En el pasado abril, es decir, mucho antes del penoso debate de investidura de hace unos días, la fina analista Máriam Martínez-Bascuñán, nos recordaba que no hay política sin conflicto, pero tampoco sin la posibilidad de decidir, de gobernar.
No voy a expresar hoy, una vez más, la penosa opinión que tengo de Podemos, desde que apareció por el horizonte. Hoy escribo desde la tristeza que me ha producido, el desempeño de la dirección del PSOE en el pasado debate, o mejor en las negociaciones para la investidura. Me temo que la facilidad con que llegó a buen puerto, la moción de censura del mayo del año pasado, nos ha obnubilado. Parece que no se haya entendido, que entonces se votó contra Rajoy, no a favor de Sánchez. Pedro tiene un gran carisma, que duda cabe, y también una demostrada fuerza de voluntad, unas resistencia y resiliencia patentes. Ahora tiene que demostrarnos que es un buen negociador, un efectivo hacedor de consensos.
Lo que hemos visto estos días, no ha sido una negociación seria. Para negociar se sienta uno a una mesa discretamente, con un “culo di ferro”adecuado, como diría Pertini, para no levantarse de ella, hasta haber cerrado un acuerdo en todos los niveles. No se negocia – por mucho que sea moda de la “nueva política” – a golpes de llamadas telefónicas, tuits, whatsapps y declaraciones precipitadas a los medios. Esto no es una negociación, es una “performance”. “El Gobierno de España no se negocia así”, parece que tuvo que recordar en una ocasión Pedro Sánchez. Ha faltado prudencia, trabajo y altura de miras. Está muy de moda confundir, el necesario ejercicio de transparencia, con la impúdica publicidad. Para llegar a acuerdos difíciles e importantes, es necesario un pacto de privacidad entre interlocutores que se pretenden adultos. Cuanto más se converse seriamente en privado, menos necesarios serán luego, los reproches feroces en el Congreso.
En un horizonte visible, no me parece que se recorte la silueta de un partido con mayoría suficiente, como para gobernar sin acuerdos previos con otros varios. La creación de acuerdos, en todos los aspectos de la vida, implica, de entrada, una cura de humildad personal. La arrogancia y la intransigencia, vengan de donde vengan, son obstáculos insalvables en la política de consenso, la única política posible, a día de hoy, en nuestras sociedades. No sólo porque se imposibilita cualquier acuerdo, sino también porque impide gobernar en el día a día, después de constituido un ejecutivo. Es más, las peleas interpersonales y entre socios de coalición, asquean a los ciudadanos y profundizan la crisis de legitimidad del conjunto de la clase política.
Lo que hoy prima en política a nivel universal no es, desgraciadamente, la búsqueda de zonas de entendimiento, sino la lógica del muro: la construcción de trincheras, regida por la arcaica dialéctica amigo-enemigo, tan schmitteniana ella. Soy muy consciente, que el conflicto es un hecho social ineludible. Es más, que pretender eliminarlo, negarlo, es una característica de los regímenes totalitarios. Por eso toda la tradición democrática, se ha esforzado en buscar un sistema, que permitiera la vida en común reconociendo precisamente, que la disparidad, la pugna y el desacuerdo, no van a dejar de existir. Aunque la democracia, como nos decía Teodorov, a diferencia de otros regímenes, nunca ha pretendido ser infalible.
La emergencia de populismos, ya lo hemos comprobado, ha acrecentado la dimensión conflictual en la arena política, pretendiéndose sin descanso, una suerte de paroxismo de la decisión mayoritaria. Lo que ha venido en llamarse – a mi entender equivocadamente – “crisis de representación”, ha provocado el fraccionamiento de los sistemas de partidos, o si lo preferimos así, de los sistemas de partidos de masas, herederos de los consensos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Asistimos a un escenario de segmentación progresiva, que asienta, a su vez, un fenómeno sorprendente: en lugar de extender los espacios políticos disponibles, paradójicamente los reduce. Una razón de ello, opino, es que la competición electoral ha dejado de buscar el centro político, imponiéndose en su lugar una lucha de bloques, que compiten por los extremos.
Los mandatos que se obtiene de las urnas, son cada vez más complejos de interpretar. Lo escribí hace poco: parece como si los electores, en vez de una papeleta, hubieran introducido en la urna, un grueso libro de reclamaciones. La expresión mayoritaria de la ciudadanía se ha vuelto confusa. Incluso la misma idea de pueblo, el sujeto de la democracia – nos recordaba Máriam – está en disputa. La idea del pueblo como expresión mayoritaria, como el número más grande – nos explica Pierre Rosanvallon – ha dejado paso a la idea de pueblo, como una pluralidad de minorías. No asumir ese cambio está teniendo consecuencias dramáticas. Seguir entendiendo la voluntad general, como la “omnipotencia del hecho mayoritario” (lo debemos asumir con rapidez en el PSOE) puede conducir a experiencias traumáticas, como el Brexit en Inglaterra, o el “procés” en Cataluña.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 27 de Julio del 2019.
Reflexiones y opiniones a vuelapluma, de cualquier cosa que se me ocurra sobre política, historia, filosofía y otras materias
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martes, 30 de julio de 2019
CONSTRUIR CONSENSOS
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jueves, 9 de mayo de 2019
PIERDEN LOS MAXIMALISMOS
La política de diálogo y combate contra las desigualdades, del PSOE con Pedro Sánchez al frente, ha sido premiada en las urnas. Los maximalismos y exclusivismos han sido severamente castigados. Los ciudadanos de este país, una vez más, han estado de acuerdo en que los problemas que nos afectan, son complejos y, por tanto, no tienen soluciones simples ni milagrosas.
Los tres partidos de la derecha han sacado el 44,34% de los votos y 149 diputados, cuando el PP de Rajoy y C’s en 2016, obtuvieron el 46,07% y 169 diputados. La triple derecha se ha quedado así, nada menos que a 27 escaños de la mayoría absoluta. Pero el fracaso de Casado ha sido mucho más espectacular, porque ha perdido la mitad de los diputados (de 137 a 66) y de sus electores (de 33% al 16,7%). Y por si fuera poco, el Senado ha pasado de una mayoría absoluta del PP, a otra socialista.
El PP no sólo ha perdido, sino que está viéndose obligado, a modificar a toda velocidad su discurso. Y su futuro como gran partido de la derecha está muy amenazado, algo así como nos pasó a nosotros en 2015 en la izquierda. Algunos barones peperos ya comienzan a remugar, y C’s ya le alienta en el cogote.
El segundo maximalismo que se ha llevado una buena bofetada es el de Podemos, que ha bajado de 71 diputados en 2016 a 42. Incluso si no contabilizamos los diputados de sus confluencias, que se han evaporado, la pérdida conjunta de Podemos y En Comú Podem (su franquicia catalana) es de 15 diputados. Muchas causan explican esta caída.
Si olvidamos las relacionadas con su origen: un artefacto de aluvión, que recogía los indignados de diversas madres, en absoluto amparados bajo un proyecto común, sin estructura entendible ya que no sólida, con el único fin del “sorpasso” al PSOE, hay otra muchas causas más actuales. La primera podría ser que la salida de la gran crisis económica (con el PIB creciendo desde 2014, y la creación de nuevos puestos de trabajo) ha demostrado que la democracia española, no es ni la ruina ni el desastre, que pintaban a brochazos. El mismo triunfo de la moción de censura, ya demostró que la corrupción sí importa a los ciudadanos. Y que la justicia española, muy lenta por muy garantista, al final llega y condena.
De verdad he sentido vergüenza ajena, contemplando al cruzado Pablo Iglesias, que en 2015 embestía lanza en ristre, contra el corrupto “régimen del 78”, debatir en la tele con la Constitución del 78 en la mano, cual paladín de la misma. Aunque fiel a su gusto por el extremismo, considerando a la misma no como un texto reformable, sino la Biblia intocable de este siglo. Todas las encuestas – incluso después de su buen desempeño en los dos debates – siguen señalando a Iglesias como el líder peor valorado. Puede que por su exceso de verbalismo y sus cambios radicales de discurso, puede que por las múltiples trifulcas internas y fugas de destacados compañeros, puede que porque su discurso sobre los buenos y los de abajo, siempre saqueados por los de arriba, la casta, ha entrado en flagrante contradicción, con hechos como la compra de un bonito chalé de clase media alta, en las afueras de Madrid.
Como bien nos recordaba el otro día Juan Tapia, circunstancias externas a España, tampoco han ayudado nada a Unidas. Lo sucedido en la UE, con la aceptación por la Grecia de Tsipras, con buenos resultados, de las recomendaciones europeas, ha dejado en muy mal lugar las tesis de Iglesias, sobre las economías europeas. Por lo menos yo no le he escuchado decir ni pío, de la salida, expulsión, de Varoufakis del gobierno griego, tras comprobar Tsipras que el desafío al BCE, llevaba a la salida del euro y a la catástrofe. Además, aunque queda muy claro que Podemos, no es culpable de lo que pasa ahora en Venezuela, la realidad es que los que defendían las democracias bolivarianas, no salen bien librados de la imagen horrorosa, que transmite hoy el régimen de Maduro.
El tercer maximalismo que sale trasquilado de las elecciones, más allá de las simples apariencias, ha sido el independentismo, aunque aquí los resultados sean menos unívocos: baja del 47% de las elecciones autonómicas del 2017, al 39%, pero respecto a las anteriores legislativas, las del 2016, sube del 32 al 39%. Estas elecciones como sabemos, han coincidido con el juicio en el Supremo, a nueve dirigentes secesionistas cuya sentencia – según los iluminados Torra y la ANC - debe producir por fin el “momentum” tan esperado, para una nueva proclamación de la independencia.
A nivel de Estado, los 22 diputados separatistas, irónicamente, pesarán mucho menos que los 17 anteriores, porque el PSOE puede construir diversas mayorías de gobierno, alguna de ellas sin la participación del independentismo catalán. Por ejemplo con Podemos, PNV, los canarios y el diputado regionalista de Revilla, llega de facto a la mayoría absoluta.
Más relevante quizá, es que dentro del secesionismo los hoy, al menos aparentemente, más pragmáticos y realistas, los ERC, suben de 9 a 15 y doblan así a los 7 fundamentalistas, que bajan 1 y ahora obedecen al ciudadano de Waterloo. Me parece que los dirigentes de la antigua CDC, ahora prisioneros de Puigdemont, tendrán que reaccionar sí o sí, después de las municipales, ya que muchos de los alcaldes de Convergencia, que no querían una ruptura clara con Puigdemont antes de las elecciones, después de las mismas van a exigir clarificación.
Nos recordaba el otro día Juan Tapia (colaborador en El Periódico) que la pura contabilidad canta. En el 2011 CiU, con el democristiano Durán Lleida como primero de lista, sacó 16 diputados en el Congreso y ahora, con el puigdemontismo, ha quedado reducido a sólo 7. Mientras, entonces la supuesta más radical ERC, ha pasado de 3 a 15. Modestamente por entonces, me atreví a profetizar que la conversión de Artur Mas al independentismo, iba a ser un negocio pésimo. Y ya sabemos que los catalanes, con los “negocis” no juegan.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 7 de Mayo del 2019.
Los tres partidos de la derecha han sacado el 44,34% de los votos y 149 diputados, cuando el PP de Rajoy y C’s en 2016, obtuvieron el 46,07% y 169 diputados. La triple derecha se ha quedado así, nada menos que a 27 escaños de la mayoría absoluta. Pero el fracaso de Casado ha sido mucho más espectacular, porque ha perdido la mitad de los diputados (de 137 a 66) y de sus electores (de 33% al 16,7%). Y por si fuera poco, el Senado ha pasado de una mayoría absoluta del PP, a otra socialista.
El PP no sólo ha perdido, sino que está viéndose obligado, a modificar a toda velocidad su discurso. Y su futuro como gran partido de la derecha está muy amenazado, algo así como nos pasó a nosotros en 2015 en la izquierda. Algunos barones peperos ya comienzan a remugar, y C’s ya le alienta en el cogote.
El segundo maximalismo que se ha llevado una buena bofetada es el de Podemos, que ha bajado de 71 diputados en 2016 a 42. Incluso si no contabilizamos los diputados de sus confluencias, que se han evaporado, la pérdida conjunta de Podemos y En Comú Podem (su franquicia catalana) es de 15 diputados. Muchas causan explican esta caída.
Si olvidamos las relacionadas con su origen: un artefacto de aluvión, que recogía los indignados de diversas madres, en absoluto amparados bajo un proyecto común, sin estructura entendible ya que no sólida, con el único fin del “sorpasso” al PSOE, hay otra muchas causas más actuales. La primera podría ser que la salida de la gran crisis económica (con el PIB creciendo desde 2014, y la creación de nuevos puestos de trabajo) ha demostrado que la democracia española, no es ni la ruina ni el desastre, que pintaban a brochazos. El mismo triunfo de la moción de censura, ya demostró que la corrupción sí importa a los ciudadanos. Y que la justicia española, muy lenta por muy garantista, al final llega y condena.
De verdad he sentido vergüenza ajena, contemplando al cruzado Pablo Iglesias, que en 2015 embestía lanza en ristre, contra el corrupto “régimen del 78”, debatir en la tele con la Constitución del 78 en la mano, cual paladín de la misma. Aunque fiel a su gusto por el extremismo, considerando a la misma no como un texto reformable, sino la Biblia intocable de este siglo. Todas las encuestas – incluso después de su buen desempeño en los dos debates – siguen señalando a Iglesias como el líder peor valorado. Puede que por su exceso de verbalismo y sus cambios radicales de discurso, puede que por las múltiples trifulcas internas y fugas de destacados compañeros, puede que porque su discurso sobre los buenos y los de abajo, siempre saqueados por los de arriba, la casta, ha entrado en flagrante contradicción, con hechos como la compra de un bonito chalé de clase media alta, en las afueras de Madrid.
Como bien nos recordaba el otro día Juan Tapia, circunstancias externas a España, tampoco han ayudado nada a Unidas. Lo sucedido en la UE, con la aceptación por la Grecia de Tsipras, con buenos resultados, de las recomendaciones europeas, ha dejado en muy mal lugar las tesis de Iglesias, sobre las economías europeas. Por lo menos yo no le he escuchado decir ni pío, de la salida, expulsión, de Varoufakis del gobierno griego, tras comprobar Tsipras que el desafío al BCE, llevaba a la salida del euro y a la catástrofe. Además, aunque queda muy claro que Podemos, no es culpable de lo que pasa ahora en Venezuela, la realidad es que los que defendían las democracias bolivarianas, no salen bien librados de la imagen horrorosa, que transmite hoy el régimen de Maduro.
El tercer maximalismo que sale trasquilado de las elecciones, más allá de las simples apariencias, ha sido el independentismo, aunque aquí los resultados sean menos unívocos: baja del 47% de las elecciones autonómicas del 2017, al 39%, pero respecto a las anteriores legislativas, las del 2016, sube del 32 al 39%. Estas elecciones como sabemos, han coincidido con el juicio en el Supremo, a nueve dirigentes secesionistas cuya sentencia – según los iluminados Torra y la ANC - debe producir por fin el “momentum” tan esperado, para una nueva proclamación de la independencia.
A nivel de Estado, los 22 diputados separatistas, irónicamente, pesarán mucho menos que los 17 anteriores, porque el PSOE puede construir diversas mayorías de gobierno, alguna de ellas sin la participación del independentismo catalán. Por ejemplo con Podemos, PNV, los canarios y el diputado regionalista de Revilla, llega de facto a la mayoría absoluta.
Más relevante quizá, es que dentro del secesionismo los hoy, al menos aparentemente, más pragmáticos y realistas, los ERC, suben de 9 a 15 y doblan así a los 7 fundamentalistas, que bajan 1 y ahora obedecen al ciudadano de Waterloo. Me parece que los dirigentes de la antigua CDC, ahora prisioneros de Puigdemont, tendrán que reaccionar sí o sí, después de las municipales, ya que muchos de los alcaldes de Convergencia, que no querían una ruptura clara con Puigdemont antes de las elecciones, después de las mismas van a exigir clarificación.
