De las pasadas primarias se ha dicho ya casi todo. Así que me limitaré a decir alguna cosa más sobre ellas. Y en un par de días, me centraré en lo que creo es importante retener, cara al 39 Congreso.
La proeza de Pedro Sánchez, así me parece a mí, ha sido la victoria de la esperanza frente al miedo. El francés tiene una palabra que creo define muy bien esta hazaña: “panache”. Que significa sí, penacho. Pero también brío, resplandor, arrogancia, las virtudes de algunos héroes legendarios, y que Pedro atesora en grandes dimensiones. La audacia, la resolución y el sentido del riesgo, parecen haberse puesto de moda de nuevo (en Macron hay también mucho de ello) después de una larga época en la que eran la timidez, el quietismo y la seguridad, lo que daba réditos a los gobernantes.
Las primarias han refutado también, la antigua y clásica tesis del politólogo John May, según la cual los cargos medios y los militantes de los partidos, suelen tener posiciones más extremas, que los votantes y los líderes de los mismos. Les interesaría más a los primeros la pureza del partido, que ganar las elecciones. Y por ende, si es la militancia la que elige a sus representantes, necesariamente lo hará optando por candidatos radicales, incapaces de triunfar. Esta tesis, lo recuerdo bien, data de los pasados años ochenta, esgrimida con referencia a los candidatos laboristas británicos (Michel Foot) de aquello años. Ya entonces la tesis fue muy discutida, y no parecía compadecerse con lo que ocurría en otros partidos. Pero a día de hoy, y visto lo visto, no está nada claro que los sectores más “radicalizados”, queden confinados a la militancia. Las primarias han demostrado, a mi parecer, que con cierta frecuencia los líderes de un partido (Susana y los barones en el PSOE, Pablo Iglesias en Podemos) tienen posiciones más “radicalizadas”, más desajustadas de sus votantes, que las de un simple afiliado.
Estas primarias con un 80% de participación, tras muchas semanas de debates, a veces incluso algo broncos, nada edulcorados, han sido un auténtico ejemplo de democracia. Recordemos que la votación se realizaba “in person”, a pie de urna, incluso y con frecuencia, después de haberse desplazado kilómetros para votar. Así que nada que ver con cualquier simulacro de participación insignificante, como ese 1% de afiliados del PP, que participaron en la elección de sus compromisarios de su último Congreso; o esas pseudo-consultas en la red (con un simple clic de ordenador en la comodidad de casa) que organiza Podemos, con participaciones rara vez superiores al 35%.
Supongo que ya tengo demasiados años, pero de verdad no logro entender, en que mundo vivían los compañeros del aparato. ¿Cómo pudieron ignorar una realidad que se palpaba, se bebía a borbotones por doquier? De haber tenido un mínimo sentido de la realidad, tendrían que haber detectado la fatiga, el hartazgo, el cabreo de buena parte de la militancia, ante unas baronías que se remontan a décadas atrás. ¿De verdad a los “apparatchiki” les sorprende, que Pedro haya arrollados a Susana con una diferencia de más del 10%? Vamos anda. Simples militantes y simpatizantes, fueron capaces (desde el puro sentido común, que diría G.E. Moore) de ver algo en Pedro, que se le ha escapado al aparato y a la supuesta “intelligentsia” progresista. Pues eso: Pedro ha ganado, y un montón de próceres, notables y referentes intelectuales, han salido del envite carbonizados.
Pedro Sánchez ha resucitado al tercer día (al tercer mes) como el mesías. O como “la rosa de Paracelso”, ese cuento de Borges, alegoría de la fe. Tenerla no requiere de pruebas. Por eso el viejo Paracelso – como nos recordaba Rubén Amón – se resistió a obrar el milagro que le reclamaba un discípulo: “Demuéstrame que puedes devolver a la vida, la rosa que acabo de arrojar al fuego”. Y no lo hizo el sabio. O sí lo hizo, cuando el ambicioso alumno ya se había marchado.
Nadie ha creído en Pedro, más que él en sí mismo. Cuando tantos y tantos ridiculizaban su viaje de pastor mormón, pueblo a pueblo, casa a casa. Es la victoria de la perseverancia, de la obstinación. Con ellas ha logrado presentarse ante la militancia, como la encarnación de la pureza. Los milagros necesitan la credulidad de la feligresía. Se ha hecho “rosa”, sobre las cenizas de su herencia. Y es aquí (no conviertas jamás a tu adversario en un mártir) donde se me antoja más elocuente, la obtusa y fallida estrategia de Susana Díaz; y la impotencia de un ejército, que había reclutado a más generales que soldados. La Presidenta andaluza reunió a los barones y a los patriarcas. Aparentemente reconcilió a antiguas familias, aglutinó el poder institucional; pero semejante ejercicio de músculo oficialista, y de aparato burocrático, no hizo sino poner más de manifiesto la corpulencia de Pedro. La corriente de fondo era intensa y el oficialismo no la detectó. El error es grave. Cuando se quiere dirigir política e intelectualmente un país, o un partido, hay que saber, como alguien ha escrito, qué ocurre en el interior de las capas freáticas.
