La persona y la obra de Apel resultan inseparables de la Escuela de Fráncfort. Él y Jürgen Habermas, forman parte de la segunda generación de la misma. Sucesores o continuadores, como es sabido, de Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Max Horkheimer, Erich Fromm y, algo más tarde y desde la distancia, Walter Benjamin. La llegada del nazismo supuso la dispersión de la Escuela. Y la mayoría de sus integrantes recalaron en Estados Unidos, donde su pensamiento, de raíz hegeliano-marxista, pasó a ser denominado “teoría crítica”, posiblemente ante los problemas del término marxista en ese país.
Tras la Segunda Guerra Mundial la Escuela recuperó su vitalidad, con Habermas y Apel. Ambos trabajaron en la “ética del discurso” o “acción comunicativa”, pretendiendo dejar claro que la democracia comienza en el leguaje. Es la igualdad comunicativa lo que facilita la igualdad en la capacidad de decisión, es decir, la participación en una ética colectiva, de aspiración universalista. Es cierto que ambos coinciden mucho, pero no siempre, como muestra el curioso volumen de Apel titulado “Pensar con Habermas contra Habermas” (Siglo XXI, 1994).
Apel nació el 15 de marzo de 1922 en Düsseldorf, estudió filosofía en Bonn y se integró en la docencia, primero en la Universidad de Maguncia, luego en la de Kiel y, finalmente, en Fráncfort. En el inicio sus trabajos mostraban una clara influencia de la hermenéutica heideggeriana, pero también de la obra de Ernst Cassirer. Ambos caminos le llevaron a sus dos preocupaciones principales: el lenguaje y la ética. Y la relación entre ambas.
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Karl-Otto Apel |
Apel y Habermas iniciaron el reencuentro del marxismo con Kant, oscurecido durante años por Hegel. En Kant, Apel encuentra un camino libre a una ética de voluntad universal. O, cuando menos, a la posibilidad de superar el mero subjetivismo. Y no fue tarea fácil, no, porque, recordemos, su obra coincidió en el tiempo, con el espíritu relativista defendido por los posmodernos y, también, con la crítica encabezada por Foucault. Ya Descartes intuyó que una ética universal era problemática, y aceptó regirse por una moral provisional, pero no renunció a la posibilidad de una moral válida para todos. Es decir, no renunció a la idea del bien y a la del mal. Y en eso anduvo Apel.
Con motivo del fallecimiento de Apel, Adela Cortina ha escrito que su biografía intelectual, está jalonada por la elaboración de una propuesta filosófica, que tiene por hilo conductor la atención al lenguaje, como el lugar desde el que los seres humanos hacen ciencia y ética, desde el que son posibles la comprensión y la acción. Apel se adentró en los caminos de la hermenéutica de Dilthey, Heidegger y Gadamer, en el pragmatismo de Peirce, en la filosofía del lenguaje de Humboldt, Wittgenstein, Searle o Austin. Y en diálogo con ellos, y muy especialmente con Kant, elaboró la propuesta que apareció en su mencionada “La transformación de la filosofía” (1973).
Casado con Judith, una mujer extraordinaria, tenía tres hijas, a las que adoraba; disfrutaba compartiendo el tiempo con sus amigos; se enfurecía cuando perdía la selección alemana y le gustaba el vino tiento; pero sobre todo podía pasar horas enteras, discutiendo apasionadamente de filosofía, porque creía en su importancia, para la vida de las personas y de los pueblos. Como su colega y gran amigo Jürgen Habermas, experimentaba la necesidad de evitar recaer en situaciones como la del nacionalsocialismo, que surgió, entre otras cosas, del rechazo al pensamiento, a la argumentación y a la crítica. De ahí que Apel se haya esforzado por recordar, junto a Habermas, que los seres humanos nos hacemos desde el diálogo, y no desde el monólogo impositivo; que es preciso argumentar, y no sólo sentir, para descubrir cooperativamente, que es lo más verdadero y lo más justo.
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Jürgen Habermas |
En el PSOE no debemos jamás olvidar, que dentro de la organización necesitamos conservar una democracia incluyente, en la que el debate y la confrontación política, no supongan la marginación, descalificación y exclusión de nadie. Hoy ya no se decapitan reyes, se construyen hegemonías. O lo que es lo mismo, los que consigan determinar el sentido de las palabras, imponer dialécticamente su relato, ganan.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 21 de Julio del 2017.