Nos recordaba el otro día Juan Tapia (colaborador en El Periódico) que la pura contabilidad canta. En el 2011 CiU, con el democristiano Durán Lleida como primero de lista, sacó 16 diputados en el Congreso y ahora, con el puigdemontismo, ha quedado reducido a sólo 7. Mientras, entonces la supuesta más radical ERC, ha pasado de 3 a 15. Modestamente por entonces, me atreví a profetizar que la conversión de Artur Mas al independentismo, iba a ser un negocio pésimo. Y ya sabemos que los catalanes, con los “negocis” no juegan.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 7 de Mayo del 2019.
lunes, 8 de abril de 2019
PEDRO SÁNCHEZ. "POTESTAS" Y "AUCTORITAS"
La otra noche leyendo a Giovanni Sartori, mi pensamiento se centró en el hecho de cómo Pedro Sánchez, después de increíbles vicisitudes y según mi opinión, ha logrado aunar en su persona, la “auctoritas” y la “potestas”. Para aquellos que no estén demasiado acostumbrados a estas disquisiciones terminológicas, me explicaré un poco más.
Autoritarismo viene de autoridad y fue acuñado por el fascismo, como término apreciativo. Luego, con la derrota del fascismo y del nazismo, autoritarismo se convirtió en un término peyorativo, que significa “mala autoridad”, un exceso y un abuso de autoridad, que aplasta la libertad. Autoritarismo se corresponde, como opuesto, más con libertad que con democracia. Autoritarismo es una cosa, y autoridad otra cosa totalmente diferente. El sufijo “ismo” separa dos conceptos casi antitéticos.
“Auctoritas” es un término romano. Y para conocer la tortuosa evolución del concepto, bueno es leer a Hannah Arendt. Para los romanos “auctoritas” (autoridad) siempre fue diferente de “potestas” (poder) y, para ellos, “auctoritas” estaba estrechamente ligada a “dignitas”. Como señalaba Jaim Wirszubski, académico y teólogo lituano: “es la “dignitas” lo que sobre cualquier otra cosa, dota a un romano de “auctoritas”. Y la “dignitas” implica la idea de mérito, y contiene la idea del respeto inspirado por ese mérito. Si juntamos todas esas ideas, resulta que – al final de una larga evolución histórica – hoy “autoridad” significa, en el uso común, “un poder que es respetado, aceptado, reconocido, legítimo”.
Pero profundicemos un poco más en la distinción entre poder (“potestas”) y autoridad (“auctoritas”). De por sí, etimológicamente, “poder” es un sustantivo inocuo. Tener poder de hacer significa “yo puedo, tengo la capacidad o me está permitido”. Pero se trata de ver con qué medios el poder “manda hacer” ¿Con incentivos? ¿Con privaciones? ¿Con coerción y uso de la fuerza? Cuando se llega a “mandar hacer” amenazando o usando la fuerza, entonces percibimos el poder político en su elemento más característico, de acuerdo con la definición clásica, que daba de él Max Weber: “el uso legal de la fuerza”. Pero ninguna sociedad puede simplemente reducirse y reconducirse, en su orden, a las órdenes que la gobiernan. Para explicar un orden social, hacen falta otros ingredientes, y entre ellos la autoridad. Y la autoridad explica, lo que el poder no explica.
Autoridad, como hemos dicho, es “poder aceptado, respetado, reconocido, legítimo”. La autoridad no manda, influye; y no pertenece a la esfera de la legalidad, sino a la de la legitimidad. Ya lo decían los romanos: la autoridad se basa en la “dignitas”. Y Jacques Maritain, el filósofo católico francés, lo resume en esta conclusión: “Denominaremos ‘autoridad’ al derecho de dirigir y de mandar, de ser escuchado (como también escribía Ignatieff en su obra “Fuego y cenizas”) y obedecido por los demás; y ‘poder’ la fuerza de que se dispone, y por medio de la cual, se puede obligar a los demás a escuchar o a obedecer… Por tener una parte de poder, la autoridad desciende hasta el orden físico; en cuanto autoridad, el poder se eleva hasta el orden moral”.
El ‘poder’ como tal, es un hecho de fuerza sostenido por sanciones, es una fuerza que se impone desde arriba. En cambio la ‘autoridad’, emerge de una investidura espontánea, y obtiene su fuerza del reconocimiento: es un “poder de prestigio”, que recibe de éste su legitimación y su eficacia. De lo que puede deducirse que una “buena democracia”, debe tender a transformar el poder en autoridad, y que el ideal de las fuerzas democráticas, debería ser el de reducir las “zonas de poder”, para sustituirlas por personas y organismos, dotados de autoridad.
Aclarado eso, me parece que se entenderá mejor por qué opino que Pedro Sánchez, a su “potestas”, ha añadido ya la “auctoritas”. Cada día que dispongo de algo de tiempo, me trago todos los vídeos de los actos electorales de Pedro. No lo hago por descubrir que dirá el Presidente, ya lo sé o me lo imagino. Lo que me interesa es el ambiente del acto, si hay verdadera ilusión o simple asistencia formal. También conocer a los potenciales líderes, de la nueva generación del PSOE. Descubrir en ellos, entre los candidatos a las generales o municipales, los que son de verdad buenos, o los que no pasan de auténticos peñazos, puestos ahí por el aparato.
Y volviendo a Pedro, más que lo que dice, me gusta analizar como lo dice, vía el mensaje corporal. La “potestas”, el poder, lo adquirió ya tras aquellas primarias increíbles que vivimos. Salió elegido de forma rotunda Secretario General, y nuestra ley, los Estatutos, le otorgaron el poder, la “potestas”. Ahora ya no grita en los mítines, dice con sosiego, apelando a la razón política más que a los sentimientos. Apela al sentido del humor, a la ironía, y se siente a gusto en ello. Los movimientos de su cuerpo son más reposados, más elegantes, su “estar” tranquilo no parece nada impostado. Su renuncia a cualquier insulto hacia los adversarios, no parece mera estrategia, sino seguridad en si mismo. Y todo eso, me parece, revela que ya se siente provisto de la “auctoritas”, de la “dignitas”, más allá del simple poder.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 5 de Abril del 2019
Autoritarismo viene de autoridad y fue acuñado por el fascismo, como término apreciativo. Luego, con la derrota del fascismo y del nazismo, autoritarismo se convirtió en un término peyorativo, que significa “mala autoridad”, un exceso y un abuso de autoridad, que aplasta la libertad. Autoritarismo se corresponde, como opuesto, más con libertad que con democracia. Autoritarismo es una cosa, y autoridad otra cosa totalmente diferente. El sufijo “ismo” separa dos conceptos casi antitéticos.
“Auctoritas” es un término romano. Y para conocer la tortuosa evolución del concepto, bueno es leer a Hannah Arendt. Para los romanos “auctoritas” (autoridad) siempre fue diferente de “potestas” (poder) y, para ellos, “auctoritas” estaba estrechamente ligada a “dignitas”. Como señalaba Jaim Wirszubski, académico y teólogo lituano: “es la “dignitas” lo que sobre cualquier otra cosa, dota a un romano de “auctoritas”. Y la “dignitas” implica la idea de mérito, y contiene la idea del respeto inspirado por ese mérito. Si juntamos todas esas ideas, resulta que – al final de una larga evolución histórica – hoy “autoridad” significa, en el uso común, “un poder que es respetado, aceptado, reconocido, legítimo”.
Pero profundicemos un poco más en la distinción entre poder (“potestas”) y autoridad (“auctoritas”). De por sí, etimológicamente, “poder” es un sustantivo inocuo. Tener poder de hacer significa “yo puedo, tengo la capacidad o me está permitido”. Pero se trata de ver con qué medios el poder “manda hacer” ¿Con incentivos? ¿Con privaciones? ¿Con coerción y uso de la fuerza? Cuando se llega a “mandar hacer” amenazando o usando la fuerza, entonces percibimos el poder político en su elemento más característico, de acuerdo con la definición clásica, que daba de él Max Weber: “el uso legal de la fuerza”. Pero ninguna sociedad puede simplemente reducirse y reconducirse, en su orden, a las órdenes que la gobiernan. Para explicar un orden social, hacen falta otros ingredientes, y entre ellos la autoridad. Y la autoridad explica, lo que el poder no explica.
Autoridad, como hemos dicho, es “poder aceptado, respetado, reconocido, legítimo”. La autoridad no manda, influye; y no pertenece a la esfera de la legalidad, sino a la de la legitimidad. Ya lo decían los romanos: la autoridad se basa en la “dignitas”. Y Jacques Maritain, el filósofo católico francés, lo resume en esta conclusión: “Denominaremos ‘autoridad’ al derecho de dirigir y de mandar, de ser escuchado (como también escribía Ignatieff en su obra “Fuego y cenizas”) y obedecido por los demás; y ‘poder’ la fuerza de que se dispone, y por medio de la cual, se puede obligar a los demás a escuchar o a obedecer… Por tener una parte de poder, la autoridad desciende hasta el orden físico; en cuanto autoridad, el poder se eleva hasta el orden moral”.
El ‘poder’ como tal, es un hecho de fuerza sostenido por sanciones, es una fuerza que se impone desde arriba. En cambio la ‘autoridad’, emerge de una investidura espontánea, y obtiene su fuerza del reconocimiento: es un “poder de prestigio”, que recibe de éste su legitimación y su eficacia. De lo que puede deducirse que una “buena democracia”, debe tender a transformar el poder en autoridad, y que el ideal de las fuerzas democráticas, debería ser el de reducir las “zonas de poder”, para sustituirlas por personas y organismos, dotados de autoridad.
Aclarado eso, me parece que se entenderá mejor por qué opino que Pedro Sánchez, a su “potestas”, ha añadido ya la “auctoritas”. Cada día que dispongo de algo de tiempo, me trago todos los vídeos de los actos electorales de Pedro. No lo hago por descubrir que dirá el Presidente, ya lo sé o me lo imagino. Lo que me interesa es el ambiente del acto, si hay verdadera ilusión o simple asistencia formal. También conocer a los potenciales líderes, de la nueva generación del PSOE. Descubrir en ellos, entre los candidatos a las generales o municipales, los que son de verdad buenos, o los que no pasan de auténticos peñazos, puestos ahí por el aparato.
Y volviendo a Pedro, más que lo que dice, me gusta analizar como lo dice, vía el mensaje corporal. La “potestas”, el poder, lo adquirió ya tras aquellas primarias increíbles que vivimos. Salió elegido de forma rotunda Secretario General, y nuestra ley, los Estatutos, le otorgaron el poder, la “potestas”. Ahora ya no grita en los mítines, dice con sosiego, apelando a la razón política más que a los sentimientos. Apela al sentido del humor, a la ironía, y se siente a gusto en ello. Los movimientos de su cuerpo son más reposados, más elegantes, su “estar” tranquilo no parece nada impostado. Su renuncia a cualquier insulto hacia los adversarios, no parece mera estrategia, sino seguridad en si mismo. Y todo eso, me parece, revela que ya se siente provisto de la “auctoritas”, de la “dignitas”, más allá del simple poder.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 5 de Abril del 2019
lunes, 25 de junio de 2018
CAMBIO DE PARADIGMA
Thomas Kuhn afirmó en su libro de 1962, “La estructura de las revoluciones científicas”, que la ciencia abarca paradigmas contendientes, cada uno conformado por una teoría central e hipótesis auxiliares. Estas últimas varían, pero la primera se mantiene constante hasta ese momento terrible, en que se demuestra la imposibilidad de sostener la teoría central, a través de las hipótesis modificadas. Luego ocurre algo inusual, que Kuhn denomina “cambio de paradigma”, en que se abandona o cambia la teoría central. Él estimaba que a menudo esto ocurre, cuando la vieja guardia que defendía la teoría central se retira o muere.
No hace aún muchas semanas, recordémoslo, con la primera sentencia de la Gürtel, la escena política española se llenó de oscuridad. Se auguraba una larga y agotadora agonía. Pero allí estaba uno de los mecanismos, que tiene la democracia como contrapeso al poder: la moción de censura. El PSOE, con Pedro Sánchez al frente, lo activó entre el escepticismo general, incluido el de muchos militantes del partido. Y cambió el decorado, dice Ramoneda.
El PP sin entender lo que pasaba – dudo que a día de hoy ya lo haya entendido – se encontró como noqueado. Salía del poder, cuando creía haberlo consolidado por dos años más, al haberse aprobado los Presupuestos. Por supuesto la “realidad” en la política española sigue siendo la misma, pero el “escenario” ha dado un giro de 180º ¿Cabe esperar de ello que tenga efectos preformativos? Veremos. La oposición, ahora algo grogui, muy pronto volverá a la carga, con todos su batallones en línea. Pero no cabe duda que el espacio político, al menos de momento, se ha oxigenado. Y se ha despertado la necesidad dormida, de creer que la negociación y el diálogo son posibles.
Inesperadamente Pedro Sánchez, ha formado el Gobierno con más mujeres, de toda nuestra larga historia. Al PSOE – escribe Ramoneda – hay que reconocerle que ha sido el partido, que más ha contribuido a la evolución cultural de un país, marcado durante siglos por el papel de la Iglesia católica, como aparato ideológico del Estado para formatear las conciencias. Igualdad, Economía, Trabajo, Sanidad, Educación y Justicia, espacios donde se juega de verdad el bienestar de las personas, están en manos de mujeres. Es la base potencial sobre la que se podría reconstruir una socialdemocracia del siglo XXI – también en Europa – tanto por las prioridades como por el modo de tratarlas. Pasar de las estadísticas a las personas concretas.
Con un PP podrido por la corrupción, y un Ciudadanos desconcertado, tras su paso por el más casposo nacionalismo español, salimos ¿de verdad? de unos años de política frentista, en los que la adscripción “patriótica”, ahogaba la dinámica derecha e izquierda. Cambiar ese registro no será fácil. La “cuestión” catalana sigue abierta, aunque estos días – es cierto – en Cataluña estemos asistiendo a un cierto apaciguamiento de las pasiones, fruto del mencionado cambio de decorado. El gran riesgo radica en que Ciudadanos y PP, cuando salgan del shock, vuelvan a la tentación de apostarlo todo a la carta catalana, para desgastar al Gobierno. Sería una enorme irresponsabilidad, pero ya nos han demostrado que son muy capaces de ello.
El “problema” catalán hay que encauzarlo entre todos, de todos es responsabilidad, y nadie tiene derecho a escaquearse del mismo, de la voluntad de buscar conjuntamente una solución política. En mala hora el Gobierno del PP, tomó la decisión de pretender resolver exclusivamente por la vía judicial, un problema que sólo se puede afrontar, con probabilidades de éxito, por la vía política. Y no, no es casualidad, que quienes tomaron aquella desgraciada decisión, de dejarlo todo en manos de los jueces, hayan tenido que retirarse súbitamente de la escena política, por la salida de incendios.
Escuchar, dialogar, consensuar, ha dicho la ministra Meritxell Batet.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 19 de Junio del 2018.
No hace aún muchas semanas, recordémoslo, con la primera sentencia de la Gürtel, la escena política española se llenó de oscuridad. Se auguraba una larga y agotadora agonía. Pero allí estaba uno de los mecanismos, que tiene la democracia como contrapeso al poder: la moción de censura. El PSOE, con Pedro Sánchez al frente, lo activó entre el escepticismo general, incluido el de muchos militantes del partido. Y cambió el decorado, dice Ramoneda.
El PP sin entender lo que pasaba – dudo que a día de hoy ya lo haya entendido – se encontró como noqueado. Salía del poder, cuando creía haberlo consolidado por dos años más, al haberse aprobado los Presupuestos. Por supuesto la “realidad” en la política española sigue siendo la misma, pero el “escenario” ha dado un giro de 180º ¿Cabe esperar de ello que tenga efectos preformativos? Veremos. La oposición, ahora algo grogui, muy pronto volverá a la carga, con todos su batallones en línea. Pero no cabe duda que el espacio político, al menos de momento, se ha oxigenado. Y se ha despertado la necesidad dormida, de creer que la negociación y el diálogo son posibles.
Inesperadamente Pedro Sánchez, ha formado el Gobierno con más mujeres, de toda nuestra larga historia. Al PSOE – escribe Ramoneda – hay que reconocerle que ha sido el partido, que más ha contribuido a la evolución cultural de un país, marcado durante siglos por el papel de la Iglesia católica, como aparato ideológico del Estado para formatear las conciencias. Igualdad, Economía, Trabajo, Sanidad, Educación y Justicia, espacios donde se juega de verdad el bienestar de las personas, están en manos de mujeres. Es la base potencial sobre la que se podría reconstruir una socialdemocracia del siglo XXI – también en Europa – tanto por las prioridades como por el modo de tratarlas. Pasar de las estadísticas a las personas concretas.
