Leyendo a G.E. Moore

Leyendo a G.E. Moore
Ca'n Pastilla 27 Marzo 2016
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martes, 30 de julio de 2019

CONSTRUIR CONSENSOS

En el pasado abril, es decir, mucho antes del penoso debate de investidura de hace unos días, la fina analista Máriam Martínez-Bascuñán, nos recordaba que no hay política sin conflicto, pero tampoco sin la posibilidad de decidir, de gobernar.
No voy a expresar hoy, una vez más, la penosa opinión que tengo de Podemos, desde que apareció por el horizonte. Hoy escribo desde la tristeza que me ha producido, el desempeño de la dirección del PSOE en el pasado debate, o mejor en las negociaciones para la investidura. Me temo que la facilidad con que llegó a buen puerto, la moción de censura del mayo del año pasado, nos ha obnubilado. Parece que no se haya entendido, que entonces se votó contra Rajoy, no a favor de Sánchez. Pedro tiene un gran carisma, que duda cabe, y también una demostrada fuerza de voluntad, unas resistencia y resiliencia patentes. Ahora tiene que demostrarnos que es un buen negociador, un efectivo hacedor de consensos.
Lo que hemos visto estos días, no ha sido una negociación seria. Para negociar se sienta uno a una mesa discretamente, con un “culo di ferro”adecuado, como diría Pertini, para no levantarse de ella, hasta haber cerrado un acuerdo en todos los niveles. No se negocia – por mucho que sea moda de la “nueva política” – a golpes de llamadas telefónicas, tuits, whatsapps y declaraciones precipitadas a los medios. Esto no es una negociación, es una “performance”. “El Gobierno de España no se negocia así”, parece que tuvo que recordar en una ocasión Pedro Sánchez. Ha faltado prudencia, trabajo y altura de miras. Está muy de moda confundir, el necesario ejercicio de transparencia, con la impúdica publicidad. Para llegar a acuerdos difíciles e importantes, es necesario un pacto de privacidad entre interlocutores que se pretenden adultos. Cuanto más se converse seriamente en privado, menos necesarios serán luego, los reproches feroces en el Congreso.
En un horizonte visible, no me parece que se recorte la silueta de un partido con mayoría suficiente, como para gobernar sin acuerdos previos con otros varios. La creación de acuerdos, en todos los aspectos de la vida, implica, de entrada, una cura de humildad personal. La arrogancia y la intransigencia, vengan de donde vengan, son obstáculos insalvables en la política de consenso, la única política posible, a día de hoy, en nuestras sociedades. No sólo porque se imposibilita cualquier acuerdo, sino también porque impide gobernar en el día a día, después de constituido un ejecutivo. Es más, las peleas interpersonales y entre socios de coalición, asquean a los ciudadanos y profundizan la crisis de legitimidad del conjunto de la clase política.
Lo que hoy prima en política a nivel universal no es, desgraciadamente, la búsqueda de zonas de entendimiento, sino la lógica del muro: la construcción de trincheras, regida por la arcaica dialéctica amigo-enemigo, tan schmitteniana ella. Soy muy consciente, que el conflicto es un hecho social ineludible. Es más, que pretender eliminarlo, negarlo, es una característica de los regímenes totalitarios. Por eso toda la tradición democrática, se ha esforzado en buscar un sistema, que permitiera la vida en común reconociendo precisamente, que la disparidad, la pugna y el desacuerdo, no van a dejar de existir. Aunque la democracia, como nos decía Teodorov, a diferencia de otros regímenes, nunca ha pretendido ser infalible.
La emergencia de populismos, ya lo hemos comprobado, ha acrecentado la dimensión conflictual en la arena política, pretendiéndose sin descanso, una suerte de paroxismo de la decisión mayoritaria. Lo que ha venido en llamarse – a mi entender equivocadamente – “crisis de representación”, ha provocado el fraccionamiento de los sistemas de partidos, o si lo preferimos así, de los sistemas de partidos de masas, herederos de los consensos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Asistimos a un escenario de segmentación progresiva, que asienta, a su vez, un fenómeno sorprendente: en lugar de extender los espacios políticos disponibles, paradójicamente los reduce. Una razón de ello, opino, es que la competición electoral ha dejado de buscar el centro político, imponiéndose en su lugar una lucha de bloques, que compiten por los extremos.
Los mandatos que se obtiene de las urnas, son cada vez más complejos de interpretar. Lo escribí hace poco: parece como si los electores, en vez de una papeleta, hubieran introducido en la urna, un grueso libro de reclamaciones. La expresión mayoritaria de la ciudadanía se ha vuelto confusa. Incluso la misma idea de pueblo, el sujeto de la democracia – nos recordaba Máriam – está en disputa. La idea del pueblo como expresión mayoritaria, como el número más grande – nos explica Pierre Rosanvallon – ha dejado paso a la idea de pueblo, como una pluralidad de minorías. No asumir ese cambio está teniendo consecuencias dramáticas. Seguir entendiendo la voluntad general, como la “omnipotencia del hecho mayoritario” (lo debemos asumir con rapidez en el PSOE) puede conducir a experiencias traumáticas, como el Brexit en Inglaterra, o el “procés” en Cataluña.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 27 de Julio del 2019.


jueves, 9 de mayo de 2019

PIERDEN LOS MAXIMALISMOS

La política de diálogo y combate contra las desigualdades, del PSOE con Pedro Sánchez al frente, ha sido premiada en las urnas. Los maximalismos y exclusivismos han sido severamente castigados. Los ciudadanos de este país, una vez más, han estado de acuerdo en que los problemas que nos afectan, son complejos y, por tanto, no tienen soluciones simples ni milagrosas.
Los tres partidos de la derecha han sacado el 44,34% de los votos y 149 diputados, cuando el PP de Rajoy y C’s en 2016, obtuvieron el 46,07% y 169 diputados. La triple derecha se ha quedado así, nada menos que a 27 escaños de la mayoría absoluta. Pero el fracaso de Casado ha sido mucho más espectacular, porque ha perdido la mitad de los diputados (de 137 a 66) y de sus electores (de 33% al 16,7%). Y por si fuera poco, el Senado ha pasado de una mayoría absoluta del PP, a otra socialista.
El PP no sólo ha perdido, sino que está viéndose obligado, a modificar a toda velocidad su discurso. Y su futuro como gran partido de la derecha está muy amenazado, algo así como nos pasó a nosotros en 2015 en la izquierda. Algunos barones peperos ya comienzan a remugar, y C’s ya le alienta en el cogote.
El segundo maximalismo que se ha llevado una buena bofetada es el de Podemos, que ha bajado de 71 diputados en 2016 a 42. Incluso si no contabilizamos los diputados de sus confluencias, que se han evaporado, la pérdida conjunta de Podemos y En Comú Podem (su franquicia catalana) es de 15 diputados. Muchas causan explican esta caída.
Si olvidamos las relacionadas con su origen: un artefacto de aluvión, que recogía los indignados de diversas madres, en absoluto amparados bajo un proyecto común, sin estructura entendible ya que no sólida, con el único fin del “sorpasso” al PSOE, hay otra muchas causas más actuales. La primera podría ser que la salida de la gran crisis económica (con el PIB creciendo desde 2014, y la creación de nuevos puestos de trabajo) ha demostrado que la democracia española, no es ni la ruina ni el desastre, que pintaban a brochazos. El mismo triunfo de la moción de censura, ya demostró que la corrupción sí importa a los ciudadanos. Y que la justicia española, muy lenta por muy garantista, al final llega y condena.
De verdad he sentido vergüenza ajena, contemplando al cruzado Pablo Iglesias, que en 2015 embestía lanza en ristre, contra el corrupto “régimen del 78”, debatir en la tele con la Constitución del 78 en la mano, cual paladín de la misma. Aunque fiel a su gusto por el extremismo, considerando a la misma no como un texto reformable, sino la Biblia intocable de este siglo. Todas las encuestas – incluso después de su buen desempeño en los dos debates – siguen señalando a Iglesias como el líder peor valorado. Puede que por su exceso de verbalismo y sus cambios radicales de discurso, puede que por las múltiples trifulcas internas y fugas de destacados compañeros, puede que porque su discurso sobre los buenos y los de abajo, siempre saqueados por los de arriba, la casta, ha entrado en flagrante contradicción, con hechos como la compra de un bonito chalé de clase media alta, en las afueras de Madrid.
Como bien nos recordaba el otro día Juan Tapia, circunstancias externas a España, tampoco han ayudado nada a Unidas. Lo sucedido en la UE, con la aceptación por la Grecia de Tsipras, con buenos resultados, de las recomendaciones europeas, ha dejado en muy mal lugar las tesis de Iglesias, sobre las economías europeas. Por lo menos yo no le he escuchado decir ni pío, de la salida, expulsión, de Varoufakis del gobierno griego, tras comprobar Tsipras que el desafío al BCE, llevaba a la salida del euro y a la catástrofe. Además, aunque queda muy claro que Podemos, no es culpable de lo que pasa ahora en Venezuela, la realidad es que los que defendían las democracias bolivarianas, no salen bien librados de la imagen horrorosa, que transmite hoy el régimen de Maduro.
El tercer maximalismo que sale trasquilado de las elecciones, más allá de las simples apariencias, ha sido el independentismo, aunque aquí los resultados sean menos unívocos: baja del 47% de las elecciones autonómicas del 2017, al 39%, pero respecto a las anteriores legislativas, las del 2016, sube del 32 al 39%. Estas elecciones como sabemos, han coincidido con el juicio en el Supremo, a nueve dirigentes secesionistas cuya sentencia – según los iluminados Torra y la ANC - debe producir por fin el “momentum” tan esperado, para una nueva proclamación de la independencia.
A nivel de Estado, los 22 diputados separatistas, irónicamente, pesarán mucho menos que los 17 anteriores, porque el PSOE puede construir diversas mayorías de gobierno, alguna de ellas sin la participación del independentismo catalán. Por ejemplo con Podemos, PNV, los canarios y el diputado regionalista de Revilla, llega de facto a la mayoría absoluta.
Más relevante quizá, es que dentro del secesionismo los hoy, al menos aparentemente, más pragmáticos y realistas, los ERC, suben de 9 a 15 y doblan así a los 7 fundamentalistas, que bajan 1 y ahora obedecen al ciudadano de Waterloo. Me parece que los dirigentes de la antigua CDC, ahora prisioneros de Puigdemont, tendrán que reaccionar sí o sí, después de las municipales, ya que muchos de los alcaldes de Convergencia, que no querían una ruptura clara con Puigdemont antes de las elecciones, después de las mismas van a exigir clarificación.
Nos recordaba el otro día Juan Tapia (colaborador en El Periódico) que la pura contabilidad canta. En el 2011 CiU, con el democristiano Durán Lleida como primero de lista, sacó 16 diputados en el Congreso y ahora, con el puigdemontismo, ha quedado reducido a sólo 7. Mientras, entonces la supuesta más radical ERC, ha pasado de 3 a 15. Modestamente por entonces, me atreví a profetizar que la conversión de Artur Mas al independentismo, iba a ser un negocio pésimo. Y ya sabemos que los catalanes, con los “negocis” no juegan.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 7 de Mayo del 2019.


