Me temo que hoy no es popular, hablar bien de algún militante del partido, que no piense igual que uno. En general está mal visto, apreciar a aquellos que no gritan, no insultan, no son fundamentalistas, ni fanáticos. Seguramente votaré a Pedro Sánchez si al final se presenta. Pero he repetido ya varias veces, que me preocupa y me incomoda la compañía de pedristas dogmáticos y maleducados. Este es un ejemplo, de hace un par de días en Facebook, de lo que digo: “Patxi, hay traidores , golpistas y lameculos del partido popular. Tu por ejemplo te abstuviste para dark el gobierno a Mariano Rajoy y al partido popular. Esto que nombre tiene? Rastreros? Traidor? Vendido? Lameculos? Tu mismo puedes elegir. Vale ? Pues eso. TRAIDOR, TRAIDOR Y MUY TRAIDOR. COMO DIJO LABORDETA : A LA MIERDA. !!!!!!!!”.
En su día escribí una carta pública y dura a Javier Fernández, con motivo del golpe palaciego en el PSOE. No quito ni una coma de la misma. Sigo manteniendo las mismas diferencias políticas con la línea de la Gestora. Pero de la misma manera, que a mí no me parece contradictoria, recomiendo volver a escuchar la intervención de Javier, el otro día en el C.F. (https://www.facebook.com/psoe/videos/10157946138840004/).
Me extraña mucho comprobar como hoy muchos analistas, e incluso cuadros del partido, descubren la capacidad oratoria de un compañero ya veterano, y la profundidad ideológica de sus palabras, hilvanadas con estilo y sin ayuda de papeles. “Ha sido impresionante. Hacía años que no escuchaba un discurso de esta enjundia”, ha dicho Javier Lambán. Y uno se pregunta ¿por donde ha andado perdido el compañero Lambán en los últimos años?
Javier dijo muchas cosas sobre las que deberíamos reflexionar, sea quien sea a quien pensemos votar en las primarias. “Ser leal al partido es aceptar las decisiones que se toman en sus órganos de representación”. Es lo que hicieron Patxi López, María González, Adriana Lastra… y otros compañeros, que votaron abstención, aunque su postura había sido la del “No es No”. (Sobre ello, sobre lo del “voto en conciencia”, ya di mi opinión: https://senator42.blogspot.com.es/search/label/Voto%20en%20conciencia).
Todos los que hemos estado en puestos de responsabilidad orgánica o institucional, sabemos bien del choque de lealtades que se nos presenta con frecuencia: a uno mismo, a nuestro partido, a nuestros votantes y a nuestro país. También de ello habla Ignatieff en su magnífico libro “Fuego y cenizas”. Por ello dice Javier en su intervención: “Tuve lealtad cuando puse al partido rumbo a la abstención”. Pero porque las lealtades son múltiples y se nos presentan simultáneamente, también fueron leales los que votaron No hasta el final, los que se abstuvieron obedeciendo la decisión del C.F. aunque fueran partidarios del No, y los que se abstuvieron también pero por convicción propia.
Y otro de los párrafos de Javier que me encantaron: “Los guardianes de las esencias, los que presumen de pureza ideológica, y los que predican las verdades absolutas de los males de la Tierra y de los principios, no fueron ni más ni menos leales, que los que propusieron cambios programáticos, los que resolvieron dilemas electorales, o los que plantearon adaptaciones a la realidad, en cada tiempo y lugar”. Eso es a mí entender, tener una idea clara y lúcida, de lo que es y significa la política.
Para un partido como el PSOE hoy, abandonado por una parte importante de su electorado, derrotado en las urnas, y magullado por las divisiones internas – escribe José Ignacio Torreblanca – es un lujo tener a su frente un hombre tranquilo, que alardea en público de su moderación, y propone a sus compañeros anteponer la responsabilidad institucional y la lealtad al país, al cálculo electoral y de partido. En estos días de esencialismos, posverdades, insultos y descalificaciones, que importante es contar con alguien que tenga identidad y discurso (aunque no se esté de acuerdo al cien por cien con el mismo). Alguien además, que despliega esas características con toda naturalidad, especialmente al reivindicar la centralidad y oportunidad del proyecto socialdemócrata, como alternativa a los proyectos rivales del conservadurismo más rancio, el nacionalismo y el populismo. Y lo hace, en este tiempo dominado por la mercadotecnia política, los discursos escritos por montones de asesores, y la tiranía de los responsables de prensa y comunicación, en intervenciones sin papeles perfectamente hilvanadas, por las que no parece haber pasado ni la sombra de un argumentario, ni la sospecha de querer ofrecer un titular o un entrecomillado de prensa.
