Leyendo a G.E. Moore

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Ca'n Pastilla 27 Marzo 2016
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lunes, 12 de marzo de 2018

ARENDT. FILOSOFÍA DE LA EXISTENCIA

Todos sabemos que el “existencialismo” fue una corriente filosófica europea, que considera que la cuestión fundamental en el ser es la existencia, en cuanto existencia humana, y no la esencia, y que respecto al conocimiento es más importante la vivencia subjetiva que la objetividad. Kierkegaard, Heidegger y Sartre fueron los principales representantes del existencialismo, que se desarrolló sobre todo en el período de entreguerras y después de la Segunda Guerra Mundial.
Pero “Filosofía de la existencia” no es, en la denominación de Hannah Arendt, el existencialismo – al que sí se refirió en una anterior obra – sino la derrota que ha seguido la filosofía europea, desde que Kierkegaard y Nietzsche respondieron al cambio que introdujo Kant en el orden filosófico, al demoler la identidad entre el ser y el pensar, creencia en la que la filosofía había vivido desde los griegos.
Lo que en Kierkegaard llama el “nacimiento del sí mismo”, es la única vía afirmativa, aunque paradójica, que intenta asumir el riesgo de una existencia desprovista de Dios, pero también de “mundo”, entendido ya en el sentido preciso, que Arendt dará al término en su obra posterior, es decir, “mundo” como esfera de los asuntos humanos, de la interacción de unos hombres con otros. Heidegger habría profundizado en este camino, para terminar en una especia de absurdo: “El ser en el sentido heideggeriano es la nada”. El análisis del hombre, reducido a las categorías formales del “dasein”, no permite restaurar una idea de humanidad compartida. El “dasein” es profundamente solipsista. Según Arendt, el propio Heidegger fue consciente de ello, pues en los cursos posteriores a la aparición de “Ser y tiempo”, buscaría para este “sí-mismo” aislado, “un fundamento común” sirviéndose de “anticonceptos metafísicos como ‘pueblo’ o ‘tierra”, que sólo pueden conducir a “alguna superstición naturalista”. Esta apenas velada acusación de racismo, marca el punto más bajo en la apreciación de la obra de Heidegger por Arendt.
 Soren Kierkegaard
Solo Jaspers se habría mantenido fiel, a la concepción del hombre como ser libre y responsable, que busca comunicar sus experiencias a otros hombres, la única que valora Arendt como filosofía a la altura del reto, que la perdida de la tradición ha traído consigo: “La palabra ‘existencia’ da expresión a que sólo en la medida en que el hombre, se mueve en esta su propia libertad basada en la espontaneidad, y se dirige en la comunicación a otra libertad, sólo entonces existe para él la “realidad”. Podemos observar aquí, como de pasada, como adelanta Arendt una de sus ideas más originales y complejas, formulada posteriormente en “La condición humana”, donde postula que la realidad no existe sino “inter-homines”, es decir, en la medida en que los hombres son capaces de realizar acciones y hablar sobre ellas.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 6 de Marzo del 2018.