Con un PP podrido por la corrupción, y un Ciudadanos desconcertado, tras su paso por el más casposo nacionalismo español, salimos ¿de verdad? de unos años de política frentista, en los que la adscripción “patriótica”, ahogaba la dinámica derecha e izquierda. Cambiar ese registro no será fácil. La “cuestión” catalana sigue abierta, aunque estos días – es cierto – en Cataluña estemos asistiendo a un cierto apaciguamiento de las pasiones, fruto del mencionado cambio de decorado. El gran riesgo radica en que Ciudadanos y PP, cuando salgan del shock, vuelvan a la tentación de apostarlo todo a la carta catalana, para desgastar al Gobierno. Sería una enorme irresponsabilidad, pero ya nos han demostrado que son muy capaces de ello.
El “problema” catalán hay que encauzarlo entre todos, de todos es responsabilidad, y nadie tiene derecho a escaquearse del mismo, de la voluntad de buscar conjuntamente una solución política. En mala hora el Gobierno del PP, tomó la decisión de pretender resolver exclusivamente por la vía judicial, un problema que sólo se puede afrontar, con probabilidades de éxito, por la vía política. Y no, no es casualidad, que quienes tomaron aquella desgraciada decisión, de dejarlo todo en manos de los jueces, hayan tenido que retirarse súbitamente de la escena política, por la salida de incendios.
Escuchar, dialogar, consensuar, ha dicho la ministra Meritxell Batet.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 19 de Junio del 2018.
lunes, 18 de junio de 2018
UNA OPORTUNIDAD LUMINOSA
Encantados, fascinados andamos muchos con Pedro Sánchez, su Gobierno y las primeras medidas tomadas. Pero personalmente hay algo, más de fondo, que me tiene feliz en las últimas semanas: la constatación de la firmeza de nuestro Estado de derecho. En los momentos en que la legión de cenizos y desencantados, que siempre pululan en nuestra sociedad, auguraban las diez plagas de Egipto sobre España, va el país y demuestra, de nuevo, ser más fuerte y democrático de lo que ellos creían y/o deseaban. Como escribía Carlos Yárnoz, la Constitución, el Congreso, la Justicia, el Estado y la sociedad toda, han funcionado como un reloj, para sacarnos del atolladero en un tiempo récord. Para empezar, España acaba de derribar un mito vergonzoso: el de que la corrupción no tiene coste. Y para continuar, ha reafirmado que la democracia y la política funcionan. Herido de muerte el Gobierno del PP por la sentencia de la Gürtel, la solución política parecía sino inviable, muy laboriosa. Y sin embargo, con algo tan sencillo como aplicar las normas de la Constitución, de la noche a la mañana España tiene un nuevo Gobierno. Siete gobiernos en cuarenta años de democracia, todo un récord de estabilidad, que muy pocos países pueden exhibir.
Escribe Jordi Gracia, que la moción de censura ha sido un asalto al poder en toda regla, regla democrática, pero tan inesperada como racionalmente explicable. La sentencia de la Audiencia, sólo la primera por el caso Gürtel, fue contundente. El PP, una vez más, prefirió mirar hacia otra parte y desmentir, tanto su responsabilidad penal como política. De esta manía de juntar los dos tipos de responsabilidad, la jurídica con la política, no somos inocentes los del PSOE, pues fue Alfonso Guerra, el primero que las vinculó. Pretender que las urnas lavan a los partidos de sus pecados de corrupción, o descalificar a los jueces cuando sus sentencias no convienen, no es propio de partidos que dicen defender el Estado de derecho, la división de poderes y, sobre todo, la democracia parlamentaria, frente a la democracia directa o plebiscitaria. Rajoy ha sido desalojado del poder por muchos motivos, pero especialmente por uno: negar la realidad y confiar en la eficacia de la posverdad. La mentira, en política, lleva dentro un riesgo letal. Muchos bulos pasan y circulan como verdades hasta que uno, demasiado grueso, demasiado increíble, desmorona el castillo entero, sin dejar piedra sobre piedra. Acaba de suceder.
Casi parece que el denostado régimen del 78 – decía Jordi Gracia – haya prestado un último e irónico servicio a la democracia. De sus reservas democráticas, que son aún tantas, ha salido un mecanismo constitucional que, paradójicamente, ha corregido los errores democráticos cometidos por los partidos de izquierda, en el frustrado acuerdo para desalojar a Rajoy hace dos años. Las condiciones son objetivamente nuevas, puede. Pero son francamente prometedoras, por encima de los peores augurios de provisionalidad, de insuficiencia, de precariedad política… Es una oportunidad de oro, luminosa me parece. Nacida del pragmatismo frío, el escarmiento largamente interiorizado, la prevención antiutópica, el reformismo inteligente, la convicción civil, y la audacia política de Pedro Sánchez y el PSOE.
La izquierda, como nos recuerda machaconamente la historia, se ha dejado robar tantas veces los valores de la sensatez y el pragmatismo, de la prevención cauta y del escepticismo activo (ese en el que tan ardientemente milito) que hemos acabado creyendo que esas virtudes políticas son de derechas. Pero no es verdad, o es una falsa verdad, una posverdad, difundida por la derecha, para neutralizar a la izquierda posible. La ciudadanía de izquierdas parece, se ha hecho consciente, en una sociedad educada y civilizada como la nuestra, de la efectividad del discurso plausible y antiutopista, ese que con tanta asiduidad vengo reclamando, de la viabilidad de algunas cosas y de la inviabilidad siempre frustrante y contradictoria de otras, como aquella, recordemos, de “asaltar los cielos”.
De todo lo que ha pasado estos últimos días, para mí la mayor alegría es constatar que la credibilidad del discurso de izquierdas, ha llegado de repente y con más serenidad, de lo que cabía esperar por la situación. Como una primavera leve – escribe Gracia – que no asalta cielo alguno, sino el poder real. El cambio de clima, espero arruine los locos proyectos del independentismo más desbocado, la impunidad política de la corrupción, y la radicalización del españolismo profundo. Veremos hasta que punto es efectiva la capacidad de intervención del nuevo gobierno, pero de momento la primera noticia importante, es la constatación de una renovación del lenguaje y de las prioridades.
Por poco que pueda hacer el nuevo ejecutivo, ese poco es mucho cuando la honradez reformista, garantiza la prioridad de los objetivos sociales. Es verdad que la oposición popular puede, ya lo está haciendo, volver a las andadas del resentimiento más corrosivo. Es verdad que el cambio de escenario, desarbola a mi parecer, la temeraria estrategia radicalizada de C’s, en esos últimos meses suyos de patriotismo casposo. Y es verdad también que hemos sido muchos, los que nunca hemos creído que la cuestión catalana, pudiera resolverse sólo con jueces en funciones políticas.
Se me tilda de excesivamente optimista ¡que le vamos a hacer! Pero el retorno de la Política me llena de alegría, lo contemplo con serenidad, como una oportunidad luminosa.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 15 de Junio del 2018.
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| Consejo de MinistrAs |
Casi parece que el denostado régimen del 78 – decía Jordi Gracia – haya prestado un último e irónico servicio a la democracia. De sus reservas democráticas, que son aún tantas, ha salido un mecanismo constitucional que, paradójicamente, ha corregido los errores democráticos cometidos por los partidos de izquierda, en el frustrado acuerdo para desalojar a Rajoy hace dos años. Las condiciones son objetivamente nuevas, puede. Pero son francamente prometedoras, por encima de los peores augurios de provisionalidad, de insuficiencia, de precariedad política… Es una oportunidad de oro, luminosa me parece. Nacida del pragmatismo frío, el escarmiento largamente interiorizado, la prevención antiutópica, el reformismo inteligente, la convicción civil, y la audacia política de Pedro Sánchez y el PSOE.
La izquierda, como nos recuerda machaconamente la historia, se ha dejado robar tantas veces los valores de la sensatez y el pragmatismo, de la prevención cauta y del escepticismo activo (ese en el que tan ardientemente milito) que hemos acabado creyendo que esas virtudes políticas son de derechas. Pero no es verdad, o es una falsa verdad, una posverdad, difundida por la derecha, para neutralizar a la izquierda posible. La ciudadanía de izquierdas parece, se ha hecho consciente, en una sociedad educada y civilizada como la nuestra, de la efectividad del discurso plausible y antiutopista, ese que con tanta asiduidad vengo reclamando, de la viabilidad de algunas cosas y de la inviabilidad siempre frustrante y contradictoria de otras, como aquella, recordemos, de “asaltar los cielos”.
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| Moción de Censura |
Por poco que pueda hacer el nuevo ejecutivo, ese poco es mucho cuando la honradez reformista, garantiza la prioridad de los objetivos sociales. Es verdad que la oposición popular puede, ya lo está haciendo, volver a las andadas del resentimiento más corrosivo. Es verdad que el cambio de escenario, desarbola a mi parecer, la temeraria estrategia radicalizada de C’s, en esos últimos meses suyos de patriotismo casposo. Y es verdad también que hemos sido muchos, los que nunca hemos creído que la cuestión catalana, pudiera resolverse sólo con jueces en funciones políticas.
Se me tilda de excesivamente optimista ¡que le vamos a hacer! Pero el retorno de la Política me llena de alegría, lo contemplo con serenidad, como una oportunidad luminosa.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 15 de Junio del 2018.
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lunes, 27 de noviembre de 2017
BIOGRAFÍA DE ICETA. YA LEÍDA.
Desde muy jovencito, soy un voraz consumidor de biografías y autobiografías. De manera que, modestamente, me considero un “connaisseur” de este género, parte de los libros sobre historia (dejando para otro día el debate sobre la influencia, mayor o menor, de los personajes en el desarrollo de la historia, frente a las clases sociales, las estructuras económico-sociales, los pueblos… etc.).
Así de corrido y de memoria, recuerdo un buen puñado de las que más me gustaron:
Biografías. “Churchill” de Roy Jenkins. “Hannah Arendt” de Laura Adler. “Bismark” de Emil Ludwig. “Gerald Brenan. El Castillo interior” de Jonathan Gathorne-Ardy. “Isak Dinesen” de Judith Thurman. “Albert Camus” de Herbert R. Lottman. “Bruce Chatwin” de Nicolas Shakespeare. “Mendes France” de Jean Lacouture…
Autobiografías. “Tan lejos, tan cerca” Adolfo Marsillach. “Memorias” J.K. Galbraith…
Como puede comprobarse en este no largo listado, se confirma lo que he dicho alguna que otra vez: el mejor género biográfico, pertenece a los británicos.
Esta biografía de Iceta no figura, a mi entender, entre las mejores. Además está escrita mediante el método del “flash-back”, tan de moda en el cine, la televisión y, también, en la literatura. Pero me parece que la analepsis en la biografía, no es el sistema más apropiado, prefiero la típica narración cronológica. Por ejemplo en esta de Iceta, incluso para alguien que ha vivido los hechos de cerca como yo, con frecuencia cuesta entender en que momento nos encontramos. Y a quien no conozca bien la historia del PSOE y del PSC, en los últimos cuarenta años, le costará, a veces, entender el porqué de ciertos posicionamientos de los actores. Pero bueno, me ha encantado leerla por varios motivos extra literarios.
En primer lugar me ha proporcionado momentos de intensa “saudade”. Dice Iceta que las primarias Almunia/Borrell de 1998, fueron su primer bautismo de fuego. Y para mí fue la última batalla política, librada desde la primera línea de fuego. Unos llegaban, otros se retiraban. A muchos veteranos, las primarias de este año de Susana/Pedro, nos han retrotraído, casi en vivo y en directo, a aquellas primeras de 1998. Igual que hace unos meses, en aquel entonces muchos militantes también entendimos, que la candidatura de Almunia (buen amigo mío) no era el revulsivo que el partido necesitaba. Así que nos lanzamos con ilusión, a pelear una batalla de solos contra todos. Contra el aparato, contra los medios (todavía exclusivamente de papel), contra los poderes económico-financieros… Desde Ferraz nos cedieron un pequeño local, propiedad del partido, en la calle Zorrilla, al que los catalanes comenzaron a llamar “la guineueta” (diminutivo de zorra).
Borrell se rodeo de un grupo de militantes variopinto, liderados por Luis Yáñez (un veterano que ya figuraba en la famosa “foto de la tortilla” en Puebla del Río, pero siempre un “verso suelto” en el partido). Miquel Iceta se encargó, entre otras múltiples actividades, de crear algo tan novedoso, al menos para mí en aquel tiempo, como la página web del candidato y el correo electrónico. En aquel local tuve muchas horas de charla y debate con Luis y Miquel. Pero también con Cristina Narbona, Manu Escudero y Elena Valenciano (que fue quien me ficho, para dirigir la campaña en Baleares). Comenzamos a poner en marcha todo aquello, y se fue generando un entusiasmo extraordinario. Hubo una especie de sentimiento colectivo de ilusión, de que el partido volvía a ponerse en marcha, de que el PSOE demostraba con hechos, ser el partido más democrático de España.
En esta biografía de Iceta, he conocido en mayor profundidad, cosas que sólo sabía superficialmente: los líos internos del PSC, las luchas interminables, entre los líderes históricos catalanistas procedentes de la burguesía, y los llamados Capitanes, dirigentes de las federaciones metropolitanas y alcaldes de grandes pueblos, de cultura obrera. Y también de las enrevesadas negociaciones, que llevaron a la redacción del nuevo “Estatut de Catalunya”, el que, después de ser votado por la ciudadanía, viose mutilado de gran parte de sus artículos por el Tribunal Constitucional.
Igualmente he descubierto, y otras confirmado, muchas experiencias personales y visiones políticas, coincidentes con las de Miquel. Por ejemplo su experiencia universitaria, de la que cuenta que en la facultad, toda la gente que se movía estaba a su izquierda, que los del PSUC (los comunistas de siempre) eran de hecho los moderados, todos los demás eran de grupos y partidos trotskistas y maoístas. Yo ya he escrito con frecuencia, como en la Facultad de Económicas de la Complutense, todo el mundo me consideraba un burgués reaccionario y un cerdo socialdemócrata.
Iceta explica porqué, después de las segundas elecciones con Pedro Sánchez – igual que yo – era más partidario de unas terceras elecciones, antes de permitir la investidura de Rajoy mediante nuestra abstención.
En otro momento, Miquel expresa su aversión por el adanismo, por esa ilusión de crear cada día el mundo de nuevo. “Cuando tienes un Estatut, lo que tienes que mirar es si algo ha funcionado mal, revisarlo; si algo no estaba previsto, incorporarlo. Pero ¿hacerlo de nuevo? Empezar todo de cero, sin tener en cuenta lo que se ha hecho antes, es algo a lo que le he cogido una aversión extrema”. Y recuerda unas palabras de Felipe González: “Algo tan serio como Cataluña no se inventa. Cataluña ya está inventada. Y cuando se quiere construir algo sólido, debe hacerse respetando los cimientos”.
También afirma en otra página Iceta: “A mi me incomoda mucho, cuando las cosas se presentan diciendo o blanco o negro, o bien o mal”.
Y sí, todos los militantes del PSOE y PSC deberían leerse esta biografía. Está llena de lucidez y sensatez políticas.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 26 de Noviembre del 2017.
Así de corrido y de memoria, recuerdo un buen puñado de las que más me gustaron:
Biografías. “Churchill” de Roy Jenkins. “Hannah Arendt” de Laura Adler. “Bismark” de Emil Ludwig. “Gerald Brenan. El Castillo interior” de Jonathan Gathorne-Ardy. “Isak Dinesen” de Judith Thurman. “Albert Camus” de Herbert R. Lottman. “Bruce Chatwin” de Nicolas Shakespeare. “Mendes France” de Jean Lacouture…
Autobiografías. “Tan lejos, tan cerca” Adolfo Marsillach. “Memorias” J.K. Galbraith…
Como puede comprobarse en este no largo listado, se confirma lo que he dicho alguna que otra vez: el mejor género biográfico, pertenece a los británicos.
Esta biografía de Iceta no figura, a mi entender, entre las mejores. Además está escrita mediante el método del “flash-back”, tan de moda en el cine, la televisión y, también, en la literatura. Pero me parece que la analepsis en la biografía, no es el sistema más apropiado, prefiero la típica narración cronológica. Por ejemplo en esta de Iceta, incluso para alguien que ha vivido los hechos de cerca como yo, con frecuencia cuesta entender en que momento nos encontramos. Y a quien no conozca bien la historia del PSOE y del PSC, en los últimos cuarenta años, le costará, a veces, entender el porqué de ciertos posicionamientos de los actores. Pero bueno, me ha encantado leerla por varios motivos extra literarios.