Y una última cosa que me gustaría recordar. Pedro o alguien de su equipo, dio con un eslogan genial: “NO es NO”. Como escribí en su día, en la carta pública que envié al Presidente de la Gestora, el estimado compañero Javier Fernández (https://senator42.blogspot.com.es/search/label/Carta%20Presidente%20Gestora). “En 1982 peleamos bajo un eslogan simple “Por el cambio”, que millones de españoles entendieron y apoyaron. Una situación parecida se estaba dando hoy con el “No es No”, que es una redundancia y obviedad, sí, pero que todos los militantes y los españoles, habían entendido perfectamente lo que significaba, incluso aquellos a los que no gustaba. Un eslogan genial, que ha calado y ha sido interiorizado por la mayor parte del partido. Tres palabras muy cortas que situaban a la organización, en una clara posición de cambio a la izquierda, y que podía ser entendida y adoptada igualmente, por los votantes de centro izquierda, como demostraban algunas encuestas realizadas, poco antes de la dimisión inducida de la CEF. Un “No es No” que según algunos es la nada, pero que me parece que nos hubiera podido llevar muy lejos”. Un comprimido relato, simple y categórico, que apuntaba a un hueco político que se había abierto, ante la ignorancia de muchos, entre la “casta” y las bases, el sistema y el antisistema, lo antiguo y lo nuevo. “No es NO” sólo ocupa ocho caracteres, espacios incluidos, pero fue un lema genial.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 5 de Junio del 2017.
Reflexiones y opiniones a vuelapluma, de cualquier cosa que se me ocurra sobre política, historia, filosofía y otras materias
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lunes, 5 de junio de 2017
PSOE (I). PRIMARIAS
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lunes, 17 de octubre de 2016
CARTA AL PRESIDENTE DE LA GESTORA
Apreciado compañero Javier:
No te puedes hacer ni idea del dolor que me has causado. Hasta hace muy poco eras uno de mis referentes en el PSOE, como lo fueron en su día Felipe, Alfonso y Ramón Rubial. De Susana, Page, Vara, Lambán y compañía, no esperaba mucho ¡Pero tú también Bruto, hijo mío, cómplice en este golpe de mano! Mi estado de ánimo no te importará, lo sé. Ni siquiera te vas a enterar. Pero si te debería afectar, aunque fuera sólo un pelín, haber desilusionado a tantos militantes.
Por supuesto que es lícito discrepar y oponerse, al proyecto que impulsaba el ya ex Secretario General (elegido por la mayoría de los militantes, por si se os ha olvidado). Pero hay formas y formas de disentir, algunas de las cuales, “los golpes palaciegos”, poco acordes con nuestra cultura y tradición. ¿Por qué ninguno de vosotros dio un paso al frente, presentando un proyecto “mejor”, sí es que lo tenéis; y que no sea el de permitir el gobierno de la derecha, mientras sesteáis en vuestras Presidencias regionales? ¿Y por qué no presentasteis una moción de censura en el Comité Federal?
Menudo papelón el que habéis hecho. Y por cierto, y aunque nadie lo mencione, vaya concepto el que tenía de la Presidencia del partido, la compañera Micaela Navarro, adjuntándose a la conspiración. Si nuestro añorado Presidente Ramón Rubial hubiera vivido, él, que tan dignamente supo representar siempre a TODO el partido, se habría muerto de vergüenza.
Pero vayamos al grano. Estoy en absoluta disconformidad, con muchas de las cosas que has dicho estos días en El País, en la tele y en otros medios. Has afirmado que se “requería un aterrizaje forzoso en el principio de realidad, que no sintoniza con el sentimiento de los militantes más fervorosos”. ¿Qué realidad? Me tengo por un militante “fervoroso”, y no por ello por un populista que ignora la cruda realidad, a la hora de proponer alternativas políticas. No, no me he “podemizado” ni un poquito. Pero me temo que mi “realidad”, no es tu “realidad”. Con acento machadiano: tú realidad no, la realidad, y ven con la mayoría de los militantes a descubrirla.
“La política no es poesía, es prosa. No es sentimiento, es razón”, añades. Veamos. Me pienso como un racionalista sosegado, bastante kantiano. Las emociones y las ilusiones desatadas me ponen en guardia. Y mi escepticismo pirrónico, me lleva siempre a relativizar. Y por ello me parece una sinrazón, situar la razón por encima de cualquier otra facultad humana, o reducir el sentimiento, la solidaridad y las emociones, a una mera ilusión. El ejercicio de la razón representó un papel decisivo en el proceso ilustrado, efectivamente, pero reducir un proyecto político/intelectual altamente complejo, lleno de matices, a lo que luego se dio en llamar “el imperio de la razón”, es un simplismo absurdo. La razón, desprovista de una reflexión profunda sobre los fundamentos y las consecuencias de sus actos, llevó a Auschwitz y al gulag. Deberías leer a Habermas, y empaparte de su noción de “racionalidad comunicativa”.
