político, a partir de una escisión ¿maniquea? entre un “nosotros”, las buenas bases, y un “ellos”, el aparato, señalando así un adversario al que equiparó con el verdadero enemigo, el PP. Acertó, como se ha visto, en la “construcción discursiva del enemigo”, como diría Laclau. Y es que la estrategia de cualquier buen general, consiste en aprovechar el conflicto que abre el contrincante, para redefinirlo. Para volver a establecer el relato adecuado. El futuro – como diría Víctor Hugo – tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad.
Estas últimas semanas he recordado con frecuencia, aquel principio de la evolución, según el cual la necesidad crea el órgano. Algo así subrayaba Josep Borrell, en la presentación de su último libro en Barcelona: La hegemonía de las políticas económicas neoliberales, ha provocado la respuesta y el crecimiento, de los que dicen “sí se puede” combatirlas y sustituirlas, mientras el partido socialista, corría el riesgo de quedarse como un partido conformista, el de los que dicen “no se puede”.
Para recuperar la confianza de nuestros votantes, no nos basta, a los socialistas, apelar a nuestro magnífico legado, que los ciudadanos ya han interiorizado y dado por amortizado. Necesitamos liderazgos nuevos y el principal ya lo tenemos. Pero nos son necesarias también ideas nuevas. Un nuevo relato para ser percibidos como una fuerza transformadora y de futuro. Para volver al poder nos es necesario un relato actualizado, que salte por encima de clichés ideológicos ya algo apolillados, y rigideces organizativas arcaicas. Como escribió Macron en la revista de filosofía “Esprit”: “En contra de lo que sostiene una crítica posmoderna de los grandes relatos, nosotros esperamos de la política que anuncie grandes historias”.
Escribía Luis Yáñez ya en 2001, en su libro sobre las primarias Almunia/Borrell, que la política se estaba convirtiendo en un puro oportunismo, con los profesionales de la misma, al servicio de los poderes económicos, mediáticos o financieros. Y los partidos políticos en meras, y no muy buenas, maquinarias electorales, en las que las referencias a las ideas, no sólo son cada vez más escasas sino, lo que es peor, están mal vistas, e incluso son ridiculizadas por los numerosos cínicos, que pululan en la cosa pública.
Un servidor es el quinto contando por la derecha
Tenemos que ser muy conscientes de que a ningún poder constituido, le ha alegrado la elección de Pedro Sánchez. No sólo al aparato del partido, entendiendo como tal el conjunto de cuadros, que ven en peligro su poder y su supervivencia, ante el triunfo de alguien surgido de un ejercicio de pura democracia, y no de los filtros que ellos controlan. Tampoco les ha gustado nada a los otros partidos, especialmente al PP y Podemos. Y menos quizá a los poderes económicos y mediáticos, que saben muy bien que pueden presionar a un político cooptado por sus pares, con mucha más facilidad que a quien no debe su elección a nadie, porque se la debe a todos.
En el 39 Congreso Pedro debe recordar, aunque estoy seguro que ya lo sabe, y si no que se lo pregunte a Borrell, algo que modestamente escribí en mi muro de Facebook hace poco: el poder no se negocia ni se discute, se ocupa, y la autoridad no se solicita, se ejerce. Así que no debe mirar a los lados, para saber que piensan otros, pues el liderazgo se ejerce en soledad, aunque requiera los asesoramientos necesarios, y tenga que convencer a los órganos de dirección y control: La Ejecutiva y el Comité Federal. O sea, debe comportarse como un auténtico líder, para eso lo hemos elegido, ejercer como tal en todo momento. Y esto, me parece, tiene mucho más que ver con la actitud, con la expresión corporal y con los gestos, cosas todas ellas que no se aprenden en los libros.