lunes, 8 de abril de 2019

PEDRO SÁNCHEZ. "POTESTAS" Y "AUCTORITAS"

La otra noche leyendo a Giovanni Sartori, mi pensamiento se centró en el hecho de cómo Pedro Sánchez, después de increíbles vicisitudes y según mi opinión, ha logrado aunar en su persona, la “auctoritas” y la “potestas”. Para aquellos que no estén demasiado acostumbrados a estas disquisiciones terminológicas, me explicaré un poco más.
Autoritarismo viene de autoridad y fue acuñado por el fascismo, como término apreciativo. Luego, con la derrota del fascismo y del nazismo, autoritarismo se convirtió en un término peyorativo, que significa “mala autoridad”, un exceso y un abuso de autoridad, que aplasta la libertad. Autoritarismo se corresponde, como opuesto, más con libertad que con democracia. Autoritarismo es una cosa, y autoridad otra cosa totalmente diferente. El sufijo “ismo” separa dos conceptos casi antitéticos.
Auctoritas” es un término romano. Y para conocer la tortuosa evolución del concepto, bueno es leer a Hannah Arendt. Para los romanos “auctoritas” (autoridad) siempre fue diferente de “potestas” (poder) y, para ellos, “auctoritas” estaba estrechamente ligada a “dignitas”. Como señalaba Jaim Wirszubski, académico y teólogo lituano: “es la “dignitas” lo que sobre cualquier otra cosa, dota a un romano de “auctoritas”. Y la “dignitas” implica la idea de mérito, y contiene la idea del respeto inspirado por ese mérito. Si juntamos todas esas ideas, resulta que – al final de una larga evolución histórica – hoy “autoridad” significa, en el uso común, “un poder que es respetado, aceptado, reconocido, legítimo”.
Pero profundicemos un poco más en la distinción entre poder (“potestas”) y autoridad (“auctoritas”). De por sí, etimológicamente, “poder” es un sustantivo inocuo. Tener poder de hacer significa “yo puedo, tengo la capacidad o me está permitido”. Pero se trata de ver con qué medios el poder “manda hacer” ¿Con incentivos? ¿Con privaciones? ¿Con coerción y uso de la fuerza? Cuando se llega a “mandar hacer” amenazando o usando la fuerza, entonces percibimos el poder político en su elemento más característico, de acuerdo con la definición clásica, que daba de él Max Weber: “el uso legal de la fuerza”. Pero ninguna sociedad puede simplemente reducirse y reconducirse, en su orden, a las órdenes que la gobiernan. Para explicar un orden social, hacen falta otros ingredientes, y entre ellos la autoridad. Y la autoridad explica, lo que el poder no explica.
Autoridad, como hemos dicho, es “poder aceptado, respetado, reconocido, legítimo”. La autoridad no manda, influye; y no pertenece a la esfera de la legalidad, sino a la de la legitimidad. Ya lo decían los romanos: la autoridad se basa en la “dignitas”. Y Jacques Maritain, el filósofo católico francés, lo resume en esta conclusión: “Denominaremos ‘autoridad’ al derecho de dirigir y de mandar, de ser escuchado (como también escribía Ignatieff en su obra “Fuego y cenizas”) y obedecido por los demás; y ‘poder’ la fuerza de que se dispone, y por medio de la cual, se puede obligar a los demás a escuchar o a obedecer… Por tener una parte de poder, la autoridad desciende hasta el orden físico; en cuanto autoridad, el poder se eleva hasta el orden moral”.
El ‘poder’ como tal, es un hecho de fuerza sostenido por sanciones, es una fuerza que se impone desde arriba. En cambio la ‘autoridad’, emerge de una investidura espontánea, y obtiene su fuerza del reconocimiento: es un “poder de prestigio”, que recibe de éste su legitimación y su eficacia. De lo que puede deducirse que una “buena democracia”, debe tender a transformar el poder en autoridad, y que el ideal de las fuerzas democráticas, debería ser el de reducir las “zonas de poder”, para sustituirlas por personas y organismos, dotados de autoridad.
Aclarado eso, me parece que se entenderá mejor por qué opino que Pedro Sánchez, a su “potestas”, ha añadido ya la “auctoritas”. Cada día que dispongo de algo de tiempo, me trago todos los vídeos de los actos electorales de Pedro. No lo hago por descubrir que dirá el Presidente, ya lo sé o me lo imagino. Lo que me interesa es el ambiente del acto, si hay verdadera ilusión o simple asistencia formal. También conocer a los potenciales líderes, de la nueva generación del PSOE. Descubrir en ellos, entre los candidatos a las generales o municipales, los que son de verdad buenos, o los que no pasan de auténticos peñazos, puestos ahí por el aparato.
Y volviendo a Pedro, más que lo que dice, me gusta analizar como lo dice, vía el mensaje corporal. La “potestas”, el poder, lo adquirió ya tras aquellas primarias increíbles que vivimos. Salió elegido de forma rotunda Secretario General, y nuestra ley, los Estatutos, le otorgaron el poder, la “potestas”. Ahora ya no grita en los mítines, dice con sosiego, apelando a la razón política más que a los sentimientos. Apela al sentido del humor, a la ironía, y se siente a gusto en ello. Los movimientos de su cuerpo son más reposados, más elegantes, su “estar” tranquilo no parece nada impostado. Su renuncia a cualquier insulto hacia los adversarios, no parece mera estrategia, sino seguridad en si mismo. Y todo eso, me parece, revela que ya se siente provisto de la “auctoritas”, de la “dignitas”, más allá del simple poder.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 5 de Abril del 2019