Y para rematarlo todo, afirmas que “en política no basta tener razón, hace falta que te la den”. Muy cierto ¿quién os la ha dado a vosotros, porque los militantes parece que no? Nunca aceptasteis que el Comité Federal, dictaminara claramente que los socialistas, vía sus diputados, no posibilitarían la investidura de Rajoy mediante su abstención. Pedro Sánchez sí fue fiel a ese mandato, y lo persiguió con una tenacidad increíble. Y si fracasó en su intento, fue por la inmadurez política de Podemos.
Y sigues diciendo (ver El País 9.10.2016): “La tendencia a la democracia directa, no está en la cultura del PSOE, que no es una organización partidaria de los plebiscitos, y tiene una cultura representativa… La cultura populista es la cultura de la simplificación, y esa no puede ser nunca la del PSOE”. Totalmente de acuerdo. Me vengo manifestando reiteradamente contra referéndums y plebiscitos, y defendiendo la democracia representativa, una y otra vez sin descanso. Contra el manejo interesado de los aparatos, soy partidario de las primarias para elegir nuestros candidatos internos y públicos (al inicio tuve mis dudas) desde las de Almunia/Borrell. Pero me mantengo fiel a que los programas y proyectos los elaboren los Congresos. Y que las decisiones más relevantes entre ellos, las debata el Comité Federal. Hasta tal punto que, a pesar de vuestra lamentable, torticera y antidemocrática actuación, si aún fuera diputado, y para el próximo debate de investidura, acataría la decisión que tome aquel en unos días, sea la que sea. Y si mi conciencia no me permitiera acatarla, dimitiría de mi escaño. No me parece bien que cada diputado vaya por libre, según el nivel de su indignación. Ni nunca he creído que se pueda arreglar un desastre con otro. Pero te olvidas de un detalle sin importancia ¿qué plebiscito decidió el No es No a Rajoy? Fue el Comité Federal, uno de los pilares de nuestra democracia representativa de la que hablas. No fue ningún referéndum, sino vuestra torticera interpretación de la democracia representativa, la dimisión de la mitad de la CEF (contando a los muertos, que ya se necesita valor), un puñado de militantes contra la voluntad y votación de la mayoría de los afiliados, que habían elegido al Secretario General, la que nos llevó a este cataclismo. Soy un socialista veterano y, tanto como el que más, impregnado de nuestra tradición de democracia interna y cultura representativa. Así que cuando quieras, hablamos de eso, de lo que significa en el PSOE la “cultura representativa”.
En 1982 peleamos bajo un eslogan simple “Por el cambio”, que millones de españoles entendieron y apoyaron. Una situación parecida se estaba dando hoy con el “No es No”, que es una redundancia y obviedad, sí, pero que todos los militantes y los españoles, habían entendido perfectamente lo que significaba, incluso aquellos a los que no gustaba. Un eslogan genial, que ha calado y ha sido interiorizado por la mayor parte del partido. Tres palabras muy cortas que situaban a la organización, en una clara posición de cambio a la izquierda, y que podía ser entendida y adoptada igualmente, por los votantes de centro izquierda, como demostraban algunas encuestas realizadas, poco antes de la dimisión inducida de la CEF. Un “No es No” que según algunos es la nada, pero que me parece que nos hubiera podido llevar muy lejos.
Apreciado compañero Javier, aún no he escuchado de ninguno de vosotros, un argumento convincente por el cual deberíamos abstenernos, para que gobierne el PP. Como no sea el del terror a unas terceras elecciones (que es lo único que un partido no debería temer jamás: unas elecciones). La abstención rezuma debilidad, falta de convicciones, inconsistencia moral. Un PSOE de rodillas, pidiendo perdón por su giro de rumbo hacia la izquierda. No es un argumento, no es un relato, es una abdicación. Y que nadie me argumente, como por ahí he leído, que reafirmarnos en el “No es No”, es claudicar de la ética de la responsabilidad, ante la ética de la convicción. Es lo contrario, es ser fieles a la primera, pues estimamos que, acertados o no, un PSOE conchabado con la corrupta derecha, tendría unas consecuencias nefastas, a medio y largo plazo, para nuestra ciudadanía, especialmente para la parte más desamparada de la misma. Y aunque ya está siendo cansino, los argumentos potentes para el NO a Rajoy son muchos. Algunos los repetía el otro día, nuestro compañero Alfonso Rodríguez Badal, alcalde de Calvià: sus políticas son las que hemos combatido encarnecidamente durante los últimos cuatro años; la tremenda corrupción estructural de este PP; y la coherencia y credibilidad con el compromiso con nuestros votantes, de ser alternativa a la derecha, no sus compinches. Es cierto que después del “golpe de mano” interno, ahora cualquier decisión no es buena. Pero muchos preferimos reconstruir desde la credibilidad y firmeza de los compromisos, que desde el miedo a un resultado electoral malo.