En primer lugar me ha proporcionado momentos de intensa “saudade”. Dice Iceta que las primarias Almunia/Borrell de 1998, fueron su primer bautismo de fuego. Y para mí fue la última batalla política, librada desde la primera línea de fuego. Unos llegaban, otros se retiraban. A muchos veteranos, las primarias de este año de Susana/Pedro, nos han retrotraído, casi en vivo y en directo, a aquellas primeras de 1998. Igual que hace unos meses, en aquel entonces muchos militantes también entendimos, que la candidatura de Almunia (buen amigo mío) no era el revulsivo que el partido necesitaba. Así que nos lanzamos con ilusión, a pelear una batalla de solos contra todos. Contra el aparato, contra los medios (todavía exclusivamente de papel), contra los poderes económico-financieros… Desde Ferraz nos cedieron un pequeño local, propiedad del partido, en la calle Zorrilla, al que los catalanes comenzaron a llamar “la guineueta” (diminutivo de zorra).
Borrell se rodeo de un grupo de militantes variopinto, liderados por Luis Yáñez (un veterano que ya figuraba en la famosa “foto de la tortilla” en Puebla del Río, pero siempre un “verso suelto” en el partido). Miquel Iceta se encargó, entre otras múltiples actividades, de crear algo tan novedoso, al menos para mí en aquel tiempo, como la página web del candidato y el correo electrónico. En aquel local tuve muchas horas de charla y debate con Luis y Miquel. Pero también con Cristina Narbona, Manu Escudero y Elena Valenciano (que fue quien me ficho, para dirigir la campaña en Baleares). Comenzamos a poner en marcha todo aquello, y se fue generando un entusiasmo extraordinario. Hubo una especie de sentimiento colectivo de ilusión, de que el partido volvía a ponerse en marcha, de que el PSOE demostraba con hechos, ser el partido más democrático de España.
En esta biografía de Iceta, he conocido en mayor profundidad, cosas que sólo sabía superficialmente: los líos internos del PSC, las luchas interminables, entre los líderes históricos catalanistas procedentes de la burguesía, y los llamados Capitanes, dirigentes de las federaciones metropolitanas y alcaldes de grandes pueblos, de cultura obrera. Y también de las enrevesadas negociaciones, que llevaron a la redacción del nuevo “Estatut de Catalunya”, el que, después de ser votado por la ciudadanía, viose mutilado de gran parte de sus artículos por el Tribunal Constitucional.
Igualmente he descubierto, y otras confirmado, muchas experiencias personales y visiones políticas, coincidentes con las de Miquel. Por ejemplo su experiencia universitaria, de la que cuenta que en la facultad, toda la gente que se movía estaba a su izquierda, que los del PSUC (los comunistas de siempre) eran de hecho los moderados, todos los demás eran de grupos y partidos trotskistas y maoístas. Yo ya he escrito con frecuencia, como en la Facultad de Económicas de la Complutense, todo el mundo me consideraba un burgués reaccionario y un cerdo socialdemócrata.
Iceta explica porqué, después de las segundas elecciones con Pedro Sánchez – igual que yo – era más partidario de unas terceras elecciones, antes de permitir la investidura de Rajoy mediante nuestra abstención.
En otro momento, Miquel expresa su aversión por el adanismo, por esa ilusión de crear cada día el mundo de nuevo. “Cuando tienes un Estatut, lo que tienes que mirar es si algo ha funcionado mal, revisarlo; si algo no estaba previsto, incorporarlo. Pero ¿hacerlo de nuevo? Empezar todo de cero, sin tener en cuenta lo que se ha hecho antes, es algo a lo que le he cogido una aversión extrema”. Y recuerda unas palabras de Felipe González: “Algo tan serio como Cataluña no se inventa. Cataluña ya está inventada. Y cuando se quiere construir algo sólido, debe hacerse respetando los cimientos”.
También afirma en otra página Iceta: “A mi me incomoda mucho, cuando las cosas se presentan diciendo o blanco o negro, o bien o mal”.
Y sí, todos los militantes del PSOE y PSC deberían leerse esta biografía. Está llena de lucidez y sensatez políticas.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 26 de Noviembre del 2017.
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jueves, 10 de agosto de 2017
PUREZA SOCIALISTA
El diputado socialista por Asturias, Antonio Trevin, ha dejado su escaño por discrepancias con la actual dirección de PSOE. Su decisión me parece honrada. Cuando uno no se encuentra cómodo, cuando sus ideas son minoritarias en cualquier colectivo, lo más noble, me parece, es dar un paso atrás. Pero en sus declaraciones, al hacer público su anuncio, ha deslizados unas palabras que no me parecen justas, o al menos inexactas, al no matizarlas fijando el momento. Ha dicho que: "está desapareciendo la fraternidad entre los militantes, que era una de las señas de identidad del socialismo, donde cada vez tiene más presencia la confrontación". Puede que la “fraternidad” haya disminuido en estos últimos meses, pero habría que matizar que si lo ha hecho realmente, habría sido a partir del infausto golpe palaciego del 1 de Octubre, el que de alguna forma él apoyó.
Pero lo que me ha llevado a redactar estas líneas ha sido, básicamente, la lluvia de comentarios intolerables, demagógicos y totalitarios, que han acompañado la noticia en las redes. Y sí, ya sé que es una batalla que nunca ganaré. Pero no puedo callarme, ante lo que considero un grave ataque, al funcionamiento democrático de una organización como la del PSOE.
No voy a reproducir los comentarios más soeces y ofensivos. Sólo referiré que algunos llegaban a decir que, que bien que se fuera y nos dejara en paz a los socialistas de verdad ¡Que bonito "los socialistas de verdad"! ¿Y quien decide quienes lo son o no? ¿Quien reparte los certificados de socialistas de "verdad? Y otros le tachaban de desconocer lo que era la pureza y la ética socialista. Y yo me pregunto ¿que tribunal dictamina la pureza socialista, o que es exactamente eso de la "ética socialista"? Llevo 43 años en el PSOE, y aún nadie me ha examinado de ética, ni de pureza socialista ¿Vamos a comenzar ahora con tribunales de depuración, en la mejor tradición del estalinismo? ¡Venga ya!
Parecería como si muchos socialistas, estuvieran hoy de acuerdo con las concepciones políticas de Schmitt, en las que, teóricamente, el pueblo ocupa una posición de portador del poder supremo, pero a la vez aparece como incapaz de gobernarse. Por eso la voluntad general democrática, va asociada con el poder de un individuo o una minoría para plantear cuestiones al pueblo, que dependería totalmente de tales iniciativas, siendo su única facultad la de refrendar o rechazar. Porque al final, y esta es la clave, todo lo que es político se funda en la distinción entre amigo y enemigo. El Estado no es en sí mismo político, sino solo cuando puede distinguir al amigo del enemigo, tanto en cuanto al interior como al exterior. Por lo que respecta a la sociedad, al politizarse se convertiría en comunidad, y el Estado se fundaría, apoyándose en esta comunidad política, en un Pueblo. Los puros, los virtuosos, contra los enemigos.
Todo eso me retrotrae inevitablemente y para mal, a los años de mi juventud allá por los sesenta del siglo pasado. La historia estaba hecha de buenos y malos, y los malos eran los que no estaban con nosotros, el muro de Berlín garantizaba la pureza, la democracia burguesa contaminaba el aire y las cañerías. La izquierda era de izquierdas y el infierno eran los otros ¿En medio? En medio no había nada ni nadie. Puede pasar hoy en Venezuela o en Nicaragua o en Cuba, cualquier cosa que no nos guste, que si está protagonizada por los nuestros, debe ser buena. Y en mis tiempos nos ocurría con la URSS, con Cuba, Rumanía, incluso con las Brigadas Rojas, con la Baader Meinhoff, hasta con ETA… ¿Son los nuestros? ¡Algo bueno tendrán!
Hoy nos recuerda Juan Cruz en El País, que hay un libro que cura aquel mal de bajura, que acepta que lo de los nuestros es lo mejor, lo único. Ese libro es “Tumulto” (Malpaso 2015) de H. M. Enzensberger, que vivió aquellas revoluciones, convencido de quien eran los nuestros. Hasta que, pasadas las décadas, se encontró consigo mismo en el espejo y se preguntó: pero ¿dónde estaban mi corazón y mis ojos? ¿Y yo era también de los nuestros?
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 10 de Agosto del 2017.
Pero lo que me ha llevado a redactar estas líneas ha sido, básicamente, la lluvia de comentarios intolerables, demagógicos y totalitarios, que han acompañado la noticia en las redes. Y sí, ya sé que es una batalla que nunca ganaré. Pero no puedo callarme, ante lo que considero un grave ataque, al funcionamiento democrático de una organización como la del PSOE.
No voy a reproducir los comentarios más soeces y ofensivos. Sólo referiré que algunos llegaban a decir que, que bien que se fuera y nos dejara en paz a los socialistas de verdad ¡Que bonito "los socialistas de verdad"! ¿Y quien decide quienes lo son o no? ¿Quien reparte los certificados de socialistas de "verdad? Y otros le tachaban de desconocer lo que era la pureza y la ética socialista. Y yo me pregunto ¿que tribunal dictamina la pureza socialista, o que es exactamente eso de la "ética socialista"? Llevo 43 años en el PSOE, y aún nadie me ha examinado de ética, ni de pureza socialista ¿Vamos a comenzar ahora con tribunales de depuración, en la mejor tradición del estalinismo? ¡Venga ya!
Parecería como si muchos socialistas, estuvieran hoy de acuerdo con las concepciones políticas de Schmitt, en las que, teóricamente, el pueblo ocupa una posición de portador del poder supremo, pero a la vez aparece como incapaz de gobernarse. Por eso la voluntad general democrática, va asociada con el poder de un individuo o una minoría para plantear cuestiones al pueblo, que dependería totalmente de tales iniciativas, siendo su única facultad la de refrendar o rechazar. Porque al final, y esta es la clave, todo lo que es político se funda en la distinción entre amigo y enemigo. El Estado no es en sí mismo político, sino solo cuando puede distinguir al amigo del enemigo, tanto en cuanto al interior como al exterior. Por lo que respecta a la sociedad, al politizarse se convertiría en comunidad, y el Estado se fundaría, apoyándose en esta comunidad política, en un Pueblo. Los puros, los virtuosos, contra los enemigos.
Todo eso me retrotrae inevitablemente y para mal, a los años de mi juventud allá por los sesenta del siglo pasado. La historia estaba hecha de buenos y malos, y los malos eran los que no estaban con nosotros, el muro de Berlín garantizaba la pureza, la democracia burguesa contaminaba el aire y las cañerías. La izquierda era de izquierdas y el infierno eran los otros ¿En medio? En medio no había nada ni nadie. Puede pasar hoy en Venezuela o en Nicaragua o en Cuba, cualquier cosa que no nos guste, que si está protagonizada por los nuestros, debe ser buena. Y en mis tiempos nos ocurría con la URSS, con Cuba, Rumanía, incluso con las Brigadas Rojas, con la Baader Meinhoff, hasta con ETA… ¿Son los nuestros? ¡Algo bueno tendrán!
Hoy nos recuerda Juan Cruz en El País, que hay un libro que cura aquel mal de bajura, que acepta que lo de los nuestros es lo mejor, lo único. Ese libro es “Tumulto” (Malpaso 2015) de H. M. Enzensberger, que vivió aquellas revoluciones, convencido de quien eran los nuestros. Hasta que, pasadas las décadas, se encontró consigo mismo en el espejo y se preguntó: pero ¿dónde estaban mi corazón y mis ojos? ¿Y yo era también de los nuestros?
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 10 de Agosto del 2017.
lunes, 31 de julio de 2017
KARL-OTTO APEL Y LA RAZÓN DIALÓGICA
Por culpa de las angustias políticas que no cesan y no me dejan en paz, se me había olvidado que el pasado Mayo murió Karl-Otto Apel, uno de los filósofos a los que llegué vía Habermas, especialmente a su obra “La transformación de la filosofía” (Taurus).
La persona y la obra de Apel resultan inseparables de la Escuela de Fráncfort. Él y Jürgen Habermas, forman parte de la segunda generación de la misma. Sucesores o continuadores, como es sabido, de Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Max Horkheimer, Erich Fromm y, algo más tarde y desde la distancia, Walter Benjamin. La llegada del nazismo supuso la dispersión de la Escuela. Y la mayoría de sus integrantes recalaron en Estados Unidos, donde su pensamiento, de raíz hegeliano-marxista, pasó a ser denominado “teoría crítica”, posiblemente ante los problemas del término marxista en ese país.
Tras la Segunda Guerra Mundial la Escuela recuperó su vitalidad, con Habermas y Apel. Ambos trabajaron en la “ética del discurso” o “acción comunicativa”, pretendiendo dejar claro que la democracia comienza en el leguaje. Es la igualdad comunicativa lo que facilita la igualdad en la capacidad de decisión, es decir, la participación en una ética colectiva, de aspiración universalista. Es cierto que ambos coinciden mucho, pero no siempre, como muestra el curioso volumen de Apel titulado “Pensar con Habermas contra Habermas” (Siglo XXI, 1994).
Apel nació el 15 de marzo de 1922 en Düsseldorf, estudió filosofía en Bonn y se integró en la docencia, primero en la Universidad de Maguncia, luego en la de Kiel y, finalmente, en Fráncfort. En el inicio sus trabajos mostraban una clara influencia de la hermenéutica heideggeriana, pero también de la obra de Ernst Cassirer. Ambos caminos le llevaron a sus dos preocupaciones principales: el lenguaje y la ética. Y la relación entre ambas.
Hay – sostiene Apel - una afinidad interna entre la tradición del pensamiento europeo y su universalismo, que se expresa en lo que él y Habermas llamaban la ética del discurso. Tras revisar las críticas a una posible ética universal, de autores como Foucault o Lyotard, Apel defiende que el presente tiende a una ética pluralista y axiológicamente universal. El papel de la comunicación resulta crucial. La capacidad de decisión del hombre, se produce en la medida que reconoce al otro como libre e igual, y acepta debatir con él desde la racionalidad. Al final se vota, sí, pero antes es imprescindible el debate, el reconocimiento de que el lenguaje es un lugar de encuentro, confrontación y acuerdo.
Apel y Habermas iniciaron el reencuentro del marxismo con Kant, oscurecido durante años por Hegel. En Kant, Apel encuentra un camino libre a una ética de voluntad universal. O, cuando menos, a la posibilidad de superar el mero subjetivismo. Y no fue tarea fácil, no, porque, recordemos, su obra coincidió en el tiempo, con el espíritu relativista defendido por los posmodernos y, también, con la crítica encabezada por Foucault. Ya Descartes intuyó que una ética universal era problemática, y aceptó regirse por una moral provisional, pero no renunció a la posibilidad de una moral válida para todos. Es decir, no renunció a la idea del bien y a la del mal. Y en eso anduvo Apel.
Con motivo del fallecimiento de Apel, Adela Cortina ha escrito que su biografía intelectual, está jalonada por la elaboración de una propuesta filosófica, que tiene por hilo conductor la atención al lenguaje, como el lugar desde el que los seres humanos hacen ciencia y ética, desde el que son posibles la comprensión y la acción. Apel se adentró en los caminos de la hermenéutica de Dilthey, Heidegger y Gadamer, en el pragmatismo de Peirce, en la filosofía del lenguaje de Humboldt, Wittgenstein, Searle o Austin. Y en diálogo con ellos, y muy especialmente con Kant, elaboró la propuesta que apareció en su mencionada “La transformación de la filosofía” (1973).
Casado con Judith, una mujer extraordinaria, tenía tres hijas, a las que adoraba; disfrutaba compartiendo el tiempo con sus amigos; se enfurecía cuando perdía la selección alemana y le gustaba el vino tiento; pero sobre todo podía pasar horas enteras, discutiendo apasionadamente de filosofía, porque creía en su importancia, para la vida de las personas y de los pueblos. Como su colega y gran amigo Jürgen Habermas, experimentaba la necesidad de evitar recaer en situaciones como la del nacionalsocialismo, que surgió, entre otras cosas, del rechazo al pensamiento, a la argumentación y a la crítica. De ahí que Apel se haya esforzado por recordar, junto a Habermas, que los seres humanos nos hacemos desde el diálogo, y no desde el monólogo impositivo; que es preciso argumentar, y no sólo sentir, para descubrir cooperativamente, que es lo más verdadero y lo más justo.