lunes, 24 de septiembre de 2018

NOS COGERÁ EL TORO

Nos cogerá el toro, y es un morlaco de aúpa, si seguimos prestándole menos atención a él que al ruido en los tendidos, a los gritos, aplausos, insultos y olés de los aficionados. Pedro Sánchez ha dicho: “Sólo es ruido”. Sí, pero justo por eso, no deberíamos perder tanto tiempo con ello.
No hay que entender la política, exclusivamente como lo que acontece en la superficie, lo que mete ruido, la agitación de los bullangueros. Es lo mismo que en la historia, en cuya investigación sabemos de la importancia de detectar lo que está debajo de lo más manifiesto. Unamuno, lo he escrito a veces, llamaba “intrahistoria” a la dimensión interna de la historia. Y lo ilustraba con la conocida metáfora, del contraste entre la superficie agitada del mar y la quietud de las aguas abisales. A día de hoy, los “grandes acontecimientos históricos”, los asuntos que tratan los periódicos, y no digamos las redes, son los que tienen lugar en la superficie; mientras que los cambios sociales y culturales importantes, que se mueven bajo la superficie, sólo son detectados por contados políticos, sociólogos o filósofos que, como Casandras de hoy, nos advierten sobre ellos, con el mismo resultado que el de la clásica profetisa: ninguno. Hay un “nivel subterráneo” (abisal diría Unamuno) donde se articulan dinámicas sistémicas globales, que unen lo que en la superficie parece desconectado. Son imposibles de percibir, si contemplamos el mundo con los lentes de nuestras pasiones. O las confundimos con las que nos presentan algunos digitales, las redes sociales, los tuiters de Trump, las “fake news”, o los postureos y “performances” de muchos políticos.
Pepe Borrell en Florencia
Las elecciones europeas están ahí, el próximo mayo. Si ganan las derechas populistas, identitarias y xenófobas, se deshilacha la Unión y el Euro se devalúa gravemente ¿de verdad a alguien le va a preocupar entonces, lo que haya pasado con el máster de Casado, o la tesis de Sánchez? Borrell nos hablaba el otro día de problemas reales e imaginarios. Los primeros, los reales, en su mayoría se pueden resolver, si existe voluntad política (como pasó no hace mucho con la crisis del Euro). Los imaginarios (derivados de emociones y ensoñaciones) no se pueden resolver, sólo disolver. El Gobierno debe enfrentar con rigor y respuestas concretas y efectivas, aquellos problemas que de verdad afectan, o afectarán gravemente, la vida diaria de los ciudadanos. Y dejar de prestar atención a la espuma de las olas, y a la bullanga de ciertos medios digitales y redes sociales.
Sí, sí, ya lo sé, sólo 84 diputados y un montón de otros exclusivamente dedicados al postureo. Y sigo manteniendo mi confianza en el Gobierno y en la Dirección del PSOE. Seguro que todos ellos saben mejor que yo, cuales son los movimientos importantes, los abisales, los que se dinamizan en lo profundo. Yo solo aviso como Casandra improvisada. Porque hay que seguir confiando en la acción transformadora de la política; sin dejarnos atrapar en las falsas dicotomías del Ideal-Posible o Mejor-Bueno. Que no son sino un burdo plagio de la “piedra de Sísifo”. No es que en la carrera de lo posible a lo ideal, la piedra siempre acabe volviendo al comienzo, sino que cuando ascendemos algo hacia el Ideal, siempre hay alguien que lo sitúa más alto. Si no se desafora al Rey, no desaforamos a los políticos. O el todo o nada. Pero de nada nos sirve llorar o quejarnos, pues como nos recordaba Javier Solana, que dijo Hegel en su “Fenomenología del espíritu”: “La queja es una lágrima derramada sobre la necesidad”.
No es necesario haber leído muchas publicaciones serias, para constatar que en Europa (y en el mundo ya puestos) se está produciendo un cambio de mentalidades, germinado en tres fenómenos propios de nuestros días: una aversión estereotipada hacia los inmigrantes, muy especialmente hacia los de confesión musulmana; el poder de atracción de un nuevo tipo de políticos, que rehuyen los problemas reales, y sitúan en la agenda los imaginarios (esencialmente identitarios); y, por fin, la torpe forma de reaccionar de las élites políticas, ante la aparición de estos movimientos de protesta, en general populistas de derecha, pero no exclusivamente. Estas nuevas tendencias políticas, son incompatibles con las Constituciones de países que se consideran hijos de la tradición democrática liberal europea. Y con todos los que no comulgamos con una concepción étnica de la democracia, ni con una visión exclusivamente judeo-cristiana de nuestra tradición.
Jürgen Habermas
Pero algo bueno puede que aporten estos movimientos contestatarios: despertarnos de la somnolencia con la que hemos manejado hasta hoy, el funcionamiento de la democracia a nivel europeo que, como poco, diríamos que ha sido excesivamente elitista. Todas estas fuerzas política emergentes, algunas de sus exigencias, nos demuestran que una comprensión puramente formalista – y por ende disminuida – de los procesos democráticos, cada día encontrará una mayor resistencia.
También nos decía Borrell en su conferencia de hace unos días, que todo ese laissez faire, laissez passer, con el cual los ciudadanos han permitido a ciertas élites (nómadas cosmopolitas, las define Pepe y se incluye) gobernar la Unión, cuando las cosas iban bien, se ha acabado. La Unión ya no puede seguir siendo cosa de unos pocos (por más que el Parlamento Europeo, lo compongan 750 miembros), la ciudadanía de todos los países debe ser convocada seriamente, no sólo a la votación en las próximas elecciones, sino esencialmente a los procesos de debate en la campaña. Lo que decía al inicio: si las fuerzas seriamente democráticas, pierden las elecciones ¡que irrelevante nos parecerá entonces el máster de Casado!
Pero para terminar, un toque de optimismo, que es lo mío. Decía no hace tanto Jürgen Habermas: “Tenemos en Europa ciudadanos suficientemente educados, para que ese género de ficciones políticas sentimentales, de las que el populismo de derechas quiere convencernos que existen, no tengan recorrido”.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 21 de Septiembre del 2018.


lunes, 25 de junio de 2018

CAMBIO DE PARADIGMA

Thomas Kuhn afirmó en su libro de 1962, “La estructura de las revoluciones científicas”, que la ciencia abarca paradigmas contendientes, cada uno conformado por una teoría central e hipótesis auxiliares. Estas últimas varían, pero la primera se mantiene constante hasta ese momento terrible, en que se demuestra la imposibilidad de sostener la teoría central, a través de las hipótesis modificadas. Luego ocurre algo inusual, que Kuhn denomina “cambio de paradigma”, en que se abandona o cambia la teoría central. Él estimaba que a menudo esto ocurre, cuando la vieja guardia que defendía la teoría central se retira o muere.
No hace aún muchas semanas, recordémoslo, con la primera sentencia de la Gürtel, la escena política española se llenó de oscuridad. Se auguraba una larga y agotadora agonía. Pero allí estaba uno de los mecanismos, que tiene la democracia como contrapeso al poder: la moción de censura. El PSOE, con Pedro Sánchez al frente, lo activó entre el escepticismo general, incluido el de muchos militantes del partido. Y cambió el decorado, dice Ramoneda.
El PP sin entender lo que pasaba – dudo que a día de hoy ya lo haya entendido – se encontró como noqueado. Salía del poder, cuando creía haberlo consolidado por dos años más, al haberse aprobado los Presupuestos. Por supuesto la “realidad” en la política española sigue siendo la misma, pero el “escenario” ha dado un giro de 180º ¿Cabe esperar de ello que tenga efectos preformativos? Veremos. La oposición, ahora algo grogui, muy pronto volverá a la carga, con todos su batallones en línea. Pero no cabe duda que el espacio político, al menos de momento, se ha oxigenado. Y se ha despertado la necesidad dormida, de creer que la negociación y el diálogo son posibles.
Inesperadamente Pedro Sánchez, ha formado el Gobierno con más mujeres, de toda nuestra larga historia. Al PSOE – escribe Ramoneda – hay que reconocerle que ha sido el partido, que más ha contribuido a la evolución cultural de un país, marcado durante siglos por el papel de la Iglesia católica, como aparato ideológico del Estado para formatear las conciencias. Igualdad, Economía, Trabajo, Sanidad, Educación y Justicia, espacios donde se juega de verdad el bienestar de las personas, están en manos de mujeres. Es la base potencial sobre la que se podría reconstruir una socialdemocracia del siglo XXI – también en Europa – tanto por las prioridades como por el modo de tratarlas. Pasar de las estadísticas a las personas concretas.
Con un PP podrido por la corrupción, y un Ciudadanos desconcertado, tras su paso por el más casposo nacionalismo español, salimos ¿de verdad? de unos años de política frentista, en los que la adscripción “patriótica”, ahogaba la dinámica derecha e izquierda. Cambiar ese registro no será fácil. La “cuestión” catalana sigue abierta, aunque estos días – es cierto – en Cataluña estemos asistiendo a un cierto apaciguamiento de las pasiones, fruto del mencionado cambio de decorado. El gran riesgo radica en que Ciudadanos y PP, cuando salgan del shock, vuelvan a la tentación de apostarlo todo a la carta catalana, para desgastar al Gobierno. Sería una enorme irresponsabilidad, pero ya nos han demostrado que son muy capaces de ello.
El “problema” catalán hay que encauzarlo entre todos, de todos es responsabilidad, y nadie tiene derecho a escaquearse del mismo, de la voluntad de buscar conjuntamente una solución política. En mala hora el Gobierno del PP, tomó la decisión de pretender resolver exclusivamente por la vía judicial, un problema que sólo se puede afrontar, con probabilidades de éxito, por la vía política. Y no, no es casualidad, que quienes tomaron aquella desgraciada decisión, de dejarlo todo en manos de los jueces, hayan tenido que retirarse súbitamente de la escena política, por la salida de incendios.
Escuchar, dialogar, consensuar, ha dicho la ministra Meritxell Batet.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 19 de Junio del 2018.