Decía el gran Maurice de Talleyrand: “En política uno muere para resucitar”. Y él sabía bien de que hablaba. Pedro debe ocuparse básicamente, de comunicar el nuevo relato. No se puede hacer política sin comunicación. Convertir complicadas estrategias en sencillos mensajes. Argumentos jurídicos en eslóganes. Y largos documentos en tuits. El liderazgo de un país y de un partido político, no consiste sólo en la gestión de las cosas corrientes, es, sobre todo, orientar a la gente, hacer pedagogía política, marcar horizontes, señalar cuales son las metas colectivas, el proyecto de país, hacia donde vamos… el relato. La Política, así con mayúscula, no es esencialmente gestión, aunque, por supuesto, haya que gestionar bien, sino la previsión del futuro. Lo que marca la diferencia, opino, entre burocracia y política, es que ésta debe adelantarse a los problemas, prever los cambios que la sociedad está produciendo, interpretar los signos de los tiempos, y plantear a la ciudadanía un horizonte de futuro.
El discurso político no puede ser sólo un discurso técnico, que encadena medidas. Es una visión de la sociedad y de su transformación. Sí creo que el PSOE debe redactar concienzudamente un programa actualizado (casi todo ya está en el documento de la candidatura de Pedro), y convertirlo en un nuevo relato. Dar luz a todo lo que los ciudadanos han entendido, implicaba el eslogan del “No es No”. Porque un relato no sólo sirve para dar explicaciones, o para hacer pedagogía, que también. Un relato sirve para cambiar los términos de la discusión. Como nos recordaba hace un tiempo Víctor Lapuente: el pensador William Riker lo llamó “herestética”, o habilidad de presentar un dilema político, desde un prisma nuevo. Trabajar para seguir siendo alternativa a la derecha, nos exige dotar de nuevos contenidos a nuestro proyecto político, desmarcándonos sin complejos del PP, y tratando de imponer un nuevo lenguaje. “No pienses en un elefante”, como explica George Lakoff en su libro con ese título.
Vivimos en unos momentos de discursos vacíos, gritos, insultos y postureos, pero de muy pocas narraciones formadas. Esta ausencia de narrativas, que den cuenta de donde estamos o hacia donde nos dirigimos, explica en buena medida, el ritmo acelerado de las transformaciones actuales, que no llegan jamás a solidificarse en algo concreto (Y por cierto, en el documento presentado ya hace unos meses por Pedro Sánchez, se habla al inicio de eso: de una nueva “narrativa”, de un nuevo “relato” para el PSOE). Y esa falta de “narrativa", también revela el desarraigo vital circundante y la identidad disuelta. Como nos recordaba Máriam Martínez-Bascuñán: “Se le envejecen a uno las palabras en la boca”.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 7 de Junio del 2017.






lunes, 17 de octubre de 2016

CARTA AL PRESIDENTE DE LA GESTORA

Apreciado compañero Javier:
No te puedes hacer ni idea del dolor que me has causado. Hasta hace muy poco eras uno de mis referentes en el PSOE, como lo fueron en su día Felipe, Alfonso y Ramón Rubial. De Susana, Page, Vara, Lambán y compañía, no esperaba mucho ¡Pero tú también Bruto, hijo mío, cómplice en este golpe de mano! Mi estado de ánimo no te importará, lo sé. Ni siquiera te vas a enterar. Pero si te debería afectar, aunque fuera sólo un pelín, haber desilusionado a tantos militantes.
Por supuesto que es lícito discrepar y oponerse, al proyecto que impulsaba el ya ex Secretario General (elegido por la mayoría de los militantes, por si se os ha olvidado). Pero hay formas y formas de disentir, algunas de las cuales, “los golpes palaciegos”, poco acordes con nuestra cultura y tradición. ¿Por qué ninguno de vosotros dio un paso al frente, presentando un proyecto “mejor”, sí es que lo tenéis; y que no sea el de permitir el gobierno de la derecha, mientras sesteáis en vuestras Presidencias regionales? ¿Y por qué no presentasteis una moción de censura en el Comité Federal?
Menudo papelón el que habéis hecho. Y por cierto, y aunque nadie lo mencione, vaya concepto el que tenía de la Presidencia del partido, la compañera Micaela Navarro, adjuntándose a la conspiración. Si nuestro añorado Presidente Ramón Rubial hubiera vivido, él, que tan dignamente supo representar siempre a TODO el partido, se habría muerto de vergüenza.