Como por casualidad, Josep Ramoneda nos ha recordado hace poco, que no hay democracia sin conflicto. Que la democracia es más freudiana que marxista, en el sentido de que, a partir del reconocimiento del conflicto, de lo que se trata no es de superarlo, sino de encontrar los equilibrios compensatorios, que permitan seguir avanzando. Que los problemas no se resuelven, se transforman. Que la pretensión de situarse por encima del conflicto, de representar un interés de todos, es siempre la imposición de unos intereses determinados, sobre los demás. Lo decía Claude Lefort: La democracia siempre está abierta a la incertidumbre. Y si la incertidumbre desaparece, también la democracia. Por eso la tentación carismática, la pretensión de sustituir la confrontación de intereses, por un supuesto interés general, marca siempre una deriva hacia el autoritarismo.
En el PSOE no debemos jamás olvidar, que dentro de la organización necesitamos conservar una democracia incluyente, en la que el debate y la confrontación política, no supongan la marginación, descalificación y exclusión de nadie. Hoy ya no se decapitan reyes, se construyen hegemonías. O lo que es lo mismo, los que consigan determinar el sentido de las palabras, imponer dialécticamente su relato, ganan.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 21 de Julio del 2017.
La persona y la obra de Apel resultan inseparables de la Escuela de Fráncfort. Él y Jürgen Habermas, forman parte de la segunda generación de la misma. Sucesores o continuadores, como es sabido, de Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Max Horkheimer, Erich Fromm y, algo más tarde y desde la distancia, Walter Benjamin. La llegada del nazismo supuso la dispersión de la Escuela. Y la mayoría de sus integrantes recalaron en Estados Unidos, donde su pensamiento, de raíz hegeliano-marxista, pasó a ser denominado “teoría crítica”, posiblemente ante los problemas del término marxista en ese país.
Tras la Segunda Guerra Mundial la Escuela recuperó su vitalidad, con Habermas y Apel. Ambos trabajaron en la “ética del discurso” o “acción comunicativa”, pretendiendo dejar claro que la democracia comienza en el leguaje. Es la igualdad comunicativa lo que facilita la igualdad en la capacidad de decisión, es decir, la participación en una ética colectiva, de aspiración universalista. Es cierto que ambos coinciden mucho, pero no siempre, como muestra el curioso volumen de Apel titulado “Pensar con Habermas contra Habermas” (Siglo XXI, 1994).
Apel nació el 15 de marzo de 1922 en Düsseldorf, estudió filosofía en Bonn y se integró en la docencia, primero en la Universidad de Maguncia, luego en la de Kiel y, finalmente, en Fráncfort. En el inicio sus trabajos mostraban una clara influencia de la hermenéutica heideggeriana, pero también de la obra de Ernst Cassirer. Ambos caminos le llevaron a sus dos preocupaciones principales: el lenguaje y la ética. Y la relación entre ambas.
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| Karl-Otto Apel |
Apel y Habermas iniciaron el reencuentro del marxismo con Kant, oscurecido durante años por Hegel. En Kant, Apel encuentra un camino libre a una ética de voluntad universal. O, cuando menos, a la posibilidad de superar el mero subjetivismo. Y no fue tarea fácil, no, porque, recordemos, su obra coincidió en el tiempo, con el espíritu relativista defendido por los posmodernos y, también, con la crítica encabezada por Foucault. Ya Descartes intuyó que una ética universal era problemática, y aceptó regirse por una moral provisional, pero no renunció a la posibilidad de una moral válida para todos. Es decir, no renunció a la idea del bien y a la del mal. Y en eso anduvo Apel.
Con motivo del fallecimiento de Apel, Adela Cortina ha escrito que su biografía intelectual, está jalonada por la elaboración de una propuesta filosófica, que tiene por hilo conductor la atención al lenguaje, como el lugar desde el que los seres humanos hacen ciencia y ética, desde el que son posibles la comprensión y la acción. Apel se adentró en los caminos de la hermenéutica de Dilthey, Heidegger y Gadamer, en el pragmatismo de Peirce, en la filosofía del lenguaje de Humboldt, Wittgenstein, Searle o Austin. Y en diálogo con ellos, y muy especialmente con Kant, elaboró la propuesta que apareció en su mencionada “La transformación de la filosofía” (1973).
Casado con Judith, una mujer extraordinaria, tenía tres hijas, a las que adoraba; disfrutaba compartiendo el tiempo con sus amigos; se enfurecía cuando perdía la selección alemana y le gustaba el vino tiento; pero sobre todo podía pasar horas enteras, discutiendo apasionadamente de filosofía, porque creía en su importancia, para la vida de las personas y de los pueblos. Como su colega y gran amigo Jürgen Habermas, experimentaba la necesidad de evitar recaer en situaciones como la del nacionalsocialismo, que surgió, entre otras cosas, del rechazo al pensamiento, a la argumentación y a la crítica. De ahí que Apel se haya esforzado por recordar, junto a Habermas, que los seres humanos nos hacemos desde el diálogo, y no desde el monólogo impositivo; que es preciso argumentar, y no sólo sentir, para descubrir cooperativamente, que es lo más verdadero y lo más justo.
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| Jürgen Habermas |
En el PSOE no debemos jamás olvidar, que dentro de la organización necesitamos conservar una democracia incluyente, en la que el debate y la confrontación política, no supongan la marginación, descalificación y exclusión de nadie. Hoy ya no se decapitan reyes, se construyen hegemonías. O lo que es lo mismo, los que consigan determinar el sentido de las palabras, imponer dialécticamente su relato, ganan.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 21 de Julio del 2017.
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martes, 25 de julio de 2017
SALVAR AL SOLDADO SÁNCHEZ
Hace unos días comenté a mi amigo David Castelo en facebook, que ya en su día apoyé la candidatura de Pedro Sánchez decididamente, pero de forma crítica. Ya por entonces advertí de lo poco que me gustaban, los "pedristas” más fanáticos y esencialistas. Puros y en posesión de la verdad única, frente al sector de los impuros, equivocados y malhechores. Y ahora estos días, con ocasión de algunas primarias a nivel regional, se me han vuelto a encender todas las alarmas. Como razonar políticamente resulta fatigoso, algunos militantes pedristas decepcionados, lo entiendo, por los resultados en Valencia y Extremadura, han creído mejor recurrir a la descalificación personal y al improperio. Cuando la izquierda abandona su vocación racionalista, se activan todas mis susceptibilidades.
Así que creo llegada la hora de “salvar al soldado Sánchez”, de algunos de sus talibanes de salón. Con permiso de Benedetti: hay que defender a Pedro de la miseria y de los miserables; de las ausencias transitorias y de las definitivas; defenderle del pasmo y las pesadillas; de las dulces infamias y los graves diagnósticos; defenderle del rayo y la melancolía, de los ingenuos y de los canallas… Especialmente ponerle a resguardo de muchos de sus fans en las redes que, bajo la excusa de defender su programa, no hacen sino colocar plomo es sus alas. Y por cierto: ya no hay programa sanchista propiamente dicho, ha sido subsumido en las resoluciones del 39 Congreso, que ahora es el programa de TODO el PSOE. Les guste a unos más o menos.
El sanchismo no puede, como algunos parecen pretender, devenir en una religión que nos impida a todos una mirada limpia, que nos imponga esa sinrazón que, supuestamente, cosería un mundo de sinrazones. Por lo menos los librepensadores, entendemos la democracia, como una práctica de pública racionalidad. No nos va esa visión cainita de la política. No creemos en eso de buenos frente a malos. Personalmente soy más del debate entre verdades relativas, para llegar al final a los que los ingleses denominan "compromise" (que no tiene una buena traducción en castellano). Me enerva esa legión que ha surgido de pedristas acríticos. No lo puedo evitar. Y pienso sinceramente, que Pedro estaría de acuerdo conmigo.
Al contrario de algunos compañeros, que parecen sentirse en posición de la verdad única y exclusiva, más bien creo que la verdad es dialógica. Que es el resultado del diálogo igualitario; en otras palabras, que es la consecuencia de un diálogo en el que diferentes personas, dan argumentos basados en pretensiones de validez y no de poder. El concepto de aprendizaje dialógico, se vincula con contribuciones provenientes de varias perspectivas y disciplinas, como con la teoría de la acción dialógica (Freire, 1970); la aproximación de la indagación dialógica (Wells, 2001); con la teoría de la acción comunicativa (Habermas, 1987); la noción de la imaginación dialógica (Bakhtin, 1981) y con la teoría del “Yo Dialógico” (Soler, 2004). Además, el trabajo de una importante variedad de autores contemporáneos, está basado en concepciones dialógicas.
A mi modesto entender: El consenso se produce sobre la base de la coacción del mejor argumento, si me dejo convencer, es porque entiendo que las razones en las que se asienta mi convicción, son igualmente convincentes para cualquier hablante. El ideal de la razón está inscrito en la interacción lingüística, y la alternativa al diálogo, no es otra que la sinrazón y la violencia. Para Habermas, uno de mis más apreciados mentores, la comunicación lleva inscrita en su piel, la promesa de resolver con razones las perturbaciones. Quien habla pisa una dimensión en la que aparecen claros los conceptos verdad/mentira, justicia e injusticia. El lenguaje nos da la posibilidad de consensuar normas de comportamiento y de propiciar, por tanto, el progreso histórico. Habermas da un nuevo sentido a la frase de Aristóteles: “el hombre, porque habla, sabe de lo justo y de lo injusto”. Sobre el lenguaje, Habermas establece la posibilidad de crear una ética, una política y una teoría consensual de la verdad.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 18 de Julio del 2017.
Así que creo llegada la hora de “salvar al soldado Sánchez”, de algunos de sus talibanes de salón. Con permiso de Benedetti: hay que defender a Pedro de la miseria y de los miserables; de las ausencias transitorias y de las definitivas; defenderle del pasmo y las pesadillas; de las dulces infamias y los graves diagnósticos; defenderle del rayo y la melancolía, de los ingenuos y de los canallas… Especialmente ponerle a resguardo de muchos de sus fans en las redes que, bajo la excusa de defender su programa, no hacen sino colocar plomo es sus alas. Y por cierto: ya no hay programa sanchista propiamente dicho, ha sido subsumido en las resoluciones del 39 Congreso, que ahora es el programa de TODO el PSOE. Les guste a unos más o menos.
El sanchismo no puede, como algunos parecen pretender, devenir en una religión que nos impida a todos una mirada limpia, que nos imponga esa sinrazón que, supuestamente, cosería un mundo de sinrazones. Por lo menos los librepensadores, entendemos la democracia, como una práctica de pública racionalidad. No nos va esa visión cainita de la política. No creemos en eso de buenos frente a malos. Personalmente soy más del debate entre verdades relativas, para llegar al final a los que los ingleses denominan "compromise" (que no tiene una buena traducción en castellano). Me enerva esa legión que ha surgido de pedristas acríticos. No lo puedo evitar. Y pienso sinceramente, que Pedro estaría de acuerdo conmigo.
Al contrario de algunos compañeros, que parecen sentirse en posición de la verdad única y exclusiva, más bien creo que la verdad es dialógica. Que es el resultado del diálogo igualitario; en otras palabras, que es la consecuencia de un diálogo en el que diferentes personas, dan argumentos basados en pretensiones de validez y no de poder. El concepto de aprendizaje dialógico, se vincula con contribuciones provenientes de varias perspectivas y disciplinas, como con la teoría de la acción dialógica (Freire, 1970); la aproximación de la indagación dialógica (Wells, 2001); con la teoría de la acción comunicativa (Habermas, 1987); la noción de la imaginación dialógica (Bakhtin, 1981) y con la teoría del “Yo Dialógico” (Soler, 2004). Además, el trabajo de una importante variedad de autores contemporáneos, está basado en concepciones dialógicas.
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| Jürgen Habermas |
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 18 de Julio del 2017.
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miércoles, 5 de julio de 2017
A VUELTAS CON LA TRANSICIÓN
Por experiencia propia, sé lo difícil que es transmitir a quienes no vivieron los largos años del franquismo, la euforia que se desató en las primeras elecciones auténticamente democráticas. Por fin votar de verdad, escuchar en campaña algo tan simple como los acordes de “La Internacional”, tener un Parlamento homologable, con todos los requisitos exigibles a las democracias representativas. Por fin España dejaba de ser una anomalía en el sur de Europa.
Había sido siempre nuestra diferencia (“Spain is different” que decía Fraga) lo que nos convertía en un caso excepcional en la historia de Europa: Una demostrada y reiterada incapacidad para la democracia, una atávica necesidad de ser gobernados por hombres fuertes: los “espadones”- generales – del siglo XIX, Primo de Rivera y Franco en los comienzos del XX. Muchos estaban convencidos – el hispanista Richard Herr entro otros – de que cuando Franco muriera, los españoles, por naturaleza rebeldes y políticamente volubles, volveríamos a nuestros antiguos hábitos. Nadie daba un duro por lo que en España pudiera ocurrir. Hasta alguien tan a resguardo de retóricas demagógicas, como el gran Giovanni Sartori, sentenció en 1974, en su imprescindible obra “Partidos y Sistemas de Partidos”, que los españoles volverían a la pauta de los años treinta, dando vida de nuevo, a un sistema pluripartidista y muy polarizado, directamente destinado de nuevo al caos.
Una voz, sin embargo, había desentonado en el coro de historiadores y científicos sociales y políticos, que elucubraban sobre el futuro: la de Juan Linz, que pronosticó, en 1967, que cualquier sistema de partidos que se estableciera en el futuro en España, tendría que girar inevitablemente, en torno a dos tendencias dominantes: el socialismo y la democracia cristiana. Sobre ellas se había construido la nueva Europa, de la que tantos españoles deseábamos formar parte.
Un sistema a la italiana era la gran expectativa del PCE, que soñaba con repetir en España, el “compromesso storico” de Berlinguer en Italia. No muy diferentes eran las expectativas de Adolfo Suárez: un partido que desempeñara el papel jugado por la democracia cristiana en Italia y Alemania, y fomentar en la izquierda, una permanente y equilibrada división entre socialistas y comunistas. Pero que ocurriera lo de Alemania, era lo que anhelábamos los socialistas del PSOE. Al final, como ya sabemos, fueron las dos opciones sobre las que en Europa se había reconstruido la democracia y el Estado social, las que resultaron vencedoras el 15 de Junio de 1977. La UCD que arrebató el centro derecha a la Democracia Cristina (La “Federación de la Democracia Cristiana”, liderada por Joaquín Ruiz Giménez y José María Gil Robles, antiguo líder de la CEDA, contra todo pronóstico, no obtuvo ningún diputado) y el PSOE.
Con estos resultados, como bien explica el historiador Santos Juliá, se disolvió, además de la famosa “sopa de letras” (más de ochenta candidaturas se habían presentado a las elecciones) el proyecto de reforma política, aprobado en referéndum seis meses antes. Nunca más se volvió a hablar de “reforma constitucional”, una manera perversa de referirse a las Leyes Fundamentales de la dictadura. Los diputados se declararon, nos declaramos, constituyentes y decidieron poner en marcha, la principal y nunca abandonada reivindicación de la oposición: “la apertura de un proceso constituyente”, que se formuló en el acuerdo alcanzado entre monárquicos y socialistas en 1948, y se reiteró en todos los planes de transición, alumbrados en las décadas siguientes.
Aquellas Cortes elegidas, tiraron adelante con lo que muy pronto recibió el nombre, luego tan denostado, de política de “consenso” (el conocido “compromise” inglés, concepto que significa que ambos lados ceden en una negociación, para que todos salgan ganando, y que en castellano no tiene una traducción satisfactoria). Y esa fue la gran diferencia, que liquidó todas las diferencias, que históricamente manteníamos con la historia democrática europea. Políticos españoles y políticas de pacto, parecían excluirse mutuamente en nuestro discurso político y en nuestra historia, desde los orígenes del Estado liberal. Que ni la tradición ni la historia determinaran el futuro, y que era posible construir un Estado tramando acuerdos: eso fue lo que indicaba, y así lo comprendimos, el mandato de los electores, cuando, rompiendo lo que tantos observadores extranjeros consideraban como áspera excepcionalidad española, depositaron sus votos mayoritariamente en dos partidos, a los que empujaron a entenderse. Como alguien dijo: ¡puaf que aburrimiento, ya sois como los europeos!
