Leyendo a G.E. Moore

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Ca'n Pastilla 27 Marzo 2016
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lunes, 27 de noviembre de 2017

BIOGRAFÍA DE ICETA. YA LEÍDA.

Desde muy jovencito, soy un voraz consumidor de biografías y autobiografías. De manera que, modestamente, me considero un “connaisseur” de este género, parte de los libros sobre historia (dejando para otro día el debate sobre la influencia, mayor o menor, de los personajes en el desarrollo de la historia, frente a las clases sociales, las estructuras económico-sociales, los pueblos… etc.).
Así de corrido y de memoria, recuerdo un buen puñado de las que más me gustaron:
Biografías. “Churchill” de Roy Jenkins. “Hannah Arendt” de Laura Adler. “Bismark” de Emil Ludwig. “Gerald Brenan. El Castillo interior” de Jonathan Gathorne-Ardy. “Isak Dinesen” de Judith Thurman. “Albert Camus” de Herbert R. Lottman. “Bruce Chatwin” de Nicolas Shakespeare. “Mendes France” de Jean Lacouture…
Autobiografías. “Tan lejos, tan cerca” Adolfo Marsillach. “Memorias” J.K. Galbraith…
Como puede comprobarse en este no largo listado, se confirma lo que he dicho alguna que otra vez: el mejor género biográfico, pertenece a los británicos.
Esta biografía de Iceta no figura, a mi entender, entre las mejores. Además está escrita mediante el método del “flash-back”, tan de moda en el cine, la televisión y, también, en la literatura. Pero me parece que la analepsis en la biografía, no es el sistema más apropiado, prefiero la típica narración cronológica. Por ejemplo en esta de Iceta, incluso para alguien que ha vivido los hechos de cerca como yo, con frecuencia cuesta entender en que momento nos encontramos. Y a quien no conozca bien la historia del PSOE y del PSC, en los últimos cuarenta años, le costará, a veces, entender el porqué de ciertos posicionamientos de los actores. Pero bueno, me ha encantado leerla por varios motivos extra literarios.
En primer lugar me ha proporcionado momentos de intensa “saudade”. Dice Iceta que las primarias Almunia/Borrell de 1998, fueron su primer bautismo de fuego. Y para mí fue la última batalla política, librada desde la primera línea de fuego. Unos llegaban, otros se retiraban. A muchos veteranos, las primarias de este año de Susana/Pedro, nos han retrotraído, casi en vivo y en directo, a aquellas primeras de 1998. Igual que hace unos meses, en aquel entonces muchos militantes también entendimos, que la candidatura de Almunia (buen amigo mío) no era el revulsivo que el partido necesitaba. Así que nos lanzamos con ilusión, a pelear una batalla de solos contra todos. Contra el aparato, contra los medios (todavía exclusivamente de papel), contra los poderes económico-financieros… Desde Ferraz nos cedieron un pequeño local, propiedad del partido, en la calle Zorrilla, al que los catalanes comenzaron a llamar “la guineueta” (diminutivo de zorra).
Borrell se rodeo de un grupo de militantes variopinto, liderados por Luis Yáñez (un veterano que ya figuraba en la famosa “foto de la tortilla” en Puebla del Río, pero siempre un “verso suelto” en el partido). Miquel Iceta se encargó, entre otras múltiples actividades, de crear algo tan novedoso, al menos para mí en aquel tiempo, como la página web del candidato y el correo electrónico. En aquel local tuve muchas horas de charla y debate con Luis y Miquel. Pero también con Cristina Narbona, Manu Escudero y Elena Valenciano (que fue quien me ficho, para dirigir la campaña en Baleares). Comenzamos a poner en marcha todo aquello, y se fue generando un entusiasmo extraordinario. Hubo una especie de sentimiento colectivo de ilusión, de que el partido volvía a ponerse en marcha, de que el PSOE demostraba con hechos, ser el partido más democrático de España.
En esta biografía de Iceta, he conocido en mayor profundidad, cosas que sólo sabía superficialmente: los líos internos del PSC, las luchas interminables, entre los líderes históricos catalanistas procedentes de la burguesía, y los llamados Capitanes, dirigentes de las federaciones metropolitanas y alcaldes de grandes pueblos, de cultura obrera. Y también de las enrevesadas negociaciones, que llevaron a la redacción del nuevo “Estatut de Catalunya”, el que, después de ser votado por la ciudadanía, viose mutilado de gran parte de sus artículos por el Tribunal Constitucional.
Igualmente he descubierto, y otras confirmado, muchas experiencias personales y visiones políticas, coincidentes con las de Miquel. Por ejemplo su experiencia universitaria, de la que cuenta que en la facultad, toda la gente que se movía estaba a su izquierda, que los del PSUC (los comunistas de siempre) eran de hecho los moderados, todos los demás eran de grupos y partidos trotskistas y maoístas. Yo ya he escrito con frecuencia, como en la Facultad de Económicas de la Complutense, todo el mundo me consideraba un burgués reaccionario y un cerdo socialdemócrata.
Iceta explica porqué, después de las segundas elecciones con Pedro Sánchez – igual que yo – era más partidario de unas terceras elecciones, antes de permitir la investidura de Rajoy mediante nuestra abstención.
En otro momento, Miquel expresa su aversión por el adanismo, por esa ilusión de crear cada día el mundo de nuevo. “Cuando tienes un Estatut, lo que tienes que mirar es si algo ha funcionado mal, revisarlo; si algo no estaba previsto, incorporarlo. Pero ¿hacerlo de nuevo? Empezar todo de cero, sin tener en cuenta lo que se ha hecho antes, es algo a lo que le he cogido una aversión extrema”. Y recuerda unas palabras de Felipe González: “Algo tan serio como Cataluña no se inventa. Cataluña ya está inventada. Y cuando se quiere construir algo sólido, debe hacerse respetando los cimientos”.
También afirma en otra página Iceta: “A mi me incomoda mucho, cuando las cosas se presentan diciendo o blanco o negro, o bien o mal”.
Y sí, todos los militantes del PSOE y PSC deberían leerse esta biografía. Está llena de lucidez y sensatez políticas.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 26 de Noviembre del 2017.