Como ha escrito también Torreblanca: son los discursos, intervenciones y entrevistas de Fernández, como él mismo, una “rara avis”en nuestro panorama político de hoy. Personalmente me gusta su tono elevado, que no pretende situarse por encima de quienes le escuchan. Y el contenido moral, pero que no pretende moralizar. Celebra la diversidad y el contraste de pareceres dentro del partido, pero lamenta su endogamia y la estrechez de miras, de quienes dedican más tiempo a hablar de los problemas internos, que de los de la ciudadanía.
Vivimos hoy malos tiempos para la política y la democracia. También para los defensores de los partidos y los parlamentos, como instrumentos esenciales para articular la representación de la ciudadanía, pero desacreditados por los abusos de muchos políticos de vuelo bajo, lealtades perrunas o ciegos dogmatismo. Sorprende más por eso, que el responsable circunstancial de un partido que intenta resurgir de las cenizas, sea capaz de sobrevolar el nivel medio de discurso hoy al uso, con tan aparente facilidad. Pero aún me sorprende más que en estos tiempos, en los que la política está inundada de ambiciosos, sin más cualidades que sus egos totalmente vacíos de contenido, el compañero Javier haga tan patente su desinterés por ocupar cualquiera otra responsabilidad, que no sea esta que ocupa hoy circunstancialmente.
Como ha escrito David Trueba, nadie pretende pensar que Javier Fernández sea el Zidane del PSOE, pero le llueven elogios por su temple dialéctico. Y es cierto que en todas las entrevistas que ha concedido – así me lo parece a mí – desde el trauma del desdichado C.F. ha tenido el acierto de no decir ninguna tontada. Lo que ahí es nada, si repasamos los medios de estos últimos meses. Y como es verdad que a todos se nos mide cuando vienen mal dadas – en tiempos de bonanza cualquiera puede ser el rey del mambo – es de admirar el temple de Javier en el centro de la borrasca que zarandea al partido. Con una calma y una flema, que uno diría más propias de un inglés que de un hijo de Mieres, él parece muy capaz de domesticar su ambición. Un raro ejemplo.
Palma. Ca’n Pastilla a 22 de Enero del 2017.
Reflexiones y opiniones a vuelapluma, de cualquier cosa que se me ocurra sobre política, historia, filosofía y otras materias
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lunes, 23 de enero de 2017
lunes, 31 de octubre de 2016
¿VOTO EN CONCIENCIA? A CONTRACORRIENTE
Me va a costar mucho escribir lo que sigue, gotas de sangre. Pero jamás he rehuido expresar mi opinión, en los momentos más delicados. Sé que muchos buenos amigos, incluso familiares, no van a estar de acuerdo hoy conmigo. Entiendo que la emoción de muchos, está estos días con los compañeros que han ignorado la disciplina de partido. Ellos van a ser los héroes. Y que muchos de los que votaron abstención, aún siendo partidarios del No, serán ahora los villanos de la película. Pero como yo sufrí un par de veces, cuando era diputado, esa angustia de la escisión entre lo que había decidido el partido y mi convicción política profunda, mis pensamientos y solidaridad están hoy con María González Veracruz, Patxi López, Adriana Lastra y otros, que hicieron de tripas corazón, y acataron la decisión del Comité Federal.
Mucho se ha hablado y discutido en estos días del “voto en o de conciencia”. Y yo no acabo de entender del todo, que es eso de la “conciencia”. Desde pequeño aprendí que había que obrar de la forma más adecuada, para producir la mayor suma de felicidad en los demás. Pero Bertrand Russell nos recordaba en su autobiografía, que su abuela le replicaba que era imposible conocer, que era lo que produciría más gozo y que, en consecuencia, mejor era obedecer la voz de la conciencia. Pero si la conciencia fuera algo así, como mi forma más íntima de pensamiento, deberemos aceptar que dicha “conciencia” depende de la educación recibida, de las experiencias vividas y de nuestras cambiantes circunstancias, por lo cual varía a lo largo del tiempo. Y como afirma también Russell, si admitimos que la conciencia no es sino producto de la evolución y la educación combinadas, entonces es evidentemente absurdo, dejarse conducir por ella, antes que por la razón.
Yo procuro en todo momento seguir la razón y no mis emociones o “conciencia”, en parte debidas a mi familia, a la sociedad que me rodea, al nivel económico en que vivo, y a la educación recibida. Y que serán buenas o malas, según la calidad de todas esas circunstancias referidas. Sin embargo es esa “voz interior”, esa “divina conciencia”, la que con frecuencia se desea imponer como guía, a seres dotados de razón. Es pura locura. Es un “mito” en el sentido en que lo entendía Simone de Beauvoir, algo parecido a la noción de Husserl de las teorías acumuladas sobre los fenómenos, que hay que rascar y eliminar, para llegar a las “cosas mismas”. Por mi parte aspiro a dejarme guiar por la razón, en la medida de lo posible. Y no, no es agradable sostener opiniones con frecuencia poco comunes, pues o bien no dices palabra, o bien los otros, se espantan ante mi escepticismo.