Aquella democracia tan esperada, que supo ponerse al día con sorprendente rapidez – como escribe la gran Victoria Camps – hoy adolece de cierta adhesión ciudadana. El fenómeno populista pretende corregir con el encendimiento de las masas, lo que sólo se corrige bien con diagnósticos audaces y desinteresados. La sociedad siempre está enferma y, precisamente, la democracia se inventó para reparar algunas de sus dolencias. Para ello cuenta con un procedimiento, para elegir los representantes de la ciudadanía, y con los contenidos que protege todo Estado de derecho. En aquellas Cortes Constituyentes, se pactó la voluntad de establecer y mantener a salvo ambos elementos. Ya forman parte de nuestra esencia política, pero no basta tenerlos, hay que saber demostrar que son útiles para responder a los conflictos y problemas, que nos van saliendo al paso.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 30 de Junio del 2017.
Había sido siempre nuestra diferencia (“Spain is different” que decía Fraga) lo que nos convertía en un caso excepcional en la historia de Europa: Una demostrada y reiterada incapacidad para la democracia, una atávica necesidad de ser gobernados por hombres fuertes: los “espadones”- generales – del siglo XIX, Primo de Rivera y Franco en los comienzos del XX. Muchos estaban convencidos – el hispanista Richard Herr entro otros – de que cuando Franco muriera, los españoles, por naturaleza rebeldes y políticamente volubles, volveríamos a nuestros antiguos hábitos. Nadie daba un duro por lo que en España pudiera ocurrir. Hasta alguien tan a resguardo de retóricas demagógicas, como el gran Giovanni Sartori, sentenció en 1974, en su imprescindible obra “Partidos y Sistemas de Partidos”, que los españoles volverían a la pauta de los años treinta, dando vida de nuevo, a un sistema pluripartidista y muy polarizado, directamente destinado de nuevo al caos.
Una voz, sin embargo, había desentonado en el coro de historiadores y científicos sociales y políticos, que elucubraban sobre el futuro: la de Juan Linz, que pronosticó, en 1967, que cualquier sistema de partidos que se estableciera en el futuro en España, tendría que girar inevitablemente, en torno a dos tendencias dominantes: el socialismo y la democracia cristiana. Sobre ellas se había construido la nueva Europa, de la que tantos españoles deseábamos formar parte.
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| Santos Juliá |
Con estos resultados, como bien explica el historiador Santos Juliá, se disolvió, además de la famosa “sopa de letras” (más de ochenta candidaturas se habían presentado a las elecciones) el proyecto de reforma política, aprobado en referéndum seis meses antes. Nunca más se volvió a hablar de “reforma constitucional”, una manera perversa de referirse a las Leyes Fundamentales de la dictadura. Los diputados se declararon, nos declaramos, constituyentes y decidieron poner en marcha, la principal y nunca abandonada reivindicación de la oposición: “la apertura de un proceso constituyente”, que se formuló en el acuerdo alcanzado entre monárquicos y socialistas en 1948, y se reiteró en todos los planes de transición, alumbrados en las décadas siguientes.
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| Victoria Camps |
Aquella democracia tan esperada, que supo ponerse al día con sorprendente rapidez – como escribe la gran Victoria Camps – hoy adolece de cierta adhesión ciudadana. El fenómeno populista pretende corregir con el encendimiento de las masas, lo que sólo se corrige bien con diagnósticos audaces y desinteresados. La sociedad siempre está enferma y, precisamente, la democracia se inventó para reparar algunas de sus dolencias. Para ello cuenta con un procedimiento, para elegir los representantes de la ciudadanía, y con los contenidos que protege todo Estado de derecho. En aquellas Cortes Constituyentes, se pactó la voluntad de establecer y mantener a salvo ambos elementos. Ya forman parte de nuestra esencia política, pero no basta tenerlos, hay que saber demostrar que son útiles para responder a los conflictos y problemas, que nos van saliendo al paso.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 30 de Junio del 2017.
domingo, 25 de junio de 2017
UN CIERTO REGUSTO A "DÉJÀ VU".
En cuarenta años desde las primeras elecciones democráticas en España, muchas son las cosas que han cambiado en el mundo. Hemos sufrido, sufrimos, una crisis económica no vista desde 1929, una revolución tecnológica impresionante, una globalización imparable, la emergencia de nuevas organizaciones políticas… etc. Y, sin embargo, especialmente en política, no puedo evitar experimentar un cierto regusto a algo ya vivido a, como dicen los franceses, un “déjà vu”.
Contestaba el otro día Manu Escudero en una entrevista: “Lo que ha pasado (se refería al PSOE) se estudiará en los libros de historia porque es algo vivo, novedoso, no premeditado y con un impacto político evidente. Es un hecho singular”. Ya he escrito yo en ocasiones anteriores, que las primarias en el PSOE me han parecido un ejercicio fabuloso de democracia interna, algo que sí, seguramente, tendrán presente en el futuro los analistas políticos. Pero ¿un hecho singular? Sí en los tiempos actuales, pero no si repasamos nuestra historia no tan lejana. No si estudiamos lo sustancial de la historia, y no nos limitamos a ver lo más accidental de la misma. Unamuno – que no era historiador, pero sí algo sabía del tema – decía que no hay que entender la historia, exclusivamente como lo que acontece en la superficie, lo que mete ruido, la agitación de los bullangueros. Él llamaba “intrahistoria” (“Evolución y revolución” 1886) a la dimensión interna de la historia. Y lo ilustraba con la conocida metáfora, del contraste entre la superficie agitada del mar y la quietud de las aguas abisales. Tal idea no es de Marx ¡bien sûre! y ni siquiera por completo de Unamuno, que la había encontrado esbozada en la demótica de Machado Álvarez y en “Guerra y Paz” de Tolstoi. Pero es de ahí, pienso, de donde me viene ese regusto a algo ya conocido ¡Ah los muchos años!
Los medios y los analistas peor documentados, se escandalizan de lo que ha pasado últimamente en el PSOE, y lo interpretan como algo sobrevenido en la historia. La historia que ellos conocen, claro, sólo la de los últimos 20 años. Remarcan como un lamentable error y algo nuevo, que Pedro Sánchez haya optado por dar un viraje a la izquierda, para intentar atajar la sangría de votos hacia Podemos. Pero eso de pelear primero por la hegemonía de la izquierda, tiene más años que Matusalén. En los años veinte del pasado siglo, la batalla por la izquierda, entre los socialdemócratas y los emergentes comunistas, estuvo en el orden del día, en la mayoría de países del centro, sur y oeste de Europa. Y en los años setenta el PSOE, consciente de la fuerza que había adquirido el PCE, en su lucha contra la dictadura franquista, salió del Congreso de Suresnes con un profundo giro hacia la izquierda, dispuesto a disputarle a los comunistas los votos de ese espacio. Pues ahora lo mismo, lo “déjà vu”, aclaremos quien manda en la izquierda.
Reprochan a Pedro que se haya rodeado en su ejecutiva de personas de su absoluta confianza, sin apenas margen para la integración. ¿Y qué lección esperaban que hubiera aprendido del golpe palaciego del 1 de Octubre? Pero también eso ya lo he visto. Felipe no integró a nadie en 1979, de los que se habían opuesto a la redefinición del influjo del marxismo, en nuestros principios, y que le había costado su dimisión ¡Qué yo ya estuve allí!
Disputar a UP la hegemonía del voto de izquierda, urbano y juvenil, aunque sea vía el abrazo del oso, me parece acertado como primera tare del nuevo PSOE. Lo del apoyo del centro izquierda – lo que sea que eso signifique – llegará como consecuencia. Con Felipe tuvimos que esperar de 1974 a 1982. Así que un poco de calma y paciencia.
Y todo ello siendo muy conscientes, de que siempre a nuestra izquierda habrá alguien. Pues eso del sueño romántico de la “revolución” es algo muy adictivo. En la izquierda han existido siempre dos culturas políticas disímiles y opuestas, que resultan difícilmente insolubles entre sí. Y esto no es sólo un problema español, se viene dando un poco por toda Europa. Como ya he dicho, desde los años veinte del pasado siglo, hasta finales del mismo, con la caída del Muro de Berlín, ese criterio de demarcación entra las izquierdas, separó y opuso al comunismo frente a la socialdemocracia. Pero hoy parece manifestarse mejor, por la dicotomía entre populismo – sea lo que sea lo que signifique el vocablo – y socialdemocracia.
El catedrático Enrique Gil Calvo explica bien a mí entender (y nos lo recordaba hoy Antonio Papell en el Diario de Mallorca) la diferencia entre ambas culturas de la izquierda, sintetizándola en tres rasgos definitorios:
Ante todo la identidad colectiva, el “quien somos nosotros”, como cemento capaz de soldar, integrar y erigir un sujeto político. Ambas culturas interpelan a unas mismas bases sociales heterogéneas entre sí, definibles como clase media urbana, clase obrera y/o clase popular. Pero mientras la tradición socialdemócrata trata de articularlas, estructurarlas y cohesionarlas, apelando a sus intereses comunes, en cambio el llamado, mejor o peor, “populismo”, intenta hacerlo apelando a sus aversiones comunes. Lo cual hace que la identidad populista, se caracterice por su negatividad, pues necesita fabricar un “enemigo del pueblo” (lo de la “clase contra clase” o “socialfascistas” de los viejos estalinistas).
En segundo lugar la estrategia, el modelo de sociedad que se piensa construir. La cultura socialdemócrata aspira al pluralismo universal incluyente. Un pluralismo que, para Juan Linz, es el mejor criterio de demarcación, para trazar la frontera, entre democracia y autoritarismo. Mientras que el populismo no busca desarrollar la pluralidad, sino construir la hegemonía de Gramsci, entendida como homogeneidad cultural, y de ahí su propensión a las purgas y las limpiezas excluyentes.
Y por último, la táctica o método de competir por el poder. Y la competición por el poder es siempre ambivalente, al basarse tanto en la negociación, el acuerdo y el pacto, como en la lucha, el conflicto y el antagonismo. Y de estas dos dimensiones de lo político, la cultura socialdemócrata se basa en la búsqueda de compromisos, mientras que la razón populista, tiende a exacerbar el conflicto antagónico.
O sea, nada nuevo bajo el sol, los perros de siempre con collares adaptados al siglo XXI.
Hace cuarenta años la derecha era AP, hoy PP; el centro UCD, ahora Ciudadanos; la izquierda el PSOE, hoy el mismo PSOE; y la extrema izquierda el PCE, ahora Unidos Podemos. Los nacionalismos los mismos más o menos. Y una serie de grupos residuales, como hoy. Y claro, muchos a esto lo llaman la “nueva política”. ¡Vamos anda!
Lo que decía: Un cierto regusto a un “déjà vu”.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 24 de Junio del 2017.
Contestaba el otro día Manu Escudero en una entrevista: “Lo que ha pasado (se refería al PSOE) se estudiará en los libros de historia porque es algo vivo, novedoso, no premeditado y con un impacto político evidente. Es un hecho singular”. Ya he escrito yo en ocasiones anteriores, que las primarias en el PSOE me han parecido un ejercicio fabuloso de democracia interna, algo que sí, seguramente, tendrán presente en el futuro los analistas políticos. Pero ¿un hecho singular? Sí en los tiempos actuales, pero no si repasamos nuestra historia no tan lejana. No si estudiamos lo sustancial de la historia, y no nos limitamos a ver lo más accidental de la misma. Unamuno – que no era historiador, pero sí algo sabía del tema – decía que no hay que entender la historia, exclusivamente como lo que acontece en la superficie, lo que mete ruido, la agitación de los bullangueros. Él llamaba “intrahistoria” (“Evolución y revolución” 1886) a la dimensión interna de la historia. Y lo ilustraba con la conocida metáfora, del contraste entre la superficie agitada del mar y la quietud de las aguas abisales. Tal idea no es de Marx ¡bien sûre! y ni siquiera por completo de Unamuno, que la había encontrado esbozada en la demótica de Machado Álvarez y en “Guerra y Paz” de Tolstoi. Pero es de ahí, pienso, de donde me viene ese regusto a algo ya conocido ¡Ah los muchos años!
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| XIII Congreso en Suresnes |
Reprochan a Pedro que se haya rodeado en su ejecutiva de personas de su absoluta confianza, sin apenas margen para la integración. ¿Y qué lección esperaban que hubiera aprendido del golpe palaciego del 1 de Octubre? Pero también eso ya lo he visto. Felipe no integró a nadie en 1979, de los que se habían opuesto a la redefinición del influjo del marxismo, en nuestros principios, y que le había costado su dimisión ¡Qué yo ya estuve allí!
Disputar a UP la hegemonía del voto de izquierda, urbano y juvenil, aunque sea vía el abrazo del oso, me parece acertado como primera tare del nuevo PSOE. Lo del apoyo del centro izquierda – lo que sea que eso signifique – llegará como consecuencia. Con Felipe tuvimos que esperar de 1974 a 1982. Así que un poco de calma y paciencia.
Y todo ello siendo muy conscientes, de que siempre a nuestra izquierda habrá alguien. Pues eso del sueño romántico de la “revolución” es algo muy adictivo. En la izquierda han existido siempre dos culturas políticas disímiles y opuestas, que resultan difícilmente insolubles entre sí. Y esto no es sólo un problema español, se viene dando un poco por toda Europa. Como ya he dicho, desde los años veinte del pasado siglo, hasta finales del mismo, con la caída del Muro de Berlín, ese criterio de demarcación entra las izquierdas, separó y opuso al comunismo frente a la socialdemocracia. Pero hoy parece manifestarse mejor, por la dicotomía entre populismo – sea lo que sea lo que signifique el vocablo – y socialdemocracia.
El catedrático Enrique Gil Calvo explica bien a mí entender (y nos lo recordaba hoy Antonio Papell en el Diario de Mallorca) la diferencia entre ambas culturas de la izquierda, sintetizándola en tres rasgos definitorios:
Ante todo la identidad colectiva, el “quien somos nosotros”, como cemento capaz de soldar, integrar y erigir un sujeto político. Ambas culturas interpelan a unas mismas bases sociales heterogéneas entre sí, definibles como clase media urbana, clase obrera y/o clase popular. Pero mientras la tradición socialdemócrata trata de articularlas, estructurarlas y cohesionarlas, apelando a sus intereses comunes, en cambio el llamado, mejor o peor, “populismo”, intenta hacerlo apelando a sus aversiones comunes. Lo cual hace que la identidad populista, se caracterice por su negatividad, pues necesita fabricar un “enemigo del pueblo” (lo de la “clase contra clase” o “socialfascistas” de los viejos estalinistas).
En segundo lugar la estrategia, el modelo de sociedad que se piensa construir. La cultura socialdemócrata aspira al pluralismo universal incluyente. Un pluralismo que, para Juan Linz, es el mejor criterio de demarcación, para trazar la frontera, entre democracia y autoritarismo. Mientras que el populismo no busca desarrollar la pluralidad, sino construir la hegemonía de Gramsci, entendida como homogeneidad cultural, y de ahí su propensión a las purgas y las limpiezas excluyentes.
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| 39 Congreso |
O sea, nada nuevo bajo el sol, los perros de siempre con collares adaptados al siglo XXI.
Hace cuarenta años la derecha era AP, hoy PP; el centro UCD, ahora Ciudadanos; la izquierda el PSOE, hoy el mismo PSOE; y la extrema izquierda el PCE, ahora Unidos Podemos. Los nacionalismos los mismos más o menos. Y una serie de grupos residuales, como hoy. Y claro, muchos a esto lo llaman la “nueva política”. ¡Vamos anda!
Lo que decía: Un cierto regusto a un “déjà vu”.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 24 de Junio del 2017.
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lunes, 12 de junio de 2017
PSOE (II). EL RELATO
Pasaron las primarias. En toda elección, al menos en las más, se vota futuro. La campaña de Susana Díaz estuvo lastrada por el pasado. En muchos momentos me recordaba a Bono en el 2000: sólo ofrecía una salida autoritaria y aparatera a la crisis del partido. Algo que, debiera haber pensado, no lo iban a votar los militantes. Así que ahora toca pensar en el próximo futuro: el 39 Congreso. Y como escribí un par de veces, estas Primarias han tenido mucho de “proceso constituyente”. Y de esta forma, me parece, deberíamos afrontar el próximo Congreso. De él debería nacer, algo así como una nueva Constitución del PSOE.