Pero vayamos al grano. Estoy en absoluta disconformidad, con muchas de las cosas que has dicho estos días en El País, en la tele y en otros medios. Has afirmado que se “requería un aterrizaje forzoso en el principio de realidad, que no sintoniza con el sentimiento de los militantes más fervorosos”. ¿Qué realidad? Me tengo por un militante “fervoroso”, y no por ello por un populista que ignora la cruda realidad, a la hora de proponer alternativas políticas. No, no me he “podemizado” ni un poquito. Pero me temo que mi “realidad”, no es tu “realidad”. Con acento machadiano: tú realidad no, la realidad, y ven con la mayoría de los militantes a descubrirla.
“La política no es poesía, es prosa. No es sentimiento, es razón”, añades. Veamos. Me pienso como un racionalista sosegado, bastante kantiano. Las emociones y las ilusiones desatadas me ponen en guardia. Y mi escepticismo pirrónico, me lleva siempre a relativizar. Y por ello me parece una sinrazón, situar la razón por encima de cualquier otra facultad humana, o reducir el sentimiento, la solidaridad y las emociones, a una mera ilusión. El ejercicio de la razón representó un papel decisivo en el proceso ilustrado, efectivamente, pero reducir un proyecto político/intelectual altamente complejo, lleno de matices, a lo que luego se dio en llamar “el imperio de la razón”, es un simplismo absurdo. La razón, desprovista de una reflexión profunda sobre los fundamentos y las consecuencias de sus actos, llevó a Auschwitz y al gulag. Deberías leer a Habermas, y empaparte de su noción de “racionalidad comunicativa”.
Y para rematarlo todo, afirmas que “en política no basta tener razón, hace falta que te la den”. Muy cierto ¿quién os la ha dado a vosotros, porque los militantes parece que no? Nunca aceptasteis que el Comité Federal, dictaminara claramente que los socialistas, vía sus diputados, no posibilitarían la investidura de Rajoy mediante su abstención. Pedro Sánchez sí fue fiel a ese mandato, y lo persiguió con una tenacidad increíble. Y si fracasó en su intento, fue por la inmadurez política de Podemos.
Y sigues diciendo (ver El País 9.10.2016): “La tendencia a la democracia directa, no está en la cultura del PSOE, que no es una organización partidaria de los plebiscitos, y tiene una cultura representativa… La cultura populista es la cultura de la simplificación, y esa no puede ser nunca la del PSOE”. Totalmente de acuerdo. Me vengo manifestando reiteradamente contra referéndums y plebiscitos, y defendiendo la democracia representativa, una y otra vez sin descanso. Contra el manejo interesado de los aparatos, soy partidario de las primarias para elegir nuestros candidatos internos y públicos (al inicio tuve mis dudas) desde las de Almunia/Borrell. Pero me mantengo fiel a que los programas y proyectos los elaboren los Congresos. Y que las decisiones más relevantes entre ellos, las debata el Comité Federal. Hasta tal punto que, a pesar de vuestra lamentable, torticera y antidemocrática actuación, si aún fuera diputado, y para el próximo debate de investidura, acataría la decisión que tome aquel en unos días, sea la que sea. Y si mi conciencia no me permitiera acatarla, dimitiría de mi escaño. No me parece bien que cada diputado vaya por libre, según el nivel de su indignación. Ni nunca he creído que se pueda arreglar un desastre con otro. Pero te olvidas de un detalle sin importancia ¿qué plebiscito decidió el No es No a Rajoy? Fue el Comité Federal, uno de los pilares de nuestra democracia representativa de la que hablas. No fue ningún referéndum, sino vuestra torticera interpretación de la democracia representativa, la dimisión de la mitad de la CEF (contando a los muertos, que ya se necesita valor), un puñado de militantes contra la voluntad y votación de la mayoría de los afiliados, que habían elegido al Secretario General, la que nos llevó a este cataclismo. Soy un socialista veterano y, tanto como el que más, impregnado de nuestra tradición de democracia interna y cultura representativa. Así que cuando quieras, hablamos de eso, de lo que significa en el PSOE la “cultura representativa”.