Sí creo que el PSOE debe redactar concienzudamente un programa actualizado, un nuevo relato. Dar luz a todo lo que los ciudadanos han entendido, implica el eslogan del “No es No”. Y porque un relato no sólo sirve para dar explicaciones, o para hacer pedagogía. Un relato sirve para cambiar los términos de la discusión. Como nos recordaba el otro día Víctor Lapuente: el pensador William Riker lo llamó “herestética”, o habilidad de presentar un dilema político, desde un prisma nuevo. Trabajar para seguir siendo alternativa a la derecha, nos exige dotar de nuevos contenidos a nuestro proyecto político, desmarcándonos sin complejos del PP, y tratando de imponer un nuevo lenguaje. Porque la confianza – escribía Josep Ramoneda – la transmite el que marca el sentido de las palabras, no el que va a remolque, intentando simplemente corregir algún error de ortografía. He escrito hace ya tiempo, que debemos enfrentar con firmeza, algunas de las grandes lagunas que tenemos en nuestro apoyo electoral: la de los jóvenes; la de las grandes urbes; y la del enfoque del problema territorial, en base al diálogo sincero y permanente, sin miedo, sin tabús, pero sin subordinación ni vasallaje, con los partidos llamados nacionalistas y/o soberanitas. El futuro de la izquierda lo ganará, creo, quien conecte con aquellos que buscan pero no encuentran.
Y no compañero Javier, salvar al PSOE, no es salvar a Susana Díaz. Así que No a Rajoy, Terceras elecciones, Primarias y Congreso Extraordinario. ¡YA!. No olvides que los militantes, como escuché decir el otro día a Michelle Obama: “Tenemos conocimiento. Tenemos una elección. Tenemos un voto”.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 15 de Octubre del 2016
No te puedes hacer ni idea del dolor que me has causado. Hasta hace muy poco eras uno de mis referentes en el PSOE, como lo fueron en su día Felipe, Alfonso y Ramón Rubial. De Susana, Page, Vara, Lambán y compañía, no esperaba mucho ¡Pero tú también Bruto, hijo mío, cómplice en este golpe de mano! Mi estado de ánimo no te importará, lo sé. Ni siquiera te vas a enterar. Pero si te debería afectar, aunque fuera sólo un pelín, haber desilusionado a tantos militantes.
Por supuesto que es lícito discrepar y oponerse, al proyecto que impulsaba el ya ex Secretario General (elegido por la mayoría de los militantes, por si se os ha olvidado). Pero hay formas y formas de disentir, algunas de las cuales, “los golpes palaciegos”, poco acordes con nuestra cultura y tradición. ¿Por qué ninguno de vosotros dio un paso al frente, presentando un proyecto “mejor”, sí es que lo tenéis; y que no sea el de permitir el gobierno de la derecha, mientras sesteáis en vuestras Presidencias regionales? ¿Y por qué no presentasteis una moción de censura en el Comité Federal?
Menudo papelón el que habéis hecho. Y por cierto, y aunque nadie lo mencione, vaya concepto el que tenía de la Presidencia del partido, la compañera Micaela Navarro, adjuntándose a la conspiración. Si nuestro añorado Presidente Ramón Rubial hubiera vivido, él, que tan dignamente supo representar siempre a TODO el partido, se habría muerto de vergüenza.
Pero vayamos al grano. Estoy en absoluta disconformidad, con muchas de las cosas que has dicho estos días en El País, en la tele y en otros medios. Has afirmado que se “requería un aterrizaje forzoso en el principio de realidad, que no sintoniza con el sentimiento de los militantes más fervorosos”. ¿Qué realidad? Me tengo por un militante “fervoroso”, y no por ello por un populista que ignora la cruda realidad, a la hora de proponer alternativas políticas. No, no me he “podemizado” ni un poquito. Pero me temo que mi “realidad”, no es tu “realidad”. Con acento machadiano: tú realidad no, la realidad, y ven con la mayoría de los militantes a descubrirla.
“La política no es poesía, es prosa. No es sentimiento, es razón”, añades. Veamos. Me pienso como un racionalista sosegado, bastante kantiano. Las emociones y las ilusiones desatadas me ponen en guardia. Y mi escepticismo pirrónico, me lleva siempre a relativizar. Y por ello me parece una sinrazón, situar la razón por encima de cualquier otra facultad humana, o reducir el sentimiento, la solidaridad y las emociones, a una mera ilusión. El ejercicio de la razón representó un papel decisivo en el proceso ilustrado, efectivamente, pero reducir un proyecto político/intelectual altamente complejo, lleno de matices, a lo que luego se dio en llamar “el imperio de la razón”, es un simplismo absurdo. La razón, desprovista de una reflexión profunda sobre los fundamentos y las consecuencias de sus actos, llevó a Auschwitz y al gulag. Deberías leer a Habermas, y empaparte de su noción de “racionalidad comunicativa”.