lunes, 18 de junio de 2018

UNA OPORTUNIDAD LUMINOSA

Encantados, fascinados andamos muchos con Pedro Sánchez, su Gobierno y las primeras medidas tomadas. Pero personalmente hay algo, más de fondo, que me tiene feliz en las últimas semanas: la constatación de la firmeza de nuestro Estado de derecho. En los momentos en que la legión de cenizos y desencantados, que siempre pululan en nuestra sociedad, auguraban las diez plagas de Egipto sobre España, va el país y demuestra, de nuevo, ser más fuerte y democrático de lo que ellos creían y/o deseaban. Como escribía Carlos Yárnoz, la Constitución, el Congreso, la Justicia, el Estado y la sociedad toda, han funcionado como un reloj, para sacarnos del atolladero en un tiempo récord. Para empezar, España acaba de derribar un mito vergonzoso: el de que la corrupción no tiene coste. Y para continuar, ha reafirmado que la democracia y la política funcionan. Herido de muerte el Gobierno del PP por la sentencia de la Gürtel, la solución política parecía sino inviable, muy laboriosa. Y sin embargo, con algo tan sencillo como aplicar las normas de la Constitución, de la noche a la mañana España tiene un nuevo Gobierno. Siete gobiernos en cuarenta años de democracia, todo un récord de estabilidad, que muy pocos países pueden exhibir.
Consejo de MinistrAs
Escribe Jordi Gracia, que la moción de censura ha sido un asalto al poder en toda regla, regla democrática, pero tan inesperada como racionalmente explicable. La sentencia de la Audiencia, sólo la primera por el caso Gürtel, fue contundente. El PP, una vez más, prefirió mirar hacia otra parte y desmentir, tanto su responsabilidad penal como política. De esta manía de juntar los dos tipos de responsabilidad, la jurídica con la política, no somos inocentes los del PSOE, pues fue Alfonso Guerra, el primero que las vinculó. Pretender que las urnas lavan a los partidos de sus pecados de corrupción, o descalificar a los jueces cuando sus sentencias no convienen, no es propio de partidos que dicen defender el Estado de derecho, la división de poderes y, sobre todo, la democracia parlamentaria, frente a la democracia directa o plebiscitaria. Rajoy ha sido desalojado del poder por muchos motivos, pero especialmente por uno: negar la realidad y confiar en la eficacia de la posverdad. La mentira, en política, lleva dentro un riesgo letal. Muchos bulos pasan y circulan como verdades hasta que uno, demasiado grueso, demasiado increíble, desmorona el castillo entero, sin dejar piedra sobre piedra. Acaba de suceder.
Casi parece que el denostado régimen del 78 – decía Jordi Gracia – haya prestado un último e irónico servicio a la democracia. De sus reservas democráticas, que son aún tantas, ha salido un mecanismo constitucional que, paradójicamente, ha corregido los errores democráticos cometidos por los partidos de izquierda, en el frustrado acuerdo para desalojar a Rajoy hace dos años. Las condiciones son objetivamente nuevas, puede. Pero son francamente prometedoras, por encima de los peores augurios de provisionalidad, de insuficiencia, de precariedad política… Es una oportunidad de oro, luminosa me parece. Nacida del pragmatismo frío, el escarmiento largamente interiorizado, la prevención antiutópica, el reformismo inteligente, la convicción civil, y la audacia política de Pedro Sánchez y el PSOE.
La izquierda, como nos recuerda machaconamente la historia, se ha dejado robar tantas veces los valores de la sensatez y el pragmatismo, de la prevención cauta y del escepticismo activo (ese en el que tan ardientemente milito) que hemos acabado creyendo que esas virtudes políticas son de derechas. Pero no es verdad, o es una falsa verdad, una posverdad, difundida por la derecha, para neutralizar a la izquierda posible. La ciudadanía de izquierdas parece, se ha hecho consciente, en una sociedad educada y civilizada como la nuestra, de la efectividad del discurso plausible y antiutopista, ese que con tanta asiduidad vengo reclamando, de la viabilidad de algunas cosas y de la inviabilidad siempre frustrante y contradictoria de otras, como aquella, recordemos, de “asaltar los cielos”.
Moción de Censura
De todo lo que ha pasado estos últimos días, para mí la mayor alegría es constatar que la credibilidad del discurso de izquierdas, ha llegado de repente y con más serenidad, de lo que cabía esperar por la situación. Como una primavera leve – escribe Gracia – que no asalta cielo alguno, sino el poder real. El cambio de clima, espero arruine los locos proyectos del independentismo más desbocado, la impunidad política de la corrupción, y la radicalización del españolismo profundo. Veremos hasta que punto es efectiva la capacidad de intervención del nuevo gobierno, pero de momento la primera noticia importante, es la constatación de una renovación del lenguaje y de las prioridades.
Por poco que pueda hacer el nuevo ejecutivo, ese poco es mucho cuando la honradez reformista, garantiza la prioridad de los objetivos sociales. Es verdad que la oposición popular puede, ya lo está haciendo, volver a las andadas del resentimiento más corrosivo. Es verdad que el cambio de escenario, desarbola a mi parecer, la temeraria estrategia radicalizada de C’s, en esos últimos meses suyos de patriotismo casposo. Y es verdad también que hemos sido muchos, los que nunca hemos creído que la cuestión catalana, pudiera resolverse sólo con jueces en funciones políticas.
Se me tilda de excesivamente optimista ¡que le vamos a hacer! Pero el retorno de la Política me llena de alegría, lo contemplo con serenidad, como una oportunidad luminosa.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 15 de Junio del 2018.

martes, 25 de julio de 2017

SALVAR AL SOLDADO SÁNCHEZ

Hace unos días comenté a mi amigo David Castelo en facebook, que ya en su día apoyé la candidatura de Pedro Sánchez decididamente, pero de forma crítica. Ya por entonces advertí de lo poco que me gustaban, los "pedristas” más fanáticos y esencialistas. Puros y en posesión de la verdad única, frente al sector de los impuros, equivocados y malhechores. Y ahora estos días, con ocasión de algunas primarias a nivel regional, se me han vuelto a encender todas las alarmas. Como razonar políticamente resulta fatigoso, algunos militantes pedristas decepcionados, lo entiendo, por los resultados en Valencia y Extremadura, han creído mejor recurrir a la descalificación personal y al improperio. Cuando la izquierda abandona su vocación racionalista, se activan todas mis susceptibilidades.
Así que creo llegada la hora de “salvar al soldado Sánchez”, de algunos de sus talibanes de salón. Con permiso de Benedetti: hay que defender a Pedro de la miseria y de los miserables; de las ausencias transitorias y de las definitivas; defenderle del pasmo y las pesadillas; de las dulces infamias y los graves diagnósticos; defenderle del rayo y la melancolía, de los ingenuos y de los canallas… Especialmente ponerle a resguardo de muchos de sus fans en las redes que, bajo la excusa de defender su programa, no hacen sino colocar plomo es sus alas. Y por cierto: ya no hay programa sanchista propiamente dicho, ha sido subsumido en las resoluciones del 39 Congreso, que ahora es el programa de TODO el PSOE. Les guste a unos más o menos.
El sanchismo no puede, como algunos parecen pretender, devenir en una religión que nos impida a todos una mirada limpia, que nos imponga esa sinrazón que, supuestamente, cosería un mundo de sinrazones. Por lo menos los librepensadores, entendemos la democracia, como una práctica de pública racionalidad. No nos va esa visión cainita de la política. No creemos en eso de buenos frente a malos. Personalmente soy más del debate entre verdades relativas, para llegar al final a los que los ingleses denominan "compromise" (que no tiene una buena traducción en castellano). Me enerva esa legión que ha surgido de pedristas acríticos. No lo puedo evitar. Y pienso sinceramente, que Pedro estaría de acuerdo conmigo.
Al contrario de algunos compañeros, que parecen sentirse en posición de la verdad única y exclusiva, más bien creo que la verdad es dialógica. Que es el resultado del diálogo igualitario; en otras palabras, que es la consecuencia de un diálogo en el que diferentes personas, dan argumentos basados en pretensiones de validez y no de poder. El concepto de aprendizaje dialógico, se vincula con contribuciones provenientes de varias perspectivas y disciplinas, como con la teoría de la acción dialógica (Freire, 1970); la aproximación de la indagación dialógica (Wells, 2001); con la teoría de la acción comunicativa (Habermas, 1987); la noción de la imaginación dialógica (Bakhtin, 1981) y con la teoría del “Yo Dialógico” (Soler, 2004). Además, el trabajo de una importante variedad de autores contemporáneos, está basado en concepciones dialógicas.
Jürgen Habermas
A mi modesto entender: El consenso se produce sobre la base de la coacción del mejor argumento, si me dejo convencer, es porque entiendo que las razones en las que se asienta mi convicción, son igualmente convincentes para cualquier hablante. El ideal de la razón está inscrito en la interacción lingüística, y la alternativa al diálogo, no es otra que la sinrazón y la violencia. Para Habermas, uno de mis más apreciados mentores, la comunicación lleva inscrita en su piel, la promesa de resolver con razones las perturbaciones. Quien habla pisa una dimensión en la que aparecen claros los conceptos verdad/mentira, justicia e injusticia. El lenguaje nos da la posibilidad de consensuar normas de comportamiento y de propiciar, por tanto, el progreso histórico. Habermas da un nuevo sentido a la frase de Aristóteles: “el hombre, porque habla, sabe de lo justo y de lo injusto”. Sobre el lenguaje, Habermas establece la posibilidad de crear una ética, una política y una teoría consensual de la verdad.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 18 de Julio del 2017.


domingo, 25 de junio de 2017

UN CIERTO REGUSTO A "DÉJÀ VU".