martes, 25 de octubre de 2016

EL PSOE Y EL EXISTENCIALISMO

Nunca he sido en verdad existencialista. Y tampoco sartriano, especialmente en política. Y cuando llegué a la universidad, allá a mediados de los sesenta, los existencialistas comenzaban a estar pasados de moda. Y al inicio de los ochenta, habían cedido ya el paso a nuevas generaciones de estructuralistas, posestructuralistas, deconstruccionistas y posmodernistas en general. Nunca entendí ni me interesó su jerga. Ese nuevo tipo de filósofos, parecía tratar la filosofía como un simple juego. Hacían malabarismos con signos, símbolos y sentidos, y extraían palabras raras de los textos de los demás, para que todo el edificio se viniera abajo.
Aunque cada uno de esos movimientos – como nos explica Sarah Bakewell – estaba en desacuerdo con los demás, la mayoría formaban un frente común, a la hora de considerar el existencialismo y la fenomenología, la quinta esencia de lo que ellos “no” eran. El vértigo de la libertad y la angustia de la existencia, eran algo molesto. La biografía estaba pasada de moda, porque la propia vida lo estaba. La experiencia también estaba “démodé”; con un talante bastante despreciativo, el antropólogo estructuralista Claude Lévi-Strauss, había escrito que la filosofía basada en las experiencias personales, era “metafísica de dependienta”. El objetivo de las ciencias humanas era “disolver al hombre” y, al parecer, el objetivo de la filosofía era el mismo.
Esos movimientos de moda en mis tiempos universitarios, que habían echado del camino al existencialismo, envejecieron muy pronto y mal. Las preocupaciones de comienzos de este siglo, ya no son las mismas que las del último tercio del pasado. Quizás, hoy en día, sea aconsejable buscar algo diferente en filosofía. Y a ello nos puede ayudar revisitar a los existencialistas, con su atrevimiento y su energía.
Decía Jean-Paul Sartre: “Eres libre, por tanto, elige… es decir, inventa”. No hay nada seguro en este mundo. Ninguna autoridad puede aliviarte del peso de la libertad. Podemos sopesar consideraciones morales o prácticas, con todo el cuidado que queramos, pero al final debemos arriesgarnos y hacer algo, y sólo depende de uno mismo lo que ese “algo” sea. Podemos pensar que actuamos guiados por unas leyes morales, o que actuamos de manera determinada debido a nuestro carácter psicológico, o a nuestras experiencias pasadas, o a causa de lo que ocurre a nuestro alrededor (a nuestras circunstancias diría Ortega). Todos esos factores pueden representar un papel en nosotros, claro. Pero todo el conjunto de ellos, no hace más que sumarse a la “situación” desde la cual debemos actuar. Aunque la situación nos parezca insoportable, seguimos siendo libres de decidir que hacer, en mente y en acto. A partir del lugar donde estamos, podemos elegir. Y al elegir, elegimos quienes seremos.
Si todo esto nos suena difícil e incómodo, seguramente es porque lo es. En ningún momento afirma Sartre, que la necesidad de seguir tomando decisiones, no nos provoque una ansiedad constante. Peor, él aumenta aún más esa ansiedad, señalando que lo que hacemos “” que importa realmente. Que deberíamos tomar nuestras decisiones, como si estuviéramos eligiendo en nombre de toda la humanidad, aceptando toda la carga de responsabilidad, por el comportamiento de la raza humana toda. Y si evitamos la responsabilidad engañándonos a nosotros mismos, como si fuéramos víctimas de las circunstancia, o del mal consejo de alguien, no estaremos consiguiendo hacernos cargo de las exigencias de la vida humana, y elegiremos una existencia falsa, apartada de nuestra propia “autenticidad”.
Karl Jaspers por su parte, se concentró en lo que llamaba “Grenzsituationem”, situaciones límite. Experimentar tales situaciones era para él, casi sinónimo de existir, en el sentido kierkegardiano. Aunque son difíciles de soportar, son los rompecabezas de nuestra existencia, y abren la puerta a filosofar. No podemos resolverlos pensando en abstracto; deben ser vividos, y al final hacemos nuestras elecciones, con todo nuestro ser. Son situaciones “existenciales”.
El existencialismo de Sartre, implica que es posible ser auténtico y libre, mientras sigamos haciendo el esfuerzo. Sí, escribe Sarah Bakewell, es emocionante y terrorífico a la vez, y por los mismos motivos. Y como resumió Sartre en una entrevista:
“No hay camino marcado que conduzca al hombre a su salvación; éste debe inventar constantemente su propio camino. Pero para inventarlo es libre, responsable, no tiene excusas, y en él reside toda esperanza”.
Para Sartre, si intentamos encerrarnos dentro de nuestra propia mente, “en una bonita y acogedora habitación, con los postigos cerrados”, dejamos de existir. No hay hogar acogedor: la verdadera definición de lo que somos, es estar fuera, en un camino polvoriento.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 25 de Octubre del 2016.