Y para rematarlo todo, afirmas que “en política no basta tener razón, hace falta que te la den”. Muy cierto ¿quién os la ha dado a vosotros, porque los militantes parece que no? Nunca aceptasteis que el Comité Federal, dictaminara claramente que los socialistas, vía sus diputados, no posibilitarían la investidura de Rajoy mediante su abstención. Pedro Sánchez sí fue fiel a ese mandato, y lo persiguió con una tenacidad increíble. Y si fracasó en su intento, fue por la inmadurez política de Podemos.
Y sigues diciendo (ver El País 9.10.2016): “La tendencia a la democracia directa, no está en la cultura del PSOE, que no es una organización partidaria de los plebiscitos, y tiene una cultura representativa… La cultura populista es la cultura de la simplificación, y esa no puede ser nunca la del PSOE”. Totalmente de acuerdo. Me vengo manifestando reiteradamente contra referéndums y plebiscitos, y defendiendo la democracia representativa, una y otra vez sin descanso. Contra el manejo interesado de los aparatos, soy partidario de las primarias para elegir nuestros candidatos internos y públicos (al inicio tuve mis dudas) desde las de Almunia/Borrell. Pero me mantengo fiel a que los programas y proyectos los elaboren los Congresos. Y que las decisiones más relevantes entre ellos, las debata el Comité Federal. Hasta tal punto que, a pesar de vuestra lamentable, torticera y antidemocrática actuación, si aún fuera diputado, y para el próximo debate de investidura, acataría la decisión que tome aquel en unos días, sea la que sea. Y si mi conciencia no me permitiera acatarla, dimitiría de mi escaño. No me parece bien que cada diputado vaya por libre, según el nivel de su indignación. Ni nunca he creído que se pueda arreglar un desastre con otro. Pero te olvidas de un detalle sin importancia ¿qué plebiscito decidió el No es No a Rajoy? Fue el Comité Federal, uno de los pilares de nuestra democracia representativa de la que hablas. No fue ningún referéndum, sino vuestra torticera interpretación de la democracia representativa, la dimisión de la mitad de la CEF (contando a los muertos, que ya se necesita valor), un puñado de militantes contra la voluntad y votación de la mayoría de los afiliados, que habían elegido al Secretario General, la que nos llevó a este cataclismo. Soy un socialista veterano y, tanto como el que más, impregnado de nuestra tradición de democracia interna y cultura representativa. Así que cuando quieras, hablamos de eso, de lo que significa en el PSOE la “cultura representativa”.
En 1982 peleamos bajo un eslogan simple “Por el cambio”, que millones de españoles entendieron y apoyaron. Una situación parecida se estaba dando hoy con el “No es No”, que es una redundancia y obviedad, sí, pero que todos los militantes y los españoles, habían entendido perfectamente lo que significaba, incluso aquellos a los que no gustaba. Un eslogan genial, que ha calado y ha sido interiorizado por la mayor parte del partido. Tres palabras muy cortas que situaban a la organización, en una clara posición de cambio a la izquierda, y que podía ser entendida y adoptada igualmente, por los votantes de centro izquierda, como demostraban algunas encuestas realizadas, poco antes de la dimisión inducida de la CEF. Un “No es No” que según algunos es la nada, pero que me parece que nos hubiera podido llevar muy lejos.
Apreciado compañero Javier, aún no he escuchado de ninguno de vosotros, un argumento convincente por el cual deberíamos abstenernos, para que gobierne el PP. Como no sea el del terror a unas terceras elecciones (que es lo único que un partido no debería temer jamás: unas elecciones). La abstención rezuma debilidad, falta de convicciones, inconsistencia moral. Un PSOE de rodillas, pidiendo perdón por su giro de rumbo hacia la izquierda. No es un argumento, no es un relato, es una abdicación. Y que nadie me argumente, como por ahí he leído, que reafirmarnos en el “No es No”, es claudicar de la ética de la responsabilidad, ante la ética de la convicción. Es lo contrario, es ser fieles a la primera, pues estimamos que, acertados o no, un PSOE conchabado con la corrupta derecha, tendría unas consecuencias nefastas, a medio y largo plazo, para nuestra ciudadanía, especialmente para la parte más desamparada de la misma. Y aunque ya está siendo cansino, los argumentos potentes para el NO a Rajoy son muchos. Algunos los repetía el otro día, nuestro compañero Alfonso Rodríguez Badal, alcalde de Calvià: sus políticas son las que hemos combatido encarnecidamente durante los últimos cuatro años; la tremenda corrupción estructural de este PP; y la coherencia y credibilidad con el compromiso con nuestros votantes, de ser alternativa a la derecha, no sus compinches. Es cierto que después del “golpe de mano” interno, ahora cualquier decisión no es buena. Pero muchos preferimos reconstruir desde la credibilidad y firmeza de los compromisos, que desde el miedo a un resultado electoral malo.
