Leyendo a G.E. Moore

Leyendo a G.E. Moore
Ca'n Pastilla 27 Marzo 2016

miércoles, 20 de julio de 2016

ACCIÓN Y ABSOLUTO, EN ARENDT

Los análisis de lo que Hannah Arendt entiende por “acción” – aventurarse en el discurso y en el actuar, en compañía de los que son iguales a uno; comenzar algo nuevo, cuyos resultados no pueden ser conocidos por adelantado; la fundación de un espacio público (“res publica” o república) – desempeñan un papel muy importante en sus escritos políticos. Ninguna de estas acciones puede emprenderse en soledad, sino siempre y solamente, por un grupo de personas en su pluralidad. Pero los pensadores, analistas y tertulianos, quienes en su actividad solitaria, están lejos o ajenos a ese mundo de la praxis, de la actividad política concreta, tienden a considerar al “hombre” en lo singular o, lo que es lo mismo, a los “hombres” como ejemplares de una especie única, y a ignorar o, en el caso de Marx, a malinterpretar la experiencia de la libertad política, que Arendt considera como el mayor potencial de la “acción”.
Pero en el momento concreto de la “acción”, de modo bastante molesto (escribe Arendt en su “Diario filosófico” en Septiembre de 1951) resulta que: En primer lugar lo “absoluto”, aquello que está “por encima de” los sentidos – lo verdadero, lo bueno, lo bello – no es aprehensible, pues nadie sabe concretamente qué es. Sin duda todo el mundo tiene un concepto de ello, pero cada cual se lo representa en concreto, como algo completamente distinto. En tanto que la acción, depende de la pluralidad de los hombres. La primera catástrofe de la filosofía occidental, que en sus pensadores postreros desea en último término, hacerse con el control de la acción, es la exigencia de una unidad que, por principio, resulta imposible, salvo bajo una tiranía. En segundo lugar, que para servir a los fines de la acción, cualquier cosa puede hacer las veces de absoluto, por ejemplo, la raza, la sociedad sin clases… etc. Cualquier cosa es igualmente oportuna, “todo vale”. En tercer lugar, que al aplicar lo absoluto – por ejemplo, la justicia, o lo “ideal” en general (como ocurre en Nietzsche) – a un fin, se hacen posible, ante todo, acciones injustas y bestiales, porque el “ideal”, la justicia misma, ya no existe como criterio, sino que ha devenido un fin alcanzable y producible en el mundo. En otras palabras, la consumación de la filosofía extingue la filosofía, la realización de lo “absoluto” efectivamente elimina lo absoluto del mundo. Y así, finalmente, la aparente realización del hombre, simplemente elimina a los hombres.

Palma. Ca’n Pastilla 14 de Julio del 2016

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