En 1982 peleamos bajo un eslogan simple “Por el cambio”, que millones de españoles entendieron y apoyaron. Una situación parecida se estaba dando hoy con el “No es No”, que es una redundancia y obviedad, sí, pero que todos los militantes y los españoles, habían entendido perfectamente lo que significaba, incluso aquellos a los que no gustaba. Un eslogan genial, que ha calado y ha sido interiorizado por la mayor parte del partido. Tres palabras muy cortas que situaban a la organización, en una clara posición de cambio a la izquierda, y que podía ser entendida y adoptada igualmente, por los votantes de centro izquierda, como demostraban algunas encuestas realizadas, poco antes de la dimisión inducida de la CEF. Un “No es No” que según algunos es la nada, pero que me parece que nos hubiera podido llevar muy lejos.
Apreciado compañero Javier, aún no he escuchado de ninguno de vosotros, un argumento convincente por el cual deberíamos abstenernos, para que gobierne el PP. Como no sea el del terror a unas terceras elecciones (que es lo único que un partido no debería temer jamás: unas elecciones). La abstención rezuma debilidad, falta de convicciones, inconsistencia moral. Un PSOE de rodillas, pidiendo perdón por su giro de rumbo hacia la izquierda. No es un argumento, no es un relato, es una abdicación. Y que nadie me argumente, como por ahí he leído, que reafirmarnos en el “No es No”, es claudicar de la ética de la responsabilidad, ante la ética de la convicción. Es lo contrario, es ser fieles a la primera, pues estimamos que, acertados o no, un PSOE conchabado con la corrupta derecha, tendría unas consecuencias nefastas, a medio y largo plazo, para nuestra ciudadanía, especialmente para la parte más desamparada de la misma. Y aunque ya está siendo cansino, los argumentos potentes para el NO a Rajoy son muchos. Algunos los repetía el otro día, nuestro compañero Alfonso Rodríguez Badal, alcalde de Calvià: sus políticas son las que hemos combatido encarnecidamente durante los últimos cuatro años; la tremenda corrupción estructural de este PP; y la coherencia y credibilidad con el compromiso con nuestros votantes, de ser alternativa a la derecha, no sus compinches. Es cierto que después del “golpe de mano” interno, ahora cualquier decisión no es buena. Pero muchos preferimos reconstruir desde la credibilidad y firmeza de los compromisos, que desde el miedo a un resultado electoral malo.
Sí creo que el PSOE debe redactar concienzudamente un programa actualizado, un nuevo relato. Dar luz a todo lo que los ciudadanos han entendido, implica el eslogan del “No es No”. Y porque un relato no sólo sirve para dar explicaciones, o para hacer pedagogía. Un relato sirve para cambiar los términos de la discusión. Como nos recordaba el otro día Víctor Lapuente: el pensador William Riker lo llamó “herestética”, o habilidad de presentar un dilema político, desde un prisma nuevo. Trabajar para seguir siendo alternativa a la derecha, nos exige dotar de nuevos contenidos a nuestro proyecto político, desmarcándonos sin complejos del PP, y tratando de imponer un nuevo lenguaje. Porque la confianza – escribía Josep Ramoneda – la transmite el que marca el sentido de las palabras, no el que va a remolque, intentando simplemente corregir algún error de ortografía. He escrito hace ya tiempo, que debemos enfrentar con firmeza, algunas de las grandes lagunas que tenemos en nuestro apoyo electoral: la de los jóvenes; la de las grandes urbes; y la del enfoque del problema territorial, en base al diálogo sincero y permanente, sin miedo, sin tabús, pero sin subordinación ni vasallaje, con los partidos llamados nacionalistas y/o soberanitas. El futuro de la izquierda lo ganará, creo, quien conecte con aquellos que buscan pero no encuentran.
Y no compañero Javier, salvar al PSOE, no es salvar a Susana Díaz. Así que No a Rajoy, Terceras elecciones, Primarias y Congreso Extraordinario. ¡YA!. No olvides que los militantes, como escuché decir el otro día a Michelle Obama: “Tenemos conocimiento. Tenemos una elección. Tenemos un voto”.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 15 de Octubre del 2016