En cuarenta años desde las primeras elecciones democráticas en España, muchas son las cosas que han cambiado en el mundo. Hemos sufrido, sufrimos, una crisis económica no vista desde 1929, una revolución tecnológica impresionante, una globalización imparable, la emergencia de nuevas organizaciones políticas… etc. Y, sin embargo, especialmente en política, no puedo evitar experimentar un cierto regusto a algo ya vivido a, como dicen los franceses, un “déjà vu.
Contestaba el otro día Manu Escudero en una entrevista: “Lo que ha pasado (se refería al PSOE) se estudiará en los libros de historia porque es algo vivo, novedoso, no premeditado y con un impacto político evidente. Es un hecho singular”. Ya he escrito yo en ocasiones anteriores, que las primarias en el PSOE me han parecido un ejercicio fabuloso de democracia interna, algo que sí, seguramente, tendrán presente en el futuro los analistas políticos. Pero ¿un hecho singular? Sí en los tiempos actuales, pero no si repasamos nuestra historia no tan lejana. No si estudiamos lo sustancial de la historia, y no nos limitamos a ver lo más accidental de la misma. Unamuno – que no era historiador, pero sí algo sabía del tema – decía que no hay que entender la historia, exclusivamente como lo que acontece en la superficie, lo que mete ruido, la agitación de los bullangueros. Él llamaba “intrahistoria” (“Evolución y revolución” 1886) a la dimensión interna de la historia. Y lo ilustraba con la conocida metáfora, del contraste entre la superficie agitada del mar y la quietud de las aguas abisales. Tal idea no es de Marx ¡bien sûre! y ni siquiera por completo de Unamuno, que la había encontrado esbozada en la demótica de Machado Álvarez y en “Guerra y Paz” de Tolstoi. Pero es de ahí, pienso, de donde me viene ese regusto a algo ya conocido ¡Ah los muchos años!
XIII Congreso en Suresnes
Los medios y los analistas peor documentados, se escandalizan de lo que ha pasado últimamente en el PSOE, y lo interpretan como algo sobrevenido en la historia. La historia que ellos conocen, claro, sólo la de los últimos 20 años. Remarcan como un lamentable error y algo nuevo, que Pedro Sánchez haya optado por dar un viraje a la izquierda, para intentar atajar la sangría de votos hacia Podemos. Pero eso de pelear primero por la hegemonía de la izquierda, tiene más años que Matusalén. En los años veinte del pasado siglo, la batalla por la izquierda, entre los socialdemócratas y los emergentes comunistas, estuvo en el orden del día, en la mayoría de países del centro, sur y oeste de Europa. Y en los años setenta el PSOE, consciente de la fuerza que había adquirido el PCE, en su lucha contra la dictadura franquista, salió del Congreso de Suresnes con un profundo giro hacia la izquierda, dispuesto a disputarle a los comunistas los votos de ese espacio. Pues ahora lo mismo, lo “déjà vu”, aclaremos quien manda en la izquierda.
Reprochan a Pedro que se haya rodeado en su ejecutiva de personas de su absoluta confianza, sin apenas margen para la integración. ¿Y qué lección esperaban que hubiera aprendido del golpe palaciego del 1 de Octubre? Pero también eso ya lo he visto. Felipe no integró a nadie en 1979, de los que se habían opuesto a la redefinición del influjo del marxismo, en nuestros principios, y que le había costado su dimisión ¡Qué yo ya estuve allí!
Disputar a UP la hegemonía del voto de izquierda, urbano y juvenil, aunque sea vía el abrazo del oso, me parece acertado como primera tare del nuevo PSOE. Lo del apoyo del centro izquierda – lo que sea que eso signifique – llegará como consecuencia. Con Felipe tuvimos que esperar de 1974 a 1982. Así que un poco de calma y paciencia.
Y todo ello siendo muy conscientes, de que siempre a nuestra izquierda habrá alguien. Pues eso del sueño romántico de la “revolución” es algo muy adictivo. En la izquierda han existido siempre dos culturas políticas disímiles y opuestas, que resultan difícilmente insolubles entre sí. Y esto no es sólo un problema español, se viene dando un poco por toda Europa. Como ya he dicho, desde los años veinte del pasado siglo, hasta finales del mismo, con la caída del Muro de Berlín, ese criterio de demarcación entra las izquierdas, separó y opuso al comunismo frente a la socialdemocracia. Pero hoy parece manifestarse mejor, por la dicotomía entre populismo – sea lo que sea lo que signifique el vocablo – y socialdemocracia.
El catedrático Enrique Gil Calvo explica bien a mí entender (y nos lo recordaba hoy Antonio Papell en el Diario de Mallorca) la diferencia entre ambas culturas de la izquierda, sintetizándola en tres rasgos definitorios:
Ante todo la identidad colectiva, el “quien somos nosotros”, como cemento capaz de soldar, integrar y erigir un sujeto político. Ambas culturas interpelan a unas mismas bases sociales heterogéneas entre sí, definibles como clase media urbana, clase obrera y/o clase popular. Pero mientras la tradición socialdemócrata trata de articularlas, estructurarlas y cohesionarlas, apelando a sus intereses comunes, en cambio el llamado, mejor o peor, “populismo”, intenta hacerlo apelando a sus aversiones comunes. Lo cual hace que la identidad populista, se caracterice por su negatividad, pues necesita fabricar un “enemigo del pueblo” (lo de la “clase contra clase” o “socialfascistas” de los viejos estalinistas).
En segundo lugar la estrategia, el modelo de sociedad que se piensa construir. La cultura socialdemócrata aspira al pluralismo universal incluyente. Un pluralismo que, para Juan Linz, es el mejor criterio de demarcación, para trazar la frontera, entre democracia y autoritarismo. Mientras que el populismo no busca desarrollar la pluralidad, sino construir la hegemonía de Gramsci, entendida como homogeneidad cultural, y de ahí su propensión a las purgas y las limpiezas excluyentes.
39 Congreso
Y por último, la táctica o método de competir por el poder. Y la competición por el poder es siempre ambivalente, al basarse tanto en la negociación, el acuerdo y el pacto, como en la lucha, el conflicto y el antagonismo. Y de estas dos dimensiones de lo político, la cultura socialdemócrata se basa en la búsqueda de compromisos, mientras que la razón populista, tiende a exacerbar el conflicto antagónico.
O sea, nada nuevo bajo el sol, los perros de siempre con collares adaptados al siglo XXI.
Hace cuarenta años la derecha era AP, hoy PP; el centro UCD, ahora Ciudadanos; la izquierda el PSOE, hoy el mismo PSOE; y la extrema izquierda el PCE, ahora Unidos Podemos. Los nacionalismos los mismos más o menos. Y una serie de grupos residuales, como hoy. Y claro, muchos a esto lo llaman la “nueva política”. ¡Vamos anda!
Lo que decía: Un cierto regusto a un “déjà vu”.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 24 de Junio del 2017.