Sí creo que el PSOE debe redactar concienzudamente un programa actualizado, un nuevo relato. Dar luz a todo lo que los ciudadanos han entendido, implica el eslogan del “No es No”. Y porque un relato no sólo sirve para dar explicaciones, o para hacer pedagogía. Un relato sirve para cambiar los términos de la discusión. Como nos recordaba el otro día Víctor Lapuente: el pensador William Riker lo llamó “herestética”, o habilidad de presentar un dilema político, desde un prisma nuevo. Trabajar para seguir siendo alternativa a la derecha, nos exige dotar de nuevos contenidos a nuestro proyecto político, desmarcándonos sin complejos del PP, y tratando de imponer un nuevo lenguaje. Porque la confianza – escribía Josep Ramoneda – la transmite el que marca el sentido de las palabras, no el que va a remolque, intentando simplemente corregir algún error de ortografía. He escrito hace ya tiempo, que debemos enfrentar con firmeza, algunas de las grandes lagunas que tenemos en nuestro apoyo electoral: la de los jóvenes; la de las grandes urbes; y la del enfoque del problema territorial, en base al diálogo sincero y permanente, sin miedo, sin tabús, pero sin subordinación ni vasallaje, con los partidos llamados nacionalistas y/o soberanitas. El futuro de la izquierda lo ganará, creo, quien conecte con aquellos que buscan pero no encuentran.
Y no compañero Javier, salvar al PSOE, no es salvar a Susana Díaz. Así que No a Rajoy, Terceras elecciones, Primarias y Congreso Extraordinario. ¡YA!. No olvides que los militantes, como escuché decir el otro día a Michelle Obama: “Tenemos conocimiento. Tenemos una elección. Tenemos un voto”.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 15 de Octubre del 2016
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lunes, 10 de octubre de 2016
¿PODEMOS CON PODEMOS?
Y vaya por delante, que ya he manifestado públicamente, que soy partidario de llegar a algún tipo de acuerdo con Podemos y Ciudadanos. Pero también que estoy seguro de que va a ser muy difícil, casi imposible. Y no sólo por el veto recíproco que se aplican, y del cual no parecen apearse, uno al otro. También por el tipo de organización que, hoy por hoy, es Podemos.
Como alguna vez ya he explicado, Podemos es una fuerza de “aluvión”, en la que recalaron cientos de españoles indignados, con razón, por la política errónea e injusta que los partidos tradicionales, desnortados, aplicaron a la crisis global sobrevenida repentinamente. Una organización que creció de las manos de unos líderes ingeniosos, jóvenes profesores universitarios, de raíces ideológicas populistas y/o comunistas; que supieron aprovechar, en los nuevos medios de comunicación, la rabia explicable de muchos ciudadanos, y les ofrecieron como alternativa a sus males, toda una panoplia de ideas radicales, contradictorias entre si, e inaplicables a nuestra realidad económico social, inserta en el ámbito europeo.
Es cierto que el PSOE no estuvo exento de culpa. No vio venir la crisis, no la admitió al inicio, y se dejó deslumbrar por los remedios neoliberales, que aplicaban, que aun aplican, los gobiernos europeos. Pero el PSOE no es el PASOK griego, como a tantos les gustaba repetir. Es un partido con muchos años de historia, con gran tradición democrática, con su memoria y su cultura centenarias, con una apreciable capacidad para las renovaciones profundas, que se ha aplicado sin anestesia, muchas veces a lo largo de su historia. Un partido, no un popurrí. Como se ha demostrado en los últimos meses, al comprobar como Pedro Sánchez ha ganado la batalla del “NO es NO”, con el exclusivo apoyo de sus militantes y votantes; enfrentándose a una enorme presión mediática, de algunos de sus barones, de los demás partidos, de la Iglesia, y del sursuncorda (del latín “Sursum corda”).
El problema que tienen las fuerzas política que crecen en aluvión, es que antes o después sufren la inevitable crisis de adolescencia (como me parece comienza a ocurrirle hoy a Podemos), y si no dan con un buen cemento, comienzan a agrietarse (recordemos el ejemplo de la UCD, un conglomerado de grupos políticos sin una ideología clara, sólo unidos por el “poder” mientras detentaron el Gobierno). Las dificultades se presentan, cuando sus líderes se dejan arrastrar por egos desbocados, sin el freno de una organización bien consolidada (también sirve el ejemplo de la UCD). O, muy especialmente, cuando hay que comenzar a tomar medidas concretas, cuando hay que mojarse, y cada uno es de su padre y de su madre, pues es entonces cuando las grietas se convierten en espectaculares socavones. De ahí que algunas fuerzas políticas, sólo puedan conservar su apariencia de unidad, manteniéndose en la cómoda oposición.
