En mi simple condición de aficionado a la filosofía, acepto que Heidegger fue, ciertamente, el autor de una ontología de primera categoría – aunque coincido con Pierre Bourdieu, cuando la calificó de un “galimatías abstracto” – y de una reconsideración de la pregunta sobre el ser, que nos permite dibujar el arco amplísimo de la filosofía, que va de los presocráticos hasta el mismo Heidegger. Pasando, “ça va de soi”, por el descrédito del racionalismo cartesiano, pascaliano y spinozista, los empiristas ingleses, “bien sûr”, la filosofía ilustrada de Kant y, en menor medida, la romántica de Hegel.
Nos recordaba el otro día Jordi Llovet, que ya hay demasiados textos de Heidegger, que demuestran que estuvo convencido – puede ser que toda su vida, pues jamás se desdijo de lo que había dicho, en los diez meses 1933-1934 de rectorado en Friburgo – de una serie de tesis que le hermanaban, ante la perplejidad de sus discípulos, con las necias autoridades académicas e intelectuales del régimen de Hitler.
![]() |
Heidegger dentro del círculo |
Gracias a la “generosidad” del hijo de Heidegger, Hermann, los investigadores han podido tener acceso a una cantidad importante de declaraciones, conferencias públicas y seminarios del filósofo, que producen realmente angustia, especialmente entre los años 1933 y 1935. Mucho de ello lo podemos leer en un libro apasionante, que acaba de publicar Emmanuel Faye, “Heidegger. La introducción del nazismo en la filosofía”. Heidegger habría sido el filósofo ideal para el pensamiento totalitario del nacionalsocialismo, si no hubiera sido porque lo corifeos de Hitler, consideraban infecto cualquier acto de pensar a fondo sobre cualquier cosa, no digamos ya del propio acto de disentir.
Quien desee profundizar en el tema que hoy nos lleva, haría bien en leer o releer la gran obra del filósofo, “El Ser y el Tiempo” (reconozco que es un libro que a los simples aficionados nos desborda). En el mismo descubrimos, sí, un gran pensador. Pero nos toparemos con párrafos como éste: “Si el Dasein (ser-ahí) existe como estar-en-el-mundo, pero estando con otros, su devenir es un devenir con los otros, y queda determinado como destino común. Con este término designamos el devenir de la comunidad, del pueblo”. La palabra mítica, “pueblo”, “Volk”, la llave maestra para entender cualquier totalitarismo. Y que yo, como he repetido con frecuencia, aún no sé bien que significa.
Pues eso.
Palma. Ca’n Pastilla a 22 de Febrero del 2019
No hay comentarios:
Publicar un comentario