lunes, 12 de junio de 2017

PSOE (II). EL RELATO

Pasaron las primarias. En toda elección, al menos en las más, se vota futuro. La campaña de Susana Díaz estuvo lastrada por el pasado. En muchos momentos me recordaba a Bono en el 2000: sólo ofrecía una salida autoritaria y aparatera a la crisis del partido. Algo que, debiera haber pensado, no lo iban a votar los militantes. Así que ahora toca pensar en el próximo futuro: el 39 Congreso. Y como escribí un par de veces, estas Primarias han tenido mucho de “proceso constituyente”. Y de esta forma, me parece, deberíamos afrontar el próximo Congreso. De él debería nacer, algo así como una nueva Constitución del PSOE.
Estamos asistiendo, no sólo en España, a una rebelión frente a visiones de la política, en clave de “lo que hay que hacer”. Vivimos días de eso que algún freudiano llamaría “el retorno de lo reprimido”, lo soterrado, lo pasional, que se está cobrando su venganza después de tanta despolitización tecnocrática, moderación y “consenso de centro”. Hoy, para bien o para mal - como escribe Fernando Vallespín - ya imperan otras lógicas mucho más discursivas, preformativas, y de apelación a los afectos. Pedro Sánchez ha sabido marcar el campo político, a partir de una escisión ¿maniquea? entre un “nosotros”, las buenas bases, y un “ellos”, el aparato, señalando así un adversario al que equiparó con el verdadero enemigo, el PP. Acertó, como se ha visto, en la “construcción discursiva del enemigo”, como diría Laclau. Y es que la estrategia de cualquier buen general, consiste en aprovechar el conflicto que abre el contrincante, para redefinirlo. Para volver a establecer el relato adecuado. El futuro – como diría Víctor Hugo – tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad.
Estas últimas semanas he recordado con frecuencia, aquel principio de la evolución, según el cual la necesidad crea el órgano. Algo así subrayaba Josep Borrell, en la presentación de su último libro en Barcelona: La hegemonía de las políticas económicas neoliberales, ha provocado la respuesta y el crecimiento, de los que dicen “sí se puede” combatirlas y sustituirlas, mientras el partido socialista, corría el riesgo de quedarse como un partido conformista, el de los que dicen “no se puede”.
Para recuperar la confianza de nuestros votantes, no nos basta, a los socialistas, apelar a nuestro magnífico legado, que los ciudadanos ya han interiorizado y dado por amortizado. Necesitamos liderazgos nuevos y el principal ya lo tenemos. Pero nos son necesarias también ideas nuevas. Un nuevo relato para ser percibidos como una fuerza transformadora y de futuro. Para volver al poder nos es necesario un relato actualizado, que salte por encima de clichés ideológicos ya algo apolillados, y rigideces organizativas arcaicas. Como escribió Macron en la revista de filosofía “Esprit”: “En contra de lo que sostiene una crítica posmoderna de los grandes relatos, nosotros esperamos de la política que anuncie grandes historias”.
Escribía Luis Yáñez ya en 2001, en su libro sobre las primarias Almunia/Borrell, que la política se estaba convirtiendo en un puro oportunismo, con los profesionales de la misma, al servicio de los poderes económicos, mediáticos o financieros. Y los partidos políticos en meras, y no muy buenas, maquinarias electorales, en las que las referencias a las ideas, no sólo son cada vez más escasas sino, lo que es peor, están mal vistas, e incluso son ridiculizadas por los numerosos cínicos, que pululan en la cosa pública.
Un servidor es el quinto contando por la derecha
Tenemos que ser muy conscientes de que a ningún poder constituido, le ha alegrado la elección de Pedro Sánchez. No sólo al aparato del partido, entendiendo como tal el conjunto de cuadros, que ven en peligro su poder y su supervivencia, ante el triunfo de alguien surgido de un ejercicio de pura democracia, y no de los filtros que ellos controlan. Tampoco les ha gustado nada a los otros partidos, especialmente al PP y Podemos. Y menos quizá a los poderes económicos y mediáticos, que saben muy bien que pueden presionar a un político cooptado por sus pares, con mucha más facilidad que a quien no debe su elección a nadie, porque se la debe a todos.
En el 39 Congreso Pedro debe recordar, aunque estoy seguro que ya lo sabe, y si no que se lo pregunte a Borrell, algo que modestamente escribí en mi muro de Facebook hace poco: el poder no se negocia ni se discute, se ocupa, y la autoridad no se solicita, se ejerce. Así que no debe mirar a los lados, para saber que piensan otros, pues el liderazgo se ejerce en soledad, aunque requiera los asesoramientos necesarios, y tenga que convencer a los órganos de dirección y control: La Ejecutiva y el Comité Federal. O sea, debe comportarse como un auténtico líder, para eso lo hemos elegido, ejercer como tal en todo momento. Y esto, me parece, tiene mucho más que ver con la actitud, con la expresión corporal y con los gestos, cosas todas ellas que no se aprenden en los libros.
Decía el gran Maurice de Talleyrand: “En política uno muere para resucitar”. Y él sabía bien de que hablaba. Pedro debe ocuparse básicamente, de comunicar el nuevo relato. No se puede hacer política sin comunicación. Convertir complicadas estrategias en sencillos mensajes. Argumentos jurídicos en eslóganes. Y largos documentos en tuits. El liderazgo de un país y de un partido político, no consiste sólo en la gestión de las cosas corrientes, es, sobre todo, orientar a la gente, hacer pedagogía política, marcar horizontes, señalar cuales son las metas colectivas, el proyecto de país, hacia donde vamos… el relato. La Política, así con mayúscula, no es esencialmente gestión, aunque, por supuesto, haya que gestionar bien, sino la previsión del futuro. Lo que marca la diferencia, opino, entre burocracia y política, es que ésta debe adelantarse a los problemas, prever los cambios que la sociedad está produciendo, interpretar los signos de los tiempos, y plantear a la ciudadanía un horizonte de futuro.
El discurso político no puede ser sólo un discurso técnico, que encadena medidas. Es una visión de la sociedad y de su transformación. Sí creo que el PSOE debe redactar concienzudamente un programa actualizado (casi todo ya está en el documento de la candidatura de Pedro), y convertirlo en un nuevo relato. Dar luz a todo lo que los ciudadanos han entendido, implicaba el eslogan del “No es No”. Porque un relato no sólo sirve para dar explicaciones, o para hacer pedagogía, que también. Un relato sirve para cambiar los términos de la discusión. Como nos recordaba hace un tiempo Víctor Lapuente: el pensador William Riker lo llamó “herestética”, o habilidad de presentar un dilema político, desde un prisma nuevo. Trabajar para seguir siendo alternativa a la derecha, nos exige dotar de nuevos contenidos a nuestro proyecto político, desmarcándonos sin complejos del PP, y tratando de imponer un nuevo lenguaje. “No pienses en un elefante”, como explica George Lakoff en su libro con ese título.
Vivimos en unos momentos de discursos vacíos, gritos, insultos y postureos, pero de muy pocas narraciones formadas. Esta ausencia de narrativas, que den cuenta de donde estamos o hacia donde nos dirigimos, explica en buena medida, el ritmo acelerado de las transformaciones actuales, que no llegan jamás a solidificarse en algo concreto (Y por cierto, en el documento presentado ya hace unos meses por Pedro Sánchez, se habla al inicio de eso: de una nueva “narrativa”, de un nuevo “relato” para el PSOE). Y esa falta de “narrativa", también revela el desarraigo vital circundante y la identidad disuelta. Como nos recordaba Máriam Martínez-Bascuñán: “Se le envejecen a uno las palabras en la boca”.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 7 de Junio del 2017.






lunes, 5 de junio de 2017

PSOE (I). PRIMARIAS

De las pasadas primarias se ha dicho ya casi todo. Así que me limitaré a decir alguna cosa más sobre ellas. Y en un par de días, me centraré en lo que creo es importante retener, cara al 39 Congreso.
La proeza de Pedro Sánchez, así me parece a mí, ha sido la victoria de la esperanza frente al miedo. El francés tiene una palabra que creo define muy bien esta hazaña: “panache”. Que significa sí, penacho. Pero también brío, resplandor, arrogancia, las virtudes de algunos héroes legendarios, y que Pedro atesora en grandes dimensiones. La audacia, la resolución y el sentido del riesgo, parecen haberse puesto de moda de nuevo (en Macron hay también mucho de ello) después de una larga época en la que eran la timidez, el quietismo y la seguridad, lo que daba réditos a los gobernantes.
Las primarias han refutado también, la antigua y clásica tesis del politólogo John May, según la cual los cargos medios y los militantes de los partidos, suelen tener posiciones más extremas, que los votantes y los líderes de los mismos. Les interesaría más a los primeros la pureza del partido, que ganar las elecciones. Y por ende, si es la militancia la que elige a sus representantes, necesariamente lo hará optando por candidatos radicales, incapaces de triunfar. Esta tesis, lo recuerdo bien, data de los pasados años ochenta, esgrimida con referencia a los candidatos laboristas británicos (Michel Foot) de aquello años. Ya entonces la tesis fue muy discutida, y no parecía compadecerse con lo que ocurría en otros partidos. Pero a día de hoy, y visto lo visto, no está nada claro que los sectores más “radicalizados”, queden confinados a la militancia. Las primarias han demostrado, a mi parecer, que con cierta frecuencia los líderes de un partido (Susana y los barones en el PSOE, Pablo Iglesias en Podemos) tienen posiciones más “radicalizadas”, más desajustadas de sus votantes, que las de un simple afiliado.
Estas primarias con un 80% de participación, tras muchas semanas de debates, a veces incluso algo broncos, nada edulcorados, han sido un auténtico ejemplo de democracia. Recordemos que la votación se realizaba “in person”, a pie de urna, incluso y con frecuencia, después de haberse desplazado kilómetros para votar. Así que nada que ver con cualquier simulacro de participación insignificante, como ese 1% de afiliados del PP, que participaron en la elección de sus compromisarios de su último Congreso; o esas pseudo-consultas en la red (con un simple clic de ordenador en la comodidad de casa) que organiza Podemos, con participaciones rara vez superiores al 35%.
Supongo que ya tengo demasiados años, pero de verdad no logro entender, en que mundo vivían los compañeros del aparato. ¿Cómo pudieron ignorar una realidad que se palpaba, se bebía a borbotones por doquier? De haber tenido un mínimo sentido de la realidad, tendrían que haber detectado la fatiga, el hartazgo, el cabreo de buena parte de la militancia, ante unas baronías que se remontan a décadas atrás. ¿De verdad a los “apparatchiki” les sorprende, que Pedro haya arrollados a Susana con una diferencia de más del 10%? Vamos anda. Simples militantes y simpatizantes, fueron capaces (desde el puro sentido común, que diría G.E. Moore) de ver algo en Pedro, que se le ha escapado al aparato y a la supuesta “intelligentsia” progresista. Pues eso: Pedro ha ganado, y un montón de próceres, notables y referentes intelectuales, han salido del envite carbonizados.
Pedro Sánchez ha resucitado al tercer día (al tercer mes) como el mesías. O como “la rosa de Paracelso”, ese cuento de Borges, alegoría de la fe. Tenerla no requiere de pruebas. Por eso el viejo Paracelso – como nos recordaba Rubén Amón – se resistió a obrar el milagro que le reclamaba un discípulo: “Demuéstrame que puedes devolver a la vida, la rosa que acabo de arrojar al fuego”. Y no lo hizo el sabio. O sí lo hizo, cuando el ambicioso alumno ya se había marchado.
Nadie ha creído en Pedro, más que él en sí mismo. Cuando tantos y tantos ridiculizaban su viaje de pastor mormón, pueblo a pueblo, casa a casa. Es la victoria de la perseverancia, de la obstinación. Con ellas ha logrado presentarse ante la militancia, como la encarnación de la pureza. Los milagros necesitan la credulidad de la feligresía. Se ha hecho “rosa”, sobre las cenizas de su herencia. Y es aquí (no conviertas jamás a tu adversario en un mártir) donde se me antoja más elocuente, la obtusa y fallida estrategia de Susana Díaz; y la impotencia de un ejército, que había reclutado a más generales que soldados. La Presidenta andaluza reunió a los barones y a los patriarcas. Aparentemente reconcilió a antiguas familias, aglutinó el poder institucional; pero semejante ejercicio de músculo oficialista, y de aparato burocrático, no hizo sino poner más de manifiesto la corpulencia de Pedro. La corriente de fondo era intensa y el oficialismo no la detectó. El error es grave. Cuando se quiere dirigir política e intelectualmente un país, o un partido, hay que saber, como alguien ha escrito, qué ocurre en el interior de las capas freáticas.
Y una última cosa que me gustaría recordar. Pedro o alguien de su equipo, dio con un eslogan genial: “NO es NO”. Como escribí en su día, en la carta pública que envié al Presidente de la Gestora, el estimado compañero Javier Fernández (https://senator42.blogspot.com.es/search/label/Carta%20Presidente%20Gestora). “En 1982 peleamos bajo un eslogan simple “Por el cambio”, que millones de españoles entendieron y apoyaron. Una situación parecida se estaba dando hoy con el “No es No”, que es una redundancia y obviedad, sí, pero que todos los militantes y los españoles, habían entendido perfectamente lo que significaba, incluso aquellos a los que no gustaba. Un eslogan genial, que ha calado y ha sido interiorizado por la mayor parte del partido. Tres palabras muy cortas que situaban a la organización, en una clara posición de cambio a la izquierda, y que podía ser entendida y adoptada igualmente, por los votantes de centro izquierda, como demostraban algunas encuestas realizadas, poco antes de la dimisión inducida de la CEF. Un “No es No” que según algunos es la nada, pero que me parece que nos hubiera podido llevar muy lejos”. Un comprimido relato, simple y categórico, que apuntaba a un hueco político que se había abierto, ante la ignorancia de muchos, entre la “casta” y las bases, el sistema y el antisistema, lo antiguo y lo nuevo. “No es NO” sólo ocupa ocho caracteres, espacios incluidos, pero fue un lema genial.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 5 de Junio del 2017.