Estamos asistiendo, no sólo en España, a una rebelión frente a visiones de la política, en clave de “lo que hay que hacer”. Vivimos días de eso que algún freudiano llamaría “el retorno de lo reprimido”, lo soterrado, lo pasional, que se está cobrando su venganza después de tanta despolitización tecnocrática, moderación y “consenso de centro”. Hoy, para bien o para mal - como escribe Fernando Vallespín - ya imperan otras lógicas mucho más discursivas, preformativas, y de apelación a los afectos. Pedro Sánchez ha sabido marcar el campo político, a partir de una escisión ¿maniquea? entre un “nosotros”, las buenas bases, y un “ellos”, el aparato, señalando así un adversario al que equiparó con el verdadero enemigo, el PP. Acertó, como se ha visto, en la “construcción discursiva del enemigo”, como diría Laclau. Y es que la estrategia de cualquier buen general, consiste en aprovechar el conflicto que abre el contrincante, para redefinirlo. Para volver a establecer el relato adecuado. El futuro – como diría Víctor Hugo – tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad.
Estas últimas semanas he recordado con frecuencia, aquel principio de la evolución, según el cual la necesidad crea el órgano. Algo así subrayaba Josep Borrell, en la presentación de su último libro en Barcelona: La hegemonía de las políticas económicas neoliberales, ha provocado la respuesta y el crecimiento, de los que dicen “sí se puede” combatirlas y sustituirlas, mientras el partido socialista, corría el riesgo de quedarse como un partido conformista, el de los que dicen “no se puede”.
Para recuperar la confianza de nuestros votantes, no nos basta, a los socialistas, apelar a nuestro magnífico legado, que los ciudadanos ya han interiorizado y dado por amortizado. Necesitamos liderazgos nuevos y el principal ya lo tenemos. Pero nos son necesarias también ideas nuevas. Un nuevo relato para ser percibidos como una fuerza transformadora y de futuro. Para volver al poder nos es necesario un relato actualizado, que salte por encima de clichés ideológicos ya algo apolillados, y rigideces organizativas arcaicas. Como escribió Macron en la revista de filosofía “Esprit”: “En contra de lo que sostiene una crítica posmoderna de los grandes relatos, nosotros esperamos de la política que anuncie grandes historias”.
Escribía Luis Yáñez ya en 2001, en su libro sobre las primarias Almunia/Borrell, que la política se estaba convirtiendo en un puro oportunismo, con los profesionales de la misma, al servicio de los poderes económicos, mediáticos o financieros. Y los partidos políticos en meras, y no muy buenas, maquinarias electorales, en las que las referencias a las ideas, no sólo son cada vez más escasas sino, lo que es peor, están mal vistas, e incluso son ridiculizadas por los numerosos cínicos, que pululan en la cosa pública.
Tenemos que ser muy conscientes de que a ningún poder constituido, le ha alegrado la elección de Pedro Sánchez. No sólo al aparato del partido, entendiendo como tal el conjunto de cuadros, que ven en peligro su poder y su supervivencia, ante el triunfo de alguien surgido de un ejercicio de pura democracia, y no de los filtros que ellos controlan. Tampoco les ha gustado nada a los otros partidos, especialmente al PP y Podemos. Y menos quizá a los poderes económicos y mediáticos, que saben muy bien que pueden presionar a un político cooptado por sus pares, con mucha más facilidad que a quien no debe su elección a nadie, porque se la debe a todos.
En el 39 Congreso Pedro debe recordar, aunque estoy seguro que ya lo sabe, y si no que se lo pregunte a Borrell, algo que modestamente escribí en mi muro de Facebook hace poco: el poder no se negocia ni se discute, se ocupa, y la autoridad no se solicita, se ejerce. Así que no debe mirar a los lados, para saber que piensan otros, pues el liderazgo se ejerce en soledad, aunque requiera los asesoramientos necesarios, y tenga que convencer a los órganos de dirección y control: La Ejecutiva y el Comité Federal. O sea, debe comportarse como un auténtico líder, para eso lo hemos elegido, ejercer como tal en todo momento. Y esto, me parece, tiene mucho más que ver con la actitud, con la expresión corporal y con los gestos, cosas todas ellas que no se aprenden en los libros.
Decía el gran Maurice de Talleyrand: “En política uno muere para resucitar”. Y él sabía bien de que hablaba. Pedro debe ocuparse básicamente, de comunicar el nuevo relato. No se puede hacer política sin comunicación. Convertir complicadas estrategias en sencillos mensajes. Argumentos jurídicos en eslóganes. Y largos documentos en tuits. El liderazgo de un país y de un partido político, no consiste sólo en la gestión de las cosas corrientes, es, sobre todo, orientar a la gente, hacer pedagogía política, marcar horizontes, señalar cuales son las metas colectivas, el proyecto de país, hacia donde vamos… el relato. La Política, así con mayúscula, no es esencialmente gestión, aunque, por supuesto, haya que gestionar bien, sino la previsión del futuro. Lo que marca la diferencia, opino, entre burocracia y política, es que ésta debe adelantarse a los problemas, prever los cambios que la sociedad está produciendo, interpretar los signos de los tiempos, y plantear a la ciudadanía un horizonte de futuro.
El discurso político no puede ser sólo un discurso técnico, que encadena medidas. Es una visión de la sociedad y de su transformación. Sí creo que el PSOE debe redactar concienzudamente un programa actualizado (casi todo ya está en el documento de la candidatura de Pedro), y convertirlo en un nuevo relato. Dar luz a todo lo que los ciudadanos han entendido, implicaba el eslogan del “No es No”. Porque un relato no sólo sirve para dar explicaciones, o para hacer pedagogía, que también. Un relato sirve para cambiar los términos de la discusión. Como nos recordaba hace un tiempo Víctor Lapuente: el pensador William Riker lo llamó “herestética”, o habilidad de presentar un dilema político, desde un prisma nuevo. Trabajar para seguir siendo alternativa a la derecha, nos exige dotar de nuevos contenidos a nuestro proyecto político, desmarcándonos sin complejos del PP, y tratando de imponer un nuevo lenguaje. “No pienses en un elefante”, como explica George Lakoff en su libro con ese título.
Vivimos en unos momentos de discursos vacíos, gritos, insultos y postureos, pero de muy pocas narraciones formadas. Esta ausencia de narrativas, que den cuenta de donde estamos o hacia donde nos dirigimos, explica en buena medida, el ritmo acelerado de las transformaciones actuales, que no llegan jamás a solidificarse en algo concreto (Y por cierto, en el documento presentado ya hace unos meses por Pedro Sánchez, se habla al inicio de eso: de una nueva “narrativa”, de un nuevo “relato” para el PSOE). Y esa falta de “narrativa", también revela el desarraigo vital circundante y la identidad disuelta. Como nos recordaba Máriam Martínez-Bascuñán: “Se le envejecen a uno las palabras en la boca”.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 7 de Junio del 2017.
Estamos asistiendo, no sólo en España, a una rebelión frente a visiones de la política, en clave de “lo que hay que hacer”. Vivimos días de eso que algún freudiano llamaría “el retorno de lo reprimido”, lo soterrado, lo pasional, que se está cobrando su venganza después de tanta despolitización tecnocrática, moderación y “consenso de centro”. Hoy, para bien o para mal - como escribe Fernando Vallespín - ya imperan otras lógicas mucho más discursivas, preformativas, y de apelación a los afectos. Pedro Sánchez ha sabido marcar el campo político, a partir de una escisión ¿maniquea? entre un “nosotros”, las buenas bases, y un “ellos”, el aparato, señalando así un adversario al que equiparó con el verdadero enemigo, el PP. Acertó, como se ha visto, en la “construcción discursiva del enemigo”, como diría Laclau. Y es que la estrategia de cualquier buen general, consiste en aprovechar el conflicto que abre el contrincante, para redefinirlo. Para volver a establecer el relato adecuado. El futuro – como diría Víctor Hugo – tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad.
Estas últimas semanas he recordado con frecuencia, aquel principio de la evolución, según el cual la necesidad crea el órgano. Algo así subrayaba Josep Borrell, en la presentación de su último libro en Barcelona: La hegemonía de las políticas económicas neoliberales, ha provocado la respuesta y el crecimiento, de los que dicen “sí se puede” combatirlas y sustituirlas, mientras el partido socialista, corría el riesgo de quedarse como un partido conformista, el de los que dicen “no se puede”.
Para recuperar la confianza de nuestros votantes, no nos basta, a los socialistas, apelar a nuestro magnífico legado, que los ciudadanos ya han interiorizado y dado por amortizado. Necesitamos liderazgos nuevos y el principal ya lo tenemos. Pero nos son necesarias también ideas nuevas. Un nuevo relato para ser percibidos como una fuerza transformadora y de futuro. Para volver al poder nos es necesario un relato actualizado, que salte por encima de clichés ideológicos ya algo apolillados, y rigideces organizativas arcaicas. Como escribió Macron en la revista de filosofía “Esprit”: “En contra de lo que sostiene una crítica posmoderna de los grandes relatos, nosotros esperamos de la política que anuncie grandes historias”.
Escribía Luis Yáñez ya en 2001, en su libro sobre las primarias Almunia/Borrell, que la política se estaba convirtiendo en un puro oportunismo, con los profesionales de la misma, al servicio de los poderes económicos, mediáticos o financieros. Y los partidos políticos en meras, y no muy buenas, maquinarias electorales, en las que las referencias a las ideas, no sólo son cada vez más escasas sino, lo que es peor, están mal vistas, e incluso son ridiculizadas por los numerosos cínicos, que pululan en la cosa pública.
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| Un servidor es el quinto contando por la derecha |
En el 39 Congreso Pedro debe recordar, aunque estoy seguro que ya lo sabe, y si no que se lo pregunte a Borrell, algo que modestamente escribí en mi muro de Facebook hace poco: el poder no se negocia ni se discute, se ocupa, y la autoridad no se solicita, se ejerce. Así que no debe mirar a los lados, para saber que piensan otros, pues el liderazgo se ejerce en soledad, aunque requiera los asesoramientos necesarios, y tenga que convencer a los órganos de dirección y control: La Ejecutiva y el Comité Federal. O sea, debe comportarse como un auténtico líder, para eso lo hemos elegido, ejercer como tal en todo momento. Y esto, me parece, tiene mucho más que ver con la actitud, con la expresión corporal y con los gestos, cosas todas ellas que no se aprenden en los libros.
Decía el gran Maurice de Talleyrand: “En política uno muere para resucitar”. Y él sabía bien de que hablaba. Pedro debe ocuparse básicamente, de comunicar el nuevo relato. No se puede hacer política sin comunicación. Convertir complicadas estrategias en sencillos mensajes. Argumentos jurídicos en eslóganes. Y largos documentos en tuits. El liderazgo de un país y de un partido político, no consiste sólo en la gestión de las cosas corrientes, es, sobre todo, orientar a la gente, hacer pedagogía política, marcar horizontes, señalar cuales son las metas colectivas, el proyecto de país, hacia donde vamos… el relato. La Política, así con mayúscula, no es esencialmente gestión, aunque, por supuesto, haya que gestionar bien, sino la previsión del futuro. Lo que marca la diferencia, opino, entre burocracia y política, es que ésta debe adelantarse a los problemas, prever los cambios que la sociedad está produciendo, interpretar los signos de los tiempos, y plantear a la ciudadanía un horizonte de futuro.
El discurso político no puede ser sólo un discurso técnico, que encadena medidas. Es una visión de la sociedad y de su transformación. Sí creo que el PSOE debe redactar concienzudamente un programa actualizado (casi todo ya está en el documento de la candidatura de Pedro), y convertirlo en un nuevo relato. Dar luz a todo lo que los ciudadanos han entendido, implicaba el eslogan del “No es No”. Porque un relato no sólo sirve para dar explicaciones, o para hacer pedagogía, que también. Un relato sirve para cambiar los términos de la discusión. Como nos recordaba hace un tiempo Víctor Lapuente: el pensador William Riker lo llamó “herestética”, o habilidad de presentar un dilema político, desde un prisma nuevo. Trabajar para seguir siendo alternativa a la derecha, nos exige dotar de nuevos contenidos a nuestro proyecto político, desmarcándonos sin complejos del PP, y tratando de imponer un nuevo lenguaje. “No pienses en un elefante”, como explica George Lakoff en su libro con ese título.
Vivimos en unos momentos de discursos vacíos, gritos, insultos y postureos, pero de muy pocas narraciones formadas. Esta ausencia de narrativas, que den cuenta de donde estamos o hacia donde nos dirigimos, explica en buena medida, el ritmo acelerado de las transformaciones actuales, que no llegan jamás a solidificarse en algo concreto (Y por cierto, en el documento presentado ya hace unos meses por Pedro Sánchez, se habla al inicio de eso: de una nueva “narrativa”, de un nuevo “relato” para el PSOE). Y esa falta de “narrativa", también revela el desarraigo vital circundante y la identidad disuelta. Como nos recordaba Máriam Martínez-Bascuñán: “Se le envejecen a uno las palabras en la boca”.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 7 de Junio del 2017.
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lunes, 5 de junio de 2017
PSOE (I). PRIMARIAS
De las pasadas primarias se ha dicho ya casi todo. Así que me limitaré a decir alguna cosa más sobre ellas. Y en un par de días, me centraré en lo que creo es importante retener, cara al 39 Congreso.
La proeza de Pedro Sánchez, así me parece a mí, ha sido la victoria de la esperanza frente al miedo. El francés tiene una palabra que creo define muy bien esta hazaña: “panache”. Que significa sí, penacho. Pero también brío, resplandor, arrogancia, las virtudes de algunos héroes legendarios, y que Pedro atesora en grandes dimensiones. La audacia, la resolución y el sentido del riesgo, parecen haberse puesto de moda de nuevo (en Macron hay también mucho de ello) después de una larga época en la que eran la timidez, el quietismo y la seguridad, lo que daba réditos a los gobernantes.
Las primarias han refutado también, la antigua y clásica tesis del politólogo John May, según la cual los cargos medios y los militantes de los partidos, suelen tener posiciones más extremas, que los votantes y los líderes de los mismos. Les interesaría más a los primeros la pureza del partido, que ganar las elecciones. Y por ende, si es la militancia la que elige a sus representantes, necesariamente lo hará optando por candidatos radicales, incapaces de triunfar. Esta tesis, lo recuerdo bien, data de los pasados años ochenta, esgrimida con referencia a los candidatos laboristas británicos (Michel Foot) de aquello años. Ya entonces la tesis fue muy discutida, y no parecía compadecerse con lo que ocurría en otros partidos. Pero a día de hoy, y visto lo visto, no está nada claro que los sectores más “radicalizados”, queden confinados a la militancia. Las primarias han demostrado, a mi parecer, que con cierta frecuencia los líderes de un partido (Susana y los barones en el PSOE, Pablo Iglesias en Podemos) tienen posiciones más “radicalizadas”, más desajustadas de sus votantes, que las de un simple afiliado.
Estas primarias con un 80% de participación, tras muchas semanas de debates, a veces incluso algo broncos, nada edulcorados, han sido un auténtico ejemplo de democracia. Recordemos que la votación se realizaba “in person”, a pie de urna, incluso y con frecuencia, después de haberse desplazado kilómetros para votar. Así que nada que ver con cualquier simulacro de participación insignificante, como ese 1% de afiliados del PP, que participaron en la elección de sus compromisarios de su último Congreso; o esas pseudo-consultas en la red (con un simple clic de ordenador en la comodidad de casa) que organiza Podemos, con participaciones rara vez superiores al 35%.
Supongo que ya tengo demasiados años, pero de verdad no logro entender, en que mundo vivían los compañeros del aparato. ¿Cómo pudieron ignorar una realidad que se palpaba, se bebía a borbotones por doquier? De haber tenido un mínimo sentido de la realidad, tendrían que haber detectado la fatiga, el hartazgo, el cabreo de buena parte de la militancia, ante unas baronías que se remontan a décadas atrás. ¿De verdad a los “apparatchiki” les sorprende, que Pedro haya arrollados a Susana con una diferencia de más del 10%? Vamos anda. Simples militantes y simpatizantes, fueron capaces (desde el puro sentido común, que diría G.E. Moore) de ver algo en Pedro, que se le ha escapado al aparato y a la supuesta “intelligentsia” progresista. Pues eso: Pedro ha ganado, y un montón de próceres, notables y referentes intelectuales, han salido del envite carbonizados.