lunes, 7 de marzo de 2016

LA HISTORIA Y LA INCERTIDUMBRE

Con motivo, supongo, del aniversario del 23F, de la reciente firma del acuerdo PSOE-Ciudadanos, y de las votaciones de investidura, analistas políticos e historiadores, vienen reflexionando sobre nuestros pasados cuarenta años de historia. Uno de ellos ha sido Carmen Iglesias, actual Directora de la Academia de la Historia. Me parece recordar que la conocí en persona, allá por los años setenta, en los Coloquios de Historia Contemporánea de España, organizados por Manuel Tuñón de Lara en Pau, que impulsaron los estudios de Historia social, y que constituyeron un foco de encuentro y debate, al que acudió un buen número de estudiosos desde las Universidades españolas. A esos coloquios asistí yo un par de veces, como estudiante de historia, y llegué a entablar una buena amistad con Tuñón, uno de mis historiadores de cabecera. Pero en cualquier caso, si estoy seguro de que estuvimos con Iglesias y con Tuñón, cuando el homenaje que se le rindió a éste, en la Universidad Internacional Menéndez Pidal, en Santander.
“Como resultado de una percepción adánica del momento político, en el que parece que todo está inventándose o apunto de inventarse, se concluye que cualquier gesto es histórico, cuando a veces es solo un aniversario, de algo ya hecho anteriormente” (Manuel Jabois).
Carmen Iglesias
Algunos de los que aún andamos por aquí, nacimos en medio de la dictadura franquista, vivimos la época dura y esperanzada de la Transición, la alegría democrática de la Constitución del 78, y los casi cuarenta años de desarrollo, con una recuperada autoestima de pertenecer a Europa y al mundo, como una nación más dentro de las democracias occidentales. Y hoy esos mismos, nos asombramos y desasosegamos ante lo que parecería, una especie de castillo de naipes – como escribe Carmen Iglesias – que se desmorona mostrando las costuras de una corrupción bastante generalizada; una crisis económica que no por general en el mundo global, sirve de consuelo a unas clases medias y menos medias, que han conocido un ascenso de nivel de vida por primera vez en su historia, y que ahora subsisten ahogadas y desesperanzadas; una desobediencia impune ante las leyes con desafío a la Constitución; una grave amenaza de secesión; y un populismo rampante.
¿Será verdad que las jóvenes generaciones, creen que la democracia es nada más que la voluntad de las mayorías en cada momento? ¿Que la falta de una educación cívica, ha conducido a un adanismo que se sitúa fuera de la realidad y de la historia? ¿Es posible que ideologías y prácticas políticas, que demostraron en el siglo XX el fracaso, y llevaron a la muerte a millares de personas, pretendan ser todavía la panacea de los males y de las imperfecciones de instituciones y seres humanos, y amenacen su libertad y sus derechos?
Los historiadores conocemos bien por haberlo estudiado que, en cualquier época, los coetáneos viven las vicisitudes inevitables de la historia humana, con la sensación de que la crisis de valores y de formas de vida que experimentan son excepcionales, y los cambios los peores que pueden ocurrir. Pero también aprendimos que la historia no estaba cerrada, ni era inevitable lo que ocurrió y tal como fue, sino que había alternativas, quizá brumosas, para sus protagonistas en aquel presente, pero factibles y no fatales.
El mundo que nos rodea, para bien y para mal, es siempre incierto. Alguien escribió: “La aceptación de la incertidumbre, es un medio para resistir a la simplificación de la ignorancia”, referido tanto a la política como a la historia. Un concepto de “incertidumbre”, como préstamo estimulante de la microfísica de Heinsenberg a las ciencias sociales, que resulta algo diferente de la duda y adopta el sentimiento de ausencia de creencia dogmática o verdad evidente: dada la insuficiencia de total conocimiento de una compleja realidad, y de las consecuencias no intencionadas, derivadas de la acción sobre la misma y sobre los seres humanos, se impone siempre una cierta moderación y