miércoles, 17 de mayo de 2017

Y DALE CON LA "NACIÓN"

Vaya por delante que yo con eso de la “nación” o “naciones”, no tengo nada que ver. Me parece una emoción interesada. Creo en los “Estados”, y nada en las “Naciones”, que son un invento romántico/burgués de finales del siglo XVIII (la “Nation” francesa data de la República, antes no existía). Soy un fervoroso partidario de los Estados postnacionales. De un Estado federal europeo. François Mitterrand repetía aquello de “le nationalisme, c’est la guerre”. Ya sé que la identidad colectiva es algo muy importante para algunos, especialmente en tiempos convulsos, de futuro incierto. Pero las identidades no nacen, se hacen. No son innatas, son el producto de una construcción social. Algo muy difícil de contradecir desde el razonamiento, porque se sitúa fuera del campo de la razón, en el de las emociones. Pero dicho esto…
Apreciado compañero Patxi López, tampoco tú sabes lo que es una Nación, porque no lo sabe nadie. Y apreciada compañera Susana Díaz, mucho tiempo para leer no debes tener, pues de lo contrario, no le habrías echado en cara a Pedro, ser el primero en hablar de “nación de naciones”.
El supuesto concepto de “nación” es una simple emoción, aunque eso sí es. Como tal “concepto” es algo indefinido. O definido sin cesar, en función de intereses escondidos. Pues “definir” – dice Sartori - es, en primer lugar, delimitar, asignar fronteras. Un concepto indefinido es un concepto “sin final”, que no sabemos cuando es aplicable y cuando no, que incluye y que excluye.
Ya he escrito algunas veces como Renan, en pleno auge de los nacionalismos 1882, planteó un intento de definir “nación”. Y tras descartar que sus fundamentos pudieran ser los de la raza, legua, religión o historia, si habló de un elemento “subjetivo”, por emocional: la “voluntad” de estar juntos de un grupo humano, que se reconoce como tal, generalmente agrupado en un territorio, que cree tener elementos diferenciales, en general una lengua, para seguir siendo “lo que son”. Y añadió su conocida idea de “un plebiscito cotidiano”. Puntualizando que las naciones no son eternas, que comenzaron un día, y otro terminarán. Teoría que contradice lo que antes se pensaba sobre las naciones, aquello de que son una realidad inmutable.
Pero pasemos a la expresión de “nación de naciones”. Que no, Susana, no se la ha inventado Pedro. La utilizó por primera vez – como bien nos recuerda Borrell en su último libro – Walt Whitman para aplicarla a EE. UU. Y la retomó en 1957 el compañero Anselmo Carretero (al que tuve el honor de conocer en persona): “La nación española, nación de naciones o comunidad de pueblos, es el resultado de un largo y doloroso proceso histórico, en el que han tomado parte todos ellos”. Felipe González, en un artículo publicado con Carmen Chacón (El País 26 Julio del 2010) decía: “La concepción de España, como nación de naciones, nos fortalece a todos”. Y como también añade Pepe Borrell, Gregorio Peces-Barba, ponente constitucional del PSOE en 1977/78, dijo: “Acepté desde el principio, que el término nacionalidad es sinónimo de nación y que, en este sentido, España es una nación de naciones”. Pero apostillando: “No hay más que una nación soberana que es España, que es además el poder constituyente”.
Como Pepe, sé muy bien que esto va de política, no de ciencia, ni teoría. Y en ese campo, el de la política, el concepto de realidad plurinacional del Estado, puede ser una buena vía, para desarrollar el Artículo 2 de la Constitución, y dar satisfacción a las demandas de reconocimiento, de una parte de la sociedad catalana, sin que por ello troceemos la soberanía del pueblo español.
Todos, o al menos muchos, sabemos que el problema son las consecuencias jurídico-políticas, que se derivan del término “nación”. Para los independentistas, es el primer paso para construir un Estado; pero en el planteamiento que hace Pedro, que coincide con el del PSC, no identifica nación con soberanía política.
Se preguntaba Miquel Iceta en su libro “La Tercera Vía”: ¿Cataluña es un sujeto político? Y se respondía que sí, pero no es un sujeto político soberano. Ni tiene el derecho a la autodeterminación, porque no es una colonia, ni está ocupada militarmente, ni se niegan los derechos de las minorías nacionales, que son los únicos casos para los cuales la ONU reconoce ese derecho, a pesar que los independentistas no quieran enterarse.
Este planteamiento de realidad nacional, no va a satisfacer a los independentistas, ya lo sabemos. Pero sí podría servir para satisfacer el deseo de reconocimiento de su identidad, que tienen muchos catalanes sin ser independentistas, o que podrían dejar de serlo.
De manera que no, Sánchez no pretende romper España. Más bien, opino, los que están contribuyendo a agrandar las grietas, que amenazan nuestra estabilidad territorial, son los casposos de la “España una, grande y libre”. El proyecto de la candidatura de Pedro es 100% constitucionalista. De manera que ¿a que viene ahora tanto revuelo?
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 16 de Mayo del 2017.


lunes, 15 de mayo de 2017

"POTESTAS" Y "AUCTORITAS": SUSANA Y PEDRO

Un jeu d'esprit”. Un simple “divertimento”, entre estos conceptos romanos, y el poder y la autoridad, a día de hoy, entre dos de nuestros candidatos en las primarias.
La otra noche leyendo a Giovanni Sartori, mi pensamiento, siempre falible, me llevó a esta reflexión: "A día de hoy, Susana sigue disponiendo de la “potestas”, pero Pedro ha alcanzado ya la “auctoritas.Y aquí me podría detener, pues muchos ya habrán entendido, el fondo de mi reflexión.
Sin embargo, para aquellos que no estén demasiado acostumbrados a estas disquisiciones terminológicas, me explicaré un poco más.
Autoritarismo” viene de “autoridad” y fue acuñado por el fascismo, como término apreciativo. Luego, con la derrota del fascismo y del nazismo, autoritarismo se convirtió en un término peyorativo, que significa “mala autoridad”, un exceso y un abuso de autoridad, que aplasta la libertad. Autoritarismo se corresponde, como opuesto, más con libertad que con democracia. “Autoritarismo” es una cosa, y “autoridad” otra cosa totalmente diferente. El sufijo “ismo” separa dos conceptos casi antitéticos.
Auctoritas” es un término romano. Y para conocer la tortuosa evolución del concepto, bueno es leer a Hannah Arendt. Para los romanos “auctoritas” siempre fue diferente de “potestas” y, para ellos, “auctoritas” estaba estrechamente ligada a “dignitas”. Como señalaba Jaim Wirszubski, académico y teólogo lituano: “es la “dignitas” lo que sobre cualquier otra cosa, dota a un romano de “auctoritas”. Y la “dignitas implica la idea de mérito, y contiene la idea del respeto inspirado por ese mérito. Si juntamos todas esas ideas, resulta que – al final de una larga evolución histórica – hoy “autoridad” significa, en el uso común, “un poder que es respetado, aceptado, reconocido, legítimo”.
Pero profundicemos un poco más en la distinción entre poder (“potestas”) y autoridad (“auctoritas”). De por sí, etimológicamente, “poder” es un sustantivo inocuo. Tener poder de hacer significa “yo puedo, tengo la capacidad o me está permitido”. Pero se trata de ver con qué medios el poder “manda hacer” ¿Con incentivos? ¿Con privaciones? ¿Con coerción y uso de la fuerza? Cuando se llega a “mandar hacer” amenazando o usando la fuerza, entonces percibimos el poder político en su elemento más característico, de acuerdo con la definición clásica, que daba de él Max Weber: “el uso legal de la fuerza”. Pero ninguna sociedad puede simplemente reducirse y reconducirse, en su orden, a las órdenes que la gobiernan. Para explicar un orden social, hacen falta otros ingredientes, y entre ellos la autoridad. Y la autoridad explica, lo que el poder no explica.