Toda experiencia modifica la susodicha “conciencia”. No hay un solo suceso psíquico o físico-material, que no altere el conjunto de nuestra identidad. En el flujo de lo instantáneo – escribía George Steiner – este impacto, como el de las partículas eléctricas que recorren nuestro planeta, es infinitesimal e imperceptible. Pero los seres individuales somos proceso, nos encontramos en perpetuo cambio. La experiencia o el aprendizaje pasados, las expectativas más o menos confesadas, las convenciones socioculturales con respecto a determinada inclinación momentánea (Stimmung), o las circunstancias accidentales, se nos escapan. Pero el “acto-experiencia”, y los efectos que produce sobre nosotros, son inconfundibles.
Así que no, el voto no es nunca de “conciencia”, es siempre político o, como máximo, ideológico. El voto de los diputados del PSC, no hace falta explicarlo, porque ha quedado muy claro, ha sido absolutamente político. Incluso aquellos que votaron en su día, en contra del aborto o del divorcio, lo hicieron no por su conciencia, si no porque se lo exigía su ideología, en este caso religiosa. Y los socialistas que votaron no a la investidura de Rajoy, lo hicieron por su profunda convicción política, superior y contraria pensaban ellos, a las indicaciones de su partido. Lo respeto, pero no lo comparto.
Estar afiliado a un partido político, no es ninguna obligación. Y si ingresamos en uno, ya sabemos que tiene sus normas, sus estatutos, su historia y su cultura, que deberemos respetar. Escribía hace tiempo Javier Marías, que cuando ingresó en la RAE, ya sabía que se exigía corbata para participar en sus reuniones. Así que si un día la misma se le olvidaba, y el ujier no le dejaba entrar, no iba a montar ningún pollo. Sin normas que se respeten (aunque se puedan cambiar) no hay organización ni institución que aguante. La libertad absoluta es una utopía de los anarquistas. El artículo 78 de los estatutos federales del PSOE, establece que los miembros del Grupo Parlamentario (eso debería rezar para todos los diputados, incluidos los independientes, los no afiliados al partido) “están sujetos a la unidad de actuación y disciplina de voto”.
La Ley Electoral actual lleva a que los ciudadanos votamos un partido, no a una persona en particular. Yo fui elegido diputado por el PSOE en varias ocasiones, y en ninguna se me ocurrió pensar, que lo hubiera sido por mi cara bonita. Y aunque la justicia haya establecido, que el escaño es personal, políticamente no es así. Todos los diputados han sido elegidos, porque se presentaron en la lista de un partido. Ahora no discuto de la bondad y excelencia democrática, de nuestra norma electoral. Cuando una mayoría amplia de las Cortes así lo convenga, se puede cambiar. Se puede variar la circunscripción; elegir un sistema diferente al D’Hondt; abrir las listas electorales, para que el elegido lo sea por sus valía personal además de por pertenecer al partido x, y así responder de forma más directa ante los electores y no ante la dirección partidaria; se podría establecer el distrito unipersonal como en Inglaterra; o un sistema mixto como el alemán…
Las normas y las leyes se pueden cambiar o derogar. Pero mientras tanto, las leyes, en democracia, se deben acatar; y las normas en las instituciones y organizaciones democráticas, lo mismo. La alternativa es la jungla, y el sálvese quien pueda. Por eso no me vale lo que argumentan los que votaron no: lo hice por responsabilidad ante los votantes. No, en unas próximas elecciones, los ciudadanos no le van a pedir responsabilidades personales a ninguno de ellos, se las van a pedir, muy consecuentemente, al PSOE. El escaño de ninguno de ellos va a depender, en un próximo futuro, de su voto del pasado sábado, sino de si el PSOE ha sabido recuperar o no su credibilidad, ante los ciudadanos. Y en cualquier caso, me parece, el que estime que su “conciencia” no le permite respetar las decisiones, adoptadas por el partido, siempre puede entregar su acta. En el PSOE entramos, nos mantenemos o salimos, siempre libremente.
Y para que no haya lugar a equivocaciones, repito una vez más: Me parece inaceptable el “golpe palaciego” perpetrado en el PSOE. Deberíamos haber votado No al PP una vez más, e ir a terceras elecciones con todas sus consecuencias. Como militante, exijo ya Primarias y un Congreso Extraordinario. Y por último, y por muy contradictorio que pueda parecer con todo lo que he escrito, no estoy en absoluto de acuerdo, con haber abierto expediente a los que votaron no. Es hora de minimizar costes, no de seguir cavando y profundizando, el hoyo en el que nos hemos metido.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 31 de Octubre del 2016.