Pedro Sánchez ha resucitado al tercer día (al tercer mes) como el mesías. O como “la rosa de Paracelso”, ese cuento de Borges, alegoría de la fe. Tenerla no requiere de pruebas. Por eso el viejo Paracelso – como nos recordaba Rubén Amón – se resistió a obrar el milagro que le reclamaba un discípulo: “Demuéstrame que puedes devolver a la vida, la rosa que acabo de arrojar al fuego”. Y no lo hizo el sabio. O sí lo hizo, cuando el ambicioso alumno ya se había marchado.
Nadie ha creído en Pedro, más que él en sí mismo. Cuando tantos y tantos ridiculizaban su viaje de pastor mormón, pueblo a pueblo, casa a casa. Es la victoria de la perseverancia, de la obstinación. Con ellas ha logrado presentarse ante la militancia, como la encarnación de la pureza. Los milagros necesitan la credulidad de la feligresía. Se ha hecho “rosa”, sobre las cenizas de su herencia. Y es aquí (no conviertas jamás a tu adversario en un mártir) donde se me antoja más elocuente, la obtusa y fallida estrategia de Susana Díaz; y la impotencia de un ejército, que había reclutado a más generales que soldados. La Presidenta andaluza reunió a los barones y a los patriarcas. Aparentemente reconcilió a antiguas familias, aglutinó el poder institucional; pero semejante ejercicio de músculo oficialista, y de aparato burocrático, no hizo sino poner más de manifiesto la corpulencia de Pedro. La corriente de fondo era intensa y el oficialismo no la detectó. El error es grave. Cuando se quiere dirigir política e intelectualmente un país, o un partido, hay que saber, como alguien ha escrito, qué ocurre en el interior de las capas freáticas.
Y una última cosa que me gustaría recordar. Pedro o alguien de su equipo, dio con un eslogan genial: “NO es NO”. Como escribí en su día, en la carta pública que envié al Presidente de la Gestora, el estimado compañero Javier Fernández (https://senator42.blogspot.com.es/search/label/Carta%20Presidente%20Gestora). “En 1982 peleamos bajo un eslogan simple “Por el cambio”, que millones de españoles entendieron y apoyaron. Una situación parecida se estaba dando hoy con el “No es No”, que es una redundancia y obviedad, sí, pero que todos los militantes y los españoles, habían entendido perfectamente lo que significaba, incluso aquellos a los que no gustaba. Un eslogan genial, que ha calado y ha sido interiorizado por la mayor parte del partido. Tres palabras muy cortas que situaban a la organización, en una clara posición de cambio a la izquierda, y que podía ser entendida y adoptada igualmente, por los votantes de centro izquierda, como demostraban algunas encuestas realizadas, poco antes de la dimisión inducida de la CEF. Un “No es No” que según algunos es la nada, pero que me parece que nos hubiera podido llevar muy lejos”. Un comprimido relato, simple y categórico, que apuntaba a un hueco político que se había abierto, ante la ignorancia de muchos, entre la “casta” y las bases, el sistema y el antisistema, lo antiguo y lo nuevo. “No es NO” sólo ocupa ocho caracteres, espacios incluidos, pero fue un lema genial.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 5 de Junio del 2017.
La proeza de Pedro Sánchez, así me parece a mí, ha sido la victoria de la esperanza frente al miedo. El francés tiene una palabra que creo define muy bien esta hazaña: “panache”. Que significa sí, penacho. Pero también brío, resplandor, arrogancia, las virtudes de algunos héroes legendarios, y que Pedro atesora en grandes dimensiones. La audacia, la resolución y el sentido del riesgo, parecen haberse puesto de moda de nuevo (en Macron hay también mucho de ello) después de una larga época en la que eran la timidez, el quietismo y la seguridad, lo que daba réditos a los gobernantes.
Las primarias han refutado también, la antigua y clásica tesis del politólogo John May, según la cual los cargos medios y los militantes de los partidos, suelen tener posiciones más extremas, que los votantes y los líderes de los mismos. Les interesaría más a los primeros la pureza del partido, que ganar las elecciones. Y por ende, si es la militancia la que elige a sus representantes, necesariamente lo hará optando por candidatos radicales, incapaces de triunfar. Esta tesis, lo recuerdo bien, data de los pasados años ochenta, esgrimida con referencia a los candidatos laboristas británicos (Michel Foot) de aquello años. Ya entonces la tesis fue muy discutida, y no parecía compadecerse con lo que ocurría en otros partidos. Pero a día de hoy, y visto lo visto, no está nada claro que los sectores más “radicalizados”, queden confinados a la militancia. Las primarias han demostrado, a mi parecer, que con cierta frecuencia los líderes de un partido (Susana y los barones en el PSOE, Pablo Iglesias en Podemos) tienen posiciones más “radicalizadas”, más desajustadas de sus votantes, que las de un simple afiliado.
Estas primarias con un 80% de participación, tras muchas semanas de debates, a veces incluso algo broncos, nada edulcorados, han sido un auténtico ejemplo de democracia. Recordemos que la votación se realizaba “in person”, a pie de urna, incluso y con frecuencia, después de haberse desplazado kilómetros para votar. Así que nada que ver con cualquier simulacro de participación insignificante, como ese 1% de afiliados del PP, que participaron en la elección de sus compromisarios de su último Congreso; o esas pseudo-consultas en la red (con un simple clic de ordenador en la comodidad de casa) que organiza Podemos, con participaciones rara vez superiores al 35%.
Supongo que ya tengo demasiados años, pero de verdad no logro entender, en que mundo vivían los compañeros del aparato. ¿Cómo pudieron ignorar una realidad que se palpaba, se bebía a borbotones por doquier? De haber tenido un mínimo sentido de la realidad, tendrían que haber detectado la fatiga, el hartazgo, el cabreo de buena parte de la militancia, ante unas baronías que se remontan a décadas atrás. ¿De verdad a los “apparatchiki” les sorprende, que Pedro haya arrollados a Susana con una diferencia de más del 10%? Vamos anda. Simples militantes y simpatizantes, fueron capaces (desde el puro sentido común, que diría G.E. Moore) de ver algo en Pedro, que se le ha escapado al aparato y a la supuesta “intelligentsia” progresista. Pues eso: Pedro ha ganado, y un montón de próceres, notables y referentes intelectuales, han salido del envite carbonizados.
Pedro Sánchez ha resucitado al tercer día (al tercer mes) como el mesías. O como “la rosa de Paracelso”, ese cuento de Borges, alegoría de la fe. Tenerla no requiere de pruebas. Por eso el viejo Paracelso – como nos recordaba Rubén Amón – se resistió a obrar el milagro que le reclamaba un discípulo: “Demuéstrame que puedes devolver a la vida, la rosa que acabo de arrojar al fuego”. Y no lo hizo el sabio. O sí lo hizo, cuando el ambicioso alumno ya se había marchado.
Nadie ha creído en Pedro, más que él en sí mismo. Cuando tantos y tantos ridiculizaban su viaje de pastor mormón, pueblo a pueblo, casa a casa. Es la victoria de la perseverancia, de la obstinación. Con ellas ha logrado presentarse ante la militancia, como la encarnación de la pureza. Los milagros necesitan la credulidad de la feligresía. Se ha hecho “rosa”, sobre las cenizas de su herencia. Y es aquí (no conviertas jamás a tu adversario en un mártir) donde se me antoja más elocuente, la obtusa y fallida estrategia de Susana Díaz; y la impotencia de un ejército, que había reclutado a más generales que soldados. La Presidenta andaluza reunió a los barones y a los patriarcas. Aparentemente reconcilió a antiguas familias, aglutinó el poder institucional; pero semejante ejercicio de músculo oficialista, y de aparato burocrático, no hizo sino poner más de manifiesto la corpulencia de Pedro. La corriente de fondo era intensa y el oficialismo no la detectó. El error es grave. Cuando se quiere dirigir política e intelectualmente un país, o un partido, hay que saber, como alguien ha escrito, qué ocurre en el interior de las capas freáticas.
Y una última cosa que me gustaría recordar. Pedro o alguien de su equipo, dio con un eslogan genial: “NO es NO”. Como escribí en su día, en la carta pública que envié al Presidente de la Gestora, el estimado compañero Javier Fernández (https://senator42.blogspot.com.es/search/label/Carta%20Presidente%20Gestora). “En 1982 peleamos bajo un eslogan simple “Por el cambio”, que millones de españoles entendieron y apoyaron. Una situación parecida se estaba dando hoy con el “No es No”, que es una redundancia y obviedad, sí, pero que todos los militantes y los españoles, habían entendido perfectamente lo que significaba, incluso aquellos a los que no gustaba. Un eslogan genial, que ha calado y ha sido interiorizado por la mayor parte del partido. Tres palabras muy cortas que situaban a la organización, en una clara posición de cambio a la izquierda, y que podía ser entendida y adoptada igualmente, por los votantes de centro izquierda, como demostraban algunas encuestas realizadas, poco antes de la dimisión inducida de la CEF. Un “No es No” que según algunos es la nada, pero que me parece que nos hubiera podido llevar muy lejos”. Un comprimido relato, simple y categórico, que apuntaba a un hueco político que se había abierto, ante la ignorancia de muchos, entre la “casta” y las bases, el sistema y el antisistema, lo antiguo y lo nuevo. “No es NO” sólo ocupa ocho caracteres, espacios incluidos, pero fue un lema genial.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 5 de Junio del 2017.
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jueves, 18 de mayo de 2017
SUSANA DÍAZ Y LOS CONCEPTOS POLÍTICOS
Que dice la compañera Susana (El País 18.05.2017) que “las primarias son para dar protagonismo a los y las militantes, no para otorgar poderes especiales, a la figura del Secretario General”. Y que la elección directa por primarias “no transfiere un plus de poder, para imponer decisiones…”.
Lo que vengo diciendo yo: que esta compañera está demasiada ocupada en su escalada hacia el poder, y no dispone de mucho tiempo para instruirse y leer un poco. Y ello lleva a que a día de hoy, aún no sepa distinguir entre el poder como “potestas”, y la autoridad, “auctoritas”, que produce la “dignitas”.
Es cierto que las “primarias”, no conllevan un plus de poder (“potestas”) para el elegido Secretario General, en el sentido más formal o legal, derivado de nuestros actuales Estatutos. Pero le conceden una autoridad (“auctoritas”) de mucho calado. Podemos discutir si eso es deseable o no: la eterna disputa en busca de un equilibrio “bueno”, entre la democracia representativa y la directa.
Pero ese debate no puede producirse en una especie de vacío histórico, al margen de las corrientes que atraviesan la sociedad en un tiempo dado. Y en mi opinión (quizá me guste menos que más) la tendencia que se impone, es la de conceder más autoridad a los ciudadanos y a los militantes de los partidos, lo que Susana llama “dar protagonismo”. Aunque parece que para ella, lo del “protagonismo”, sólo se entiende como más “visualidad” (la de los “protagonistas” de una película o de una obre de teatro) no como más “potestas”.
Pero la Historia se mueve, fluye, y quien no se adapta a los tiempos nuevos, se queda petrificado. Lo explicaba no hace mucho en mi Blog (https://senator42.blogspot.com.es/search/label/Democracia%20directa%20o%20representativa) En la Convención de Filadelfia (1787), los Padres Fundadores, en vez de considerar la lucha por la Presidencia, como una ocasión para movilizar las masas, respecto a unos ideales programáticos, diseñaron el sistema de selección, con unos propósitos muy diferentes, e instituyeron el Colegio Electoral. Hoy muchos consideran éste, como un anacronismo, en el mejor de los casos, o como una peligrosa bomba de relojería en el peor, una bomba que puede explotar, adjudicando la Casa Blanca, al candidato que ha perdido en el voto popular. Acaba de suceder con la elección de Trump. Para sus artífices, el Colegio Electoral era un ingenioso dispositivo, para evitar la Presidencia plebiscitaria. Pretendía alentar la selección del hombre, con un pasado más distinguido al servicio de la República. La virtud republicana, no la demagogia populista, tenía que ser el requisito principal. Estoy seguro, porque los conozco bien, que esto es lo que siguen pensando algunos líderes históricos del PSOE, respecto a la legitimidad de los Congresos a la antigua usanza, por encima de las Primarias. Pero la Historia, adaptándose a las circunstancias cambiantes, para bien o para mal, ha convertido la elección a la Presidencia de los Estados Unidos en un plebiscito, y la elección de nuestro Secretario General, en algo parecido mediante las Primarias.
A mi modesto entender, me parece que ya podemos afirmar, que estas Primarias en el PSOE se han convertido “de facto”, en un proceso constituyente. Siempre que aceptemos, claro está, que existe una teoría en el derecho Constitucional, que contempla como proceso constituyente: “la radicalización de la democracia mediante la imposición de nuevas cartas de derechos, fruto de las nuevas necesidades políticas y socioeconómicas de la inmensa mayoría” (Bruce Ackerman en “We The People”).
Pues eso Susana ¡al loro!
Palma. Ca’n Pastilla a 18 de mayo del 2017.
Lo que vengo diciendo yo: que esta compañera está demasiada ocupada en su escalada hacia el poder, y no dispone de mucho tiempo para instruirse y leer un poco. Y ello lleva a que a día de hoy, aún no sepa distinguir entre el poder como “potestas”, y la autoridad, “auctoritas”, que produce la “dignitas”.
Es cierto que las “primarias”, no conllevan un plus de poder (“potestas”) para el elegido Secretario General, en el sentido más formal o legal, derivado de nuestros actuales Estatutos. Pero le conceden una autoridad (“auctoritas”) de mucho calado. Podemos discutir si eso es deseable o no: la eterna disputa en busca de un equilibrio “bueno”, entre la democracia representativa y la directa.
Pero ese debate no puede producirse en una especie de vacío histórico, al margen de las corrientes que atraviesan la sociedad en un tiempo dado. Y en mi opinión (quizá me guste menos que más) la tendencia que se impone, es la de conceder más autoridad a los ciudadanos y a los militantes de los partidos, lo que Susana llama “dar protagonismo”. Aunque parece que para ella, lo del “protagonismo”, sólo se entiende como más “visualidad” (la de los “protagonistas” de una película o de una obre de teatro) no como más “potestas”.
Pero la Historia se mueve, fluye, y quien no se adapta a los tiempos nuevos, se queda petrificado. Lo explicaba no hace mucho en mi Blog (https://senator42.blogspot.com.es/search/label/Democracia%20directa%20o%20representativa) En la Convención de Filadelfia (1787), los Padres Fundadores, en vez de considerar la lucha por la Presidencia, como una ocasión para movilizar las masas, respecto a unos ideales programáticos, diseñaron el sistema de selección, con unos propósitos muy diferentes, e instituyeron el Colegio Electoral. Hoy muchos consideran éste, como un anacronismo, en el mejor de los casos, o como una peligrosa bomba de relojería en el peor, una bomba que puede explotar, adjudicando la Casa Blanca, al candidato que ha perdido en el voto popular. Acaba de suceder con la elección de Trump. Para sus artífices, el Colegio Electoral era un ingenioso dispositivo, para evitar la Presidencia plebiscitaria. Pretendía alentar la selección del hombre, con un pasado más distinguido al servicio de la República. La virtud republicana, no la demagogia populista, tenía que ser el requisito principal. Estoy seguro, porque los conozco bien, que esto es lo que siguen pensando algunos líderes históricos del PSOE, respecto a la legitimidad de los Congresos a la antigua usanza, por encima de las Primarias. Pero la Historia, adaptándose a las circunstancias cambiantes, para bien o para mal, ha convertido la elección a la Presidencia de los Estados Unidos en un plebiscito, y la elección de nuestro Secretario General, en algo parecido mediante las Primarias.
A mi modesto entender, me parece que ya podemos afirmar, que estas Primarias en el PSOE se han convertido “de facto”, en un proceso constituyente. Siempre que aceptemos, claro está, que existe una teoría en el derecho Constitucional, que contempla como proceso constituyente: “la radicalización de la democracia mediante la imposición de nuevas cartas de derechos, fruto de las nuevas necesidades políticas y socioeconómicas de la inmensa mayoría” (Bruce Ackerman en “We The People”).
Pues eso Susana ¡al loro!
Palma. Ca’n Pastilla a 18 de mayo del 2017.
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