Podemos tiene hoy ante sí, un serio problema de crecimiento y de identidad. A mí me parece que han perdido la inercia positiva que lograron, al asumir las reivindicaciones del 15M. Y que su estructura interna es cada día más autoritaria y caudillista. Lo ocurrido con En Marea, al verse obligados a renunciar a sus siglas, puede ser el inicio de una serie de problemas territoriales, que constatarán la debilidad actual del partido morado. Si Podemos quiere consolidarse como una fuerza de izquierdas de implantación nacional, debería revisar su organización interna excesivamente piramidal, y aclarar, seguro que con algún coste, su posición ideológica, tanto a nivel político, como económico y territorial. No se puede ser a la vez comunista y socialdemócrata, populista y transversal; ni defender el derecho a decidir en ciertos territorios, postulándose al mismo tiempo como un partido nacional.
A día de hoy, a Podemos le falta teoría y partido para enfrentarse al PSOE que, aun sin tener el acceso privilegiado a los medios que tiene aquel, parece seguir por delante en la intención de voto de los ciudadanos. A la organización de Iglesias, al menos de momento, le falta sentido de comunidad, cohesión, tradición y cultura democrática, y le sobra narcisismo. Y en donde no hay doctrina ni ideología, no puede haber partido.
Como escribió Mariam Martínez-Bascuñan, Podemos pretendió agrupar a la izquierda, activando un lenguaje político que a todas luces, o al menos a las de muchos de nosotros, no casaba con los marcos en los que se insertan los valores profundos de este país. La de España, hoy, es una izquierda posnacional, curada de afectos patrióticos por la herencia franquista, y más vinculada con una tradición cosmopolita. Puede ser españolista, “bien sûre”, pero se trata de un nacionalismo laico, poco susceptible de convertirse en un mito transcendente, que genere identidad política.
Difícil por no decir imposible, un proyecto político que pretenda basar su identidad, conjugando, en plan transcendente, el patriotismo español con otros periféricos nacionalismos. Un tal baile de máscaras, entre patriotismo, socialismo-comunismo, y derechos a decidir, poco tiene que ver con una izquierda compacta en lo ideológico, y en la relación de los militantes con su líder, que no se difumina en mitad de un experimento político de confluencias. Desde los inicios algunos, modestamente, creímos detectar en Podemos un claro error de diseño que nos llevaba a preguntarnos, hasta que punto tenía sentido aplicar estrategias, que presuponen activismos políticos para espacios sociales en contextos latinoamericanos, a una geografía política anclada ya en la cultura parlamentaria, donde el componente “ciudadano”, es más fuerte que el componente “pueblo”. En el trasfondo de todo ello subyace, me temo, que la identidad del “Proyecto” Podemos, se vinculó excesivamente al objetivo del “sorpasso”, al de ser un partido “por sí mismo” con capacidad de derrotar al PP.
Un próximo Gobierno español decente y honrado (y no me refiero sólo al tema del dinero) tendrá que tomar medidas difíciles, drásticas y duras. Y no se pueden afrontar medidas de calado, con frecuencia impopulares, desde una base inconsistente, desde una falta de definición ideológica, desde una organización aún no bien cimentada, y testada a lo largo de muchos años de desafíos importantes, a la que decisiones complicadas, no le hagan crujir las cuadernas. Y es por todo ello, por todo lo analizado y escrito, por lo que me pregunto ¿Podemos con Podemos?
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 14 de Septiembre del 2016.
Como alguna vez ya he explicado, Podemos es una fuerza de “aluvión”, en la que recalaron cientos de españoles indignados, con razón, por la política errónea e injusta que los partidos tradicionales, desnortados, aplicaron a la crisis global sobrevenida repentinamente. Una organización que creció de las manos de unos líderes ingeniosos, jóvenes profesores universitarios, de raíces ideológicas populistas y/o comunistas; que supieron aprovechar, en los nuevos medios de comunicación, la rabia explicable de muchos ciudadanos, y les ofrecieron como alternativa a sus males, toda una panoplia de ideas radicales, contradictorias entre si, e inaplicables a nuestra realidad económico social, inserta en el ámbito europeo.