prevención, frente a decisiones inapelables y a ensayos de ingeniería social. Nos explica Golo Mann, como una tarde del verano de 1933, estando en la Costa Azul, le explicó el novelista Arnold Zweig, que el “principio de incertidumbre” de Heinsenberg, había eliminado el principio de causalidad. Y que Bertrand Russell, a diferencia de Zweig, se acerca más al porqué de la superación de ese concepto: la multiplicidad de las causas que aumentan indefinidamente, a medida que se remontan en el tiempo; la separación en el tiempo, que ocurre con frecuencia, de la causa y el efecto, de forma que la causa empieza a obrar, cuando ya ha dejado de existir: la confusión entre relación causal, y actividad o voluntad humanas. Como nos recuerda Carmen Iglesias, el Padre Feijoo escribió en los albores de la Ilustración: “Para lograr la utilidad, importa que todo el mundo conozca la incertidumbre”. Una incertidumbre muy necesaria en estos tiempos, en el mundo de la política y de la cultura, en que los delirios y fantasías de ciertas gentes – como avisaban también Montaigne y Hume, que temían la vuelta de esos “ciclos fanáticos” destructivos – afectan a hombres y mujeres de carne y hueso en su vida cotidiana, y pueden convertirla en una pesadilla.
Manuel Tuñón de Lara
Por todo ello en estos días más que nunca, la cultura política, la educación de la ciudadanía, es fundamental. Una cultura política que exija la asunción de la realidad, no la que nos gustaría que fuera, sino la que es. Una cultura política como conversación; una conversación que no pretenda alcanzar lo absoluto, sino evitar lo realmente malo (la corrupción, la desobediencia a las leyes comunes, el aplastamiento de los más débiles…); una conversación que aborde la política como un medio necesario, vinculado a la específica aventura humana y que, por ello, no está dominada por seguridades y certezas de ningún tipo, sino por la incertidumbre; “un conversar durante el camino, por lo diferentes azares y modos de experiencia, que vamos topando” que escribió Luis Gonzalo Diez; y que intentamos ir resolviendo con inteligencia, sentido del bien común, y la apuesta por la libertad e igualdad de nuestro Estado de derecho, que tanto nos ha costado conseguir a lo largo de nuestra azarosa historia.
“Cuantas más cosas tengamos que eliminar con el pensamiento, para imaginar que una serie de acontecimientos, por ejemplo, una revolución, una guerra, una evolución espiritual o científica, no han existido o han existido de una manera diferente, tanto más inevitables habrán sido” (Golo Mann).

Palma. Ca’n Pastilla a 4 de Marzo del 2016.


jueves, 27 de noviembre de 2014

Adanismo



Mi antiguo compañero de partido, Pedro de Silva (Presidente del Principado de Asturias, entre 1983 y1991), escribe con frecuencia una columna (más bien una ventanita) en Diario de Mallorca. El pasado día 18 decía esto:

  <Se conoce como adanismo el deseo (y la creencia de ser posible) de iniciar todo de nuevo, borrando de un plumazo la historia anterior de la realidad en que uno vive. En política, el adanista aspira a construir el sistema desde cero, anulando el que hay e inventando sobre la marcha uno nuevo. No hay que confundir al adanista con el revolucionario, pues éste, aunque aspira a cambiar de forma radical el estado de cosas, tiene un modelo final (por ejemplo, la sociedad sin clases) y al menos bien teorizado el proceso para llegar a él. En el adanismo, en cambio, en lugar de teoría revolucionaria hay una mezcla de ingenuidad, voluntarismo y arrogancia. De la Transición nació un régimen que hoy está en profunda crisis, pero que ha dado a España el más largo periodo de estabilidad, desarrollo y progreso social de su historia contemporánea. Su secreto es que en la Transición no hubo adanismo>.

Subo al Blog estas palabras de Pedro por su interés intrínseco, pero también para demostrar a los posibles lectores, que no soy el único que escribe hoy, sobre teorías que muchos consideran “políticamente incorrectas”.

Palma. Ca’n Pastilla a 26 de Noviembre del 2014.