Autoridad, como hemos dicho, es “poder aceptado, respetado, reconocido, legítimo”. La autoridad no manda, influye; y no pertenece a la esfera de la legalidad, sino a la de la legitimidad. Ya lo decían los romanos: la autoridad se basa en la “dignitas”. Y Jacques Maritain, el filósofo católico francés, lo resume en esta conclusión: “Denominaremos ‘autoridad’ al derecho de dirigir y de mandar, de ser escuchado (como también escribía Ignatieff en su obra “Fuego y cenizas”) y obedecido por los demás; y ‘poder’ la fuerza de que se dispone, y por medio de la cual, se puede obligar a los demás a escuchar o a obedecer… Por tener una parte de poder, la autoridad desciende hasta el orden físico; en cuanto autoridad, el poder se eleva hasta el orden moral”.
El ‘poder’ como tal, es un hecho de fuerza sostenido por sanciones, es una fuerza que se impone desde arriba. En cambio la ‘autoridad’, emerge de una investidura espontánea, y obtiene su fuerza del reconocimiento: es un “poder de prestigio”, que recibe de éste su legitimación y su eficacia. De lo que puede deducirse que una “buena democracia”, debe tender a transformar el poder en autoridad, y que el ideal de las fuerzas democráticas, debería ser el de reducir las “zonas de poder”, para sustituirlas por personas y organismos, dotados de autoridad.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 6 de Mayo del 2017.

martes, 2 de mayo de 2017

MI VOTO SERÁ PARA PEDRO SÁNCHEZ

Me parece que, aunque de modo poco consciente, hace ya tiempo que sabía que mi voto sería para Pedro Sánchez.
Desde el primer momento supe con certeza, que ni harto de vino votaría a Susana Díaz. Tengo que reconocer que cuando ella surgió de la nada, para sustituir a Griñán, durante un tiempo tuvo mi apoyo: una mujer y joven, pensaba, se pondría manos a la obra para renovar la organización andaluza. Pero mi gozo en un pozo. Enseguida se transparentó su ambición desmedida y sus mañas aparateras. Todos aquellos equilibrios para negar su apoyo explícito a Pedro, ya Secretario General elegido por los militantes y, según se decía, su apoyo desde la sombra, al complot para derribarlo, me ponían de los nervios, me indignaban. Pero también mi discrepancia con el ser del socialismo andaluz, clientelar y rural, caciquil (se entiende que me estoy refiriendo al aparato, no a los militantes). Por supuesto que el voto rural, tiene el mismo valor en sí, que el voto urbano, y lo respeto profundamente. Pero el voto urbano, más cosmopolita, más transformador, menos conservador, más progresista, más joven (desdeñando por supuesto, el apoyo de esos urbanitas chics, “gauche divine”, populistas donde los haya) es el que debemos recuperar, si de verdad le queremos dar un buen meneo a nuestras estructuras e instituciones. Así que defendiendo ese modelo, de muchos de los líderes actuales del socialismo sureño, de patriotismo casposo, no me encontrará nadie.
Luego está Patxi López. Estoy más que convencido de que es un buen tipo, una persona honrada y cabal. No me creo esas visiones conspiratorias, que lo presentan como un tapado del aparato para restar votos a Pedro. Creo que se precipitó de buena fe. Cuantas veces he repetido, lo conveniente que resulta tomarse un tiempo, no sólo para reflexionar, también para permitir que fluya el río de Heráclito, y nos aclaré el agua en la que tendremos que nadar. Pienso que ni el propio Pedro, estuvo seguro de presentarse a primarias de nuevo, hasta que comenzó a llegar el empuje de las plataformas, que se formaron inesperadamente, movidas por la justa indignación, ante lo ocurrido en el Comité Federal del 1 de Octubre. Y en esas pocas semanas de indecisión, algunos secretarios locales, muy preocupados por su futuro y que no se veían apoyando a Susana, convencieron a Patxi de ser su paladín. De repente se presentó Pedro de nuevo, y no tuvieron la flexibilidad necesaria, esa ágil cintura imprescindible en política, para rectificar sobre la marcha. Y ahora se encuentran encerrados en una trampa mortal, y en un espacio de nadie, o de casi nadie. Me gusta Patxi, repito, su racionalidad, su templanza, su bregada historia en el socialismo, pero no le veo con el carisma necesario, con el suficiente empuje, para conducir las emociones controladas de los militantes. No me parece que su candidatura sea, la que pueda detener el terrible fiasco que constituiría la victoria de Susana.
Foto cortesía de mi buen amigo Juan Ramón Pons
Y ya sólo me quedaba Pedro. Admito que no me gusta y me preocupa, ese martirologio y mesianismo que detecto, en algunos de los más enfervorizados fans de su candidatura. En una carta a Lucy M. Donnelly, Russell aconsejaba, para cualquiera que quisiera fundar una nueva religión: “Que muera en la cruz, y resucite al tercer día”. Parece que algo así piensan algunos “supporters”, que ha hecho Pedro: morir en la cruz del Comité Federal, y resucitar al tercer mes. Y como Pedro no tiene un pelo de tonto y lo sabe, cuando en algún mitin la emoción se reposa, él lo recuerda: “pagué un alto precio” (morí en la cruz), y la emoción se dispara de nuevo. Un poco demagógico es siempre este momento, pero ¿quien en política no ha recurrido de vez en cuando, al truco de halagar las emociones y pasiones? Me mosquean los caudillos y salvadores, aunque, “mea culpa”, algo de ello tenía Felipe cuando yo le apoyaba. No me gustan los que se hacen los mártires en política, a ella hay que llegar ya bien llorados. Pero también es verdad, que los gestores del golpe palaciego contra Pedro, no se han leído ni el primer artículo del catón político, aquel que aconseja: no hagas jamás de tu adversario un mártir.
Por muchas de esas cosas, y como no urgía, me tomé un tiempo para reflexionar. En esas semanas de espera, apareció el documento programático de la campaña de Pedro. Me lo leí con detenimiento de cabo a rabo. Y me encantó. Algunos de mis mejores amigos, de esos que siempre, desde Suresnes, han, hemos, estado continuamente al frente de la regeneración y puesta al día del partido (Pepe Borrell, Manu Escudero, Cristina Narbona, José Félix Tezanos…) fueron manifestando en público su apoyo a Pedro, e implicándose en su campaña. Anne Hidalgo, la alcaldesa gaditano-francesa de París, una mujer que me fascina, y una de las pocas mentes brillantes que parecen quedar aún en el partido socialista francés, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, y arriesgando bastante a mi parecer, se decantó claramente por el apoyo a Pedro. Eso para mí, fue un aldabonazo de atención. Y como no hay dos sin tres, nos sacudió la famosa y nefasta foto, de toda la nomenclatura histórica del PSOE, apoyando a Susana en Madrid. Eso ya era la repanocha. Era a mí entender, un suicidio colectivo. Ya no me quedaron dudas. Pero si alguna hubiera sobrevivido, se ahogó en mi escueta charla con Pedro en persona.
La famosa y nefasta foto
Soy un acérrimo defensor de la democracia representativa en el PSOE, frente a la directa y asamblearia. De la existencia de organismos de control y debate, como muros que se interpongan a las potenciales veleidades caudillistas, y resultados de demagógicos plebiscitos. Pero también de que todo ello se balancee hoy, por un funcionamiento que dé más voz y poder a los militantes, cuya opinión se consulte a la hora de las decisiones de calado, como por ejemplo el de las coaliciones de gobierno, la elección de los líderes, y la de los principales candidatos a instituciones públicas.
Quiero un PSOE auténticamente socialdemócrata, reformista de verdad, anclado en la izquierda transformadora, no populista, sin veleidades neoliberales de políticas austericidas, autónomo frente a los poderes económicos y mediáticos. Que sepa, en la realidad plural de hoy en las instituciones, conformar mayorías para gobernar, y remar hacia una sociedad más justa, más solidaria, más diversa. Que reforme la Constitución del 78, preservando todos sus valores de convivencia, libertad y solidaridad. Que apueste por una España profundamente federal, respetuosa con su diversidad, y consciente de que esa pluralidad cultural, histórica y social, es un activo que nos enriquece a todos. Que apoye una Europa superadora de los Estados nación, acogedora para los inmigrantes, internacionalista, diversa, solidaria con los débiles, plurilingüe, laica.
Foto cortesía de mi buen amigo Xim Chinchilla
Y modestamente pienso, que hacia esa sociedad, hacia esas España y Europa, con las que sueño desde niño, la candidatura de Pedro Sánchez, hoy a la Secretaría General, y mañana a la Presidencia del Gobierno, es la que más adecuadamente nos puede llevar.
Es verdad que asumir los nuevos desafíos exige valor y que, cuando el futuro es incierto, el temor y la inseguridad que sobrevienen, nos pueden llevar a refugiarnos en el pasado. Yo soy un historiador que investiga y valora el pasado, para aprender del mismo Pero ¿se puede construir un liderazgo sólo sobre el pasado? Evidentemente, no, salvo que la utilización del pasado sea tan sólo instrumental. Lo que sí parece cierto, es que no puede haber confianza en el futuro, sin un proyecto definido. Y el de la candidatura de Pedro nos gustará más o menos, pero es claro, y plasmado en negro sobre blanco.
Siempre he estado en la punta de lanza del regeneracionismo en el PSOE, primero en Suresnes, luego en 1979, después en las primarias Almunia-Borrell. Ahora sigo en el mismo sitio, en el núcleo de la renovación. Y si alguien no entiende la existencia de esta demanda regeneracionista, de nueva política, más ejemplar y más estética; y de nuevas políticas, más justas y más transformadoras, está adoleciendo de la visión necesaria que a todo dirigente político debe exigírsele. La política es anticipación. Si no entendemos el presente, si nos anclamos en nuestro glorioso pasado, si no sabemos interpretar correctamente los anhelos de nuestra sociedad, difícilmente aportaremos soluciones y el futuro se dará sin nosotros.
Pues eso.

Palma. Ca’n Pastilla a 26 de Abril del 2017.