Es cierto que el PSOE no estuvo exento de culpa. No vio venir la crisis, no la admitió al inicio, y se dejó deslumbrar por los remedios neoliberales, que aplicaban, que aun aplican, los gobiernos europeos. Pero el PSOE no es el PASOK griego, como a tantos les gustaba repetir. Es un partido con muchos años de historia, con gran tradición democrática, con su memoria y su cultura centenarias, con una apreciable capacidad para las renovaciones profundas, que se ha aplicado sin anestesia, muchas veces a lo largo de su historia. Un partido, no un popurrí. Como se ha demostrado en los últimos meses, al comprobar como Pedro Sánchez ha ganado la batalla del “NO es NO”, con el exclusivo apoyo de sus militantes y votantes; enfrentándose a una enorme presión mediática, de algunos de sus barones, de los demás partidos, de la Iglesia, y del sursuncorda (del latín “Sursum corda”).
El problema que tienen las fuerzas política que crecen en aluvión, es que antes o después sufren la inevitable crisis de adolescencia (como me parece comienza a ocurrirle hoy a Podemos), y si no dan con un buen cemento, comienzan a agrietarse (recordemos el ejemplo de la UCD, un conglomerado de grupos políticos sin una ideología clara, sólo unidos por el “poder” mientras detentaron el Gobierno). Las dificultades se presentan, cuando sus líderes se dejan arrastrar por egos desbocados, sin el freno de una organización bien consolidada (también sirve el ejemplo de la UCD). O, muy especialmente, cuando hay que comenzar a tomar medidas concretas, cuando hay que mojarse, y cada uno es de su padre y de su madre, pues es entonces cuando las grietas se convierten en espectaculares socavones. De ahí que algunas fuerzas políticas, sólo puedan conservar su apariencia de unidad, manteniéndose en la cómoda oposición.
Podemos tiene hoy ante sí, un serio problema de crecimiento y de identidad. A mí me parece que han perdido la inercia positiva que lograron, al asumir las reivindicaciones del 15M. Y que su estructura interna es cada día más autoritaria y caudillista. Lo ocurrido con En Marea, al verse obligados a renunciar a sus siglas, puede ser el inicio de una serie de problemas territoriales, que constatarán la debilidad actual del partido morado. Si Podemos quiere consolidarse como una fuerza de izquierdas de implantación nacional, debería revisar su organización interna excesivamente piramidal, y aclarar, seguro que con algún coste, su posición ideológica, tanto a nivel político, como económico y territorial. No se puede ser a la vez comunista y socialdemócrata, populista y transversal; ni defender el derecho a decidir en ciertos territorios, postulándose al mismo tiempo como un partido nacional.
A día de hoy, a Podemos le falta teoría y partido para enfrentarse al PSOE que, aun sin tener el acceso privilegiado a los medios que tiene aquel, parece seguir por delante en la intención de voto de los ciudadanos. A la organización de Iglesias, al menos de momento, le falta sentido de comunidad, cohesión, tradición y cultura democrática, y le sobra narcisismo. Y en donde no hay doctrina ni ideología, no puede haber partido.
Como escribió Mariam Martínez-Bascuñan, Podemos pretendió agrupar a la izquierda, activando un lenguaje político que a todas luces, o al menos a las de muchos de nosotros, no casaba con los marcos en los que se insertan los valores profundos de este país. La de España, hoy, es una izquierda posnacional, curada de afectos patrióticos por la herencia franquista, y más vinculada con una tradición cosmopolita. Puede ser españolista, “bien sûre”, pero se trata de un nacionalismo laico, poco susceptible de convertirse en un mito transcendente, que genere identidad política.
Difícil por no decir imposible, un proyecto político que pretenda basar su identidad, conjugando, en plan transcendente, el patriotismo español con otros periféricos nacionalismos. Un tal baile de máscaras, entre patriotismo, socialismo-comunismo, y derechos a decidir, poco tiene que ver con una izquierda compacta en lo ideológico, y en la relación de los militantes con su líder, que no se difumina en mitad de un experimento político de confluencias. Desde los inicios algunos, modestamente, creímos detectar en Podemos un claro error de diseño que nos llevaba a preguntarnos, hasta que punto tenía sentido aplicar estrategias, que presuponen activismos políticos para espacios sociales en contextos latinoamericanos, a una geografía política anclada ya en la cultura parlamentaria, donde el componente “ciudadano”, es más fuerte que el componente “pueblo”. En el trasfondo de todo ello subyace, me temo, que la identidad del “Proyecto” Podemos, se vinculó excesivamente al objetivo del “sorpasso”, al de ser un partido “por sí mismo” con capacidad de derrotar al PP.
Un próximo Gobierno español decente y honrado (y no me refiero sólo al tema del dinero) tendrá que tomar medidas difíciles, drásticas y duras. Y no se pueden afrontar medidas de calado, con frecuencia impopulares, desde una base inconsistente, desde una falta de definición ideológica, desde una organización aún no bien cimentada, y testada a lo largo de muchos años de desafíos importantes, a la que decisiones complicadas, no le hagan crujir las cuadernas. Y es por todo ello, por todo lo analizado y escrito, por lo que me pregunto ¿Podemos con Podemos?
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 14 de Septiembre del 2016.
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