Mucho se ha hablado y discutido en estos días del “voto en o de conciencia”. Y yo no acabo de entender del todo, que es eso de la “conciencia”. Desde pequeño aprendí que había que obrar de la forma más adecuada, para producir la mayor suma de felicidad en los demás. Pero Bertrand Russell nos recordaba en su autobiografía, que su abuela le replicaba que era imposible conocer, que era lo que produciría más gozo y que, en consecuencia, mejor era obedecer la voz de la conciencia. Pero si la conciencia fuera algo así, como mi forma más íntima de pensamiento, deberemos aceptar que dicha “conciencia” depende de la educación recibida, de las experiencias vividas y de nuestras cambiantes circunstancias, por lo cual varía a lo largo del tiempo. Y como afirma también Russell, si admitimos que la conciencia no es sino producto de la evolución y la educación combinadas, entonces es evidentemente absurdo, dejarse conducir por ella, antes que por la razón.
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| María González Veracruz |
Toda experiencia modifica la susodicha “conciencia”. No hay un solo suceso psíquico o físico-material, que no altere el conjunto de nuestra identidad. En el flujo de lo instantáneo – escribía George Steiner – este impacto, como el de las partículas eléctricas que recorren nuestro planeta, es infinitesimal e imperceptible. Pero los seres individuales somos proceso, nos encontramos en perpetuo cambio. La experiencia o el aprendizaje pasados, las expectativas más o menos confesadas, las convenciones socioculturales con respecto a determinada inclinación momentánea (Stimmung), o las circunstancias accidentales, se nos escapan. Pero el “acto-experiencia”, y los efectos que produce sobre nosotros, son inconfundibles.
Así que no, el voto no es nunca de “conciencia”, es siempre político o, como máximo, ideológico. El voto de los diputados del PSC, no hace falta explicarlo, porque ha quedado muy claro, ha sido absolutamente político. Incluso aquellos que votaron en su día, en contra del aborto o del divorcio, lo hicieron no por su conciencia, si no porque se lo exigía su ideología, en este caso religiosa. Y los socialistas que votaron no a la investidura de Rajoy, lo hicieron por su profunda convicción política, superior y contraria pensaban ellos, a las indicaciones de su partido. Lo respeto, pero no lo comparto.
Estar afiliado a un partido político, no es ninguna obligación. Y si ingresamos en uno, ya sabemos que tiene sus normas, sus estatutos, su historia y su cultura, que deberemos respetar. Escribía hace tiempo Javier Marías, que cuando ingresó en la RAE, ya sabía que se exigía corbata para participar en sus reuniones. Así que si un día la misma se le olvidaba, y el ujier no le dejaba entrar, no iba a montar ningún pollo. Sin normas que se respeten (aunque se puedan cambiar) no hay organización ni institución que aguante. La libertad absoluta es una utopía de los anarquistas. El artículo 78 de los estatutos federales del PSOE, establece que los miembros del Grupo Parlamentario (eso debería rezar para todos los diputados, incluidos los independientes, los no afiliados al partido) “están sujetos a la unidad de actuación y disciplina de voto”.
La Ley Electoral actual lleva a que los ciudadanos votamos un partido, no a una persona en particular. Yo fui elegido diputado por el PSOE en varias ocasiones, y en ninguna se me ocurrió pensar, que lo hubiera sido por mi cara bonita. Y aunque la justicia haya establecido, que el escaño es personal, políticamente no es así. Todos los diputados han sido elegidos, porque se presentaron en la lista de un partido. Ahora no discuto de la bondad y excelencia democrática, de nuestra norma electoral. Cuando una mayoría amplia de las Cortes así lo convenga, se puede cambiar. Se puede variar la circunscripción; elegir un sistema diferente al D’Hondt; abrir las listas electorales, para que el elegido lo sea por sus valía personal además de por pertenecer al partido x, y así responder de forma más directa ante los electores y no ante la dirección partidaria; se podría establecer el distrito unipersonal como en Inglaterra; o un sistema mixto como el alemán…
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| Adriana Lastra |
Y para que no haya lugar a equivocaciones, repito una vez más: Me parece inaceptable el “golpe palaciego” perpetrado en el PSOE. Deberíamos haber votado No al PP una vez más, e ir a terceras elecciones con todas sus consecuencias. Como militante, exijo ya Primarias y un Congreso Extraordinario. Y por último, y por muy contradictorio que pueda parecer con todo lo que he escrito, no estoy en absoluto de acuerdo, con haber abierto expediente a los que votaron no. Es hora de minimizar costes, no de seguir cavando y profundizando, el hoyo en el que nos hemos metido.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 31 de Octubre del 2016.
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