Tours no escindió, como ya hemos dicho, el socialismo francés en reformistas y revolucionarios. La escisión separó a militantes que tenían muchas más cosas en común entre ellos, que las que iban a tener con sus nuevos compañeros. Solo retrospectivamente, y por influencia de la propaganda del Partido Comunista, parece que la SFIO se reconstruyó sobre posiciones más de derechas. Y los socialistas tuvieron consciencia inmediata de esta distorsión, entendieron que debían preservar las particularidades que les distinguían de los comunistas, y que les era necesario combatir sin cesar la idea, muy extendida, de que ellos estaban más a la derecha que aquellos. Pero convencer de ello a los electores, sin perder militantes, y al tiempo conservando su cohesión doctrinal, no era tarea nada fácil, y requería un esfuerzo casi sobrehumano. La explicación de cómo superaron ese reto descomunal, es lo que trata de dilucidar la tesis doctoral de Tony Judt.
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Tony Judt |
Pues bien, es esta magnífica historiadora la que escribe el Prefacio de la obra de Judt “La Reconstruction du Parti Socialiste 1921-1926”. Y en el mismo, a mi parecer, resume con precisión y elegancia el libro de Judt, las circunstancias particulares, los procedimientos concretos por los cuales, después del cataclismo de Tours, se reconstruyó la vieille maison en menos de cinco años... Explica Kriegel que se trata de un hermoso libro, especialmente por el excepcional interés del sujeto del mismo: “Era necesario haber crecido en una Gran Bretaña laborista para, a mediados de los años 60, en los tiempos de un declive que parecía haber llegado a su fin y anunciar inexorablemente la próxima muerte de la SFIO, interesarse en lo que parecía un milagro poco susceptible de repetirse: ¡¡el renacimiento en Francia, en los años 20, de un partido socialista!! “.
“La historia de los orígenes reiniciados”: esta es la hermosa fórmula que cierra el último capítulo del libro, y como no ver en ella uno de los rasgos más distintivos de un socialismo francés, cuya “necesidad” debería concitar ahora la atención de los politólogos, porque, como un fénix renacido de sus cenizas, ha manifestado esta capacidad y este don tantas veces, que sobre el mismo pronto se podrá escribir una “historia interminable”.
Un Partido: hombres e ideas. Así podría resumirse el pensamiento del autor.
Los hombres: son ellos los que ont tenu (han aguantado, han resistido). Las estructuras, los servicios, los aparatos, las instituciones, los organismos, pueden ser tomados por asalto, destruidos por la tempestad y el entusiasmo que avivan la guerra y la revolución. Pero a los hombres, a los individuos, a los “ciudadanos” (como el partido socialista había siempre llamado a los suyos) ninguna “ola de entusiasmo” es capaz de distraerlos, de alejarlos de lo que ellos son. A condición claro, de que ellos hayan tenido tiempo de conocer y reconocer lo que son propiamente: así estos hombres no son ya jovencitos, ni adherido neófitos, ni miembros de círculos sociales, globalmente poco untados de socialismo. Son trabajadores, políticamente maduros, que ocupan puestos de responsabilidad, dirigentes sindicales, cuadros del partido, elegidos (alcaldes, consejeros generales, parlamentarios) “notables” indiscutiblemente, caciques (barones diríamos hoy) sí, brevemente “animales políticos”. El joven Ortega y Gasset escribía: “Los hombres no mueren de incredulidad o de escepticismo, sino de vaguedad, de verlo todo incierto, brumoso, sin una idea ni decisión sólida, mascable: mueren de quedarse como pajaritos desfallecientes y reblandecidos en lugar de tomar la decisión de “precisarse”. Y Michael Ignatieff se refería a este tipo de políticos con la expresión francesa de un homme de terrain. No existe, me parece, un equivalente inmediato en castellano. Pero podríamos decir que se trata del político que conoce bien el terreno que pisa, que tiene los pies bien firmes en la tierra, y que sabe de dónde vienen los suyos. Y Annie Kriegel continúa: “Se trata de hombres que han hecho bien sus cuentas, y luego se han contado entre ellos palpándose los miembros doloridos, y con calma, pero obstinadamente, sin fanfarria alguna, se han puesto de nuevo a la labor, reuniendo los pedazos, recogiendo los despojos, anudando una vez más los hilos. Y Judt considera que la principal razón de la resurgencia de las Federaciones del Partido Socialista, fue la presencia de estos hombres, de esas “personalidades” que no se consideraban “cuadros”, pero que sí constituían los nudos vivientes del tejido socialista”.
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Annie Kriegel |
Y termina Annie Kriegel su estupendo Prefacio, con estas palabras: “T. Judt nos proporciona un análisis de lo que fueron, a la vez, el éxito de la aparición en Francia de un fenómeno comunista, y sus límites. Límites que fueron establecidos, levantados, por un puñado de hombres, notables y/o cuadros de provincia, pero hombres políticos que se sabían ligados a una indiscutible fuerza social: el pueblo, especialmente el de los trabajadores de las ciudades, y a nobles ideales: la libertad y la justicia”.
Palma. Ca’n Pastilla a 31 